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Reflexiones de Navidad

Por domingo 29 de diciembre de 2013 Sin Comentarios

Por Alberto Ángel “El Cuervo”*

Reflexiones-de-NavidadLos niños se acercaban como si conocieran perfectamente la camioneta… Una verdadera algarabía… Por ambas ventanillas se arremolinaban brincando para alcanzar la ventana estirando sus manitas lo más posible y ganarse alguno de los juguetes, no importaba cuál fuera, el chiste era alcanzar un juguete… Para estos niños, esa es la única posibilidad de recibir un regalo de navidad… Me fui siguiendo la camioneta… Tres, cuatro, cinco esquinas más y los juguetes seguían saliendo por la ventana y los niños de los cruceros distintos continuaban arremolinándose para recibir sus regalos… La mano que salía por la ventana, dejaba ver que había diálogo con ellos… Los niños respondían algo que no alcanzaba a escuchar, pero se podía observar la intención de convencer al Santa Claus de la camioneta plateada… Esas camionetas que se parecen todas unas a otras… Parecía que iba llena de juguetes, porque repartía y repartía sin que se terminaran. La cara de felicidad de los niños verdaderamente ponía un nudo en la garganta. Y es que ¿De qué otra manera sería posible que recibieran un regalo de navidad? Niños que en vez de jugar se juegan la vida sorteando los automóviles para limpiar los vidrios, o trepándose los más pequeños encima de los más grandecitos para que les miren mover el trasero donde previamente pusieron un par de globos que los hagan verse chistosos… El camellón de las distintas calles de la ciudad les sirve de casa, de ropero, de cuarto de juegos y comedor a la hora de sentarse a compartir un par de tortas entre todos los integrantes de la familia… En el camellón, vecindad común para todos los trabajadores callejeros, conviven payasitos, vendedores de chicles y dulces; alegrías, obleas con pepitas de calabaza, agua embotellada garantizada en su pureza, magos y danzantes prehispánicos… Los penachos, los cascabeles de oyamel de otrora orgullosos e importantes artistas de la danza en rituales dedicados a las deidades de la cosmogonía prehispánica, ahora ya no tienen la majestuosidad ni el brillo ni los colores que tenían cuando llegaron los europeos… No, ahora el señorío fue cambiado por el hambre, la intención de halagar a sus dioses fue cambiada por la de buscar ser agradables a los automovilistas que cotidianamente transitan por la que fuera la gran Tenochtitlan para conseguir a cambio unas cuantas monedas y muchos menosprecios y humillaciones… Y es que, tenía razón Octavio Paz… Finalmente los mexicanos, y hablo en general, nos rajamos… Los mexicanos, sucumbimos ante el embate cultural y cada vez es más común que el drama se vuelva folklore… Y ahora, en estas épocas navideñas se palpa más que nunca… El centro histórico de la ciudad, está lleno de chamanes que se gradúan en diez lecciones para saber cómo manejar el incensario y el copal… Dos o tres palabras en Náhuatl y están listos para dejarse crecer una cola de caballo y vestirse con calzón de manta para adivinar el futuro y aconsejar cómo sortear toda la problemática de la época que los mexicanos actuales enfrentamos… “Pero ya escrebí una carta… Pa’l Distrito Federal…” Eso dice la canción… Y la carta nunca llega y si llega es tal vez a las manos equivocadas y aunque llegara a las manos que tienen la posibilidad de apoyar, de corregir, de responder con toda justicia las demandas del pueblo, no pasa nada… En este país no pasa nada… Y así, siguen los camellones siendo casa habitación de danzantes, payasitos y niños que esperan a ese Santa Claus anónimo que cada año llena su camioneta plateada de juguetes y los reparte en distintos puntos de la ciudad… Y ¿de qué sirve…? ¿Se logra cambiar algo con esto…? ¿Si lo supieran nuestros políticos, harían más caso de las justas demandas de los desposeídos…? No lo sé… Quién puede saber si en realidad sirva para lograr mínimamente un cambio, una conciencia… Pero sí sé que pude observar la cara de esos niños llena de ilusión… Juguetes sencillos, muy sencillos, pero que bastaron para motivar en ellos una sonrisa abierta… Por un día en todo el año de estar jugándose la vida sorteando los autos para limpiar vidrios a cambio de un par de monedas, van a jugar verdaderamente… Por un día en todo el año, tendrán la sonrisa a flor de piel porque un juguete nuevo llena sus ilusiones y su alma macerada con sonrisas melancólicas… Por eso, cuando tuve oportunidad de acercarme a aquella camioneta plateada, toqué el claxon y cuando el Santa Claus volvió la mirada a verme, levanté el pulgar y llevé mi mano al corazón haciéndole saber que agradecía su acto, que agradecía que intentara amainar un poco el dolor del pueblo así, anónimamente, sin una bandera partidista ni politiquera… Lo agradezco porque me duele mi pueblo, porque me duele la disparidad y la injusta distribución de todo,todo, todo…

—Es que yo estoy convencido de que el que no tiene para comer es porque no quiere trabajar… Cualquiera tiene la oportunidad de superarse… Pero son flojos, son indolentes…

—¿En verdad piensas eso…?

—¡Claro… Ahí tengo muchos ejemplos de personas que han buscado la oportunidad y se preparan y consiguen becas en escuelas de gran calidad como el ITAM y ahora están en el mundo de los negocios! ¿No estás de acuerdo en ello? Si una persona nada más se está quejando de la vida que le tocó, nunca va a superarse…

—¿En verdad crees que todos tienen la misma oportunidad?

—Sí… Yo he podido salir adelante porque tengo las ganas de hacerlo… El problema es que son indolentes y flojos…

—¿Crees que tienen las mismas oportunidades que tienes tú? ¿crees que tienen acceso a la educación como tú lo tuviste y los contactos que tienes gracias a tu estatus social, gracias a tu familia, a tu padre, a quienes les puedes pedir que te contacten para que consigas que se abran todas las puertas…?

Pero por más que intente crearse conciencia, siempre terminan por decir casi casi los desposeídos tienen ese destino porque les gusta… Y así, las miserables navidades que tienen es porque no les interesa tener otra cosa… Eso piensan… Tristemente eso piensan… Y si me volviera Santa Claus yo también… Y si cada año llenara mi camioneta de juguetes para repartir entre los niños del camellón… ¿serviría de algo…? ¿estaría remediando algo? ¿estaría verdaderamente realizando algo positivo que luche contra la disparidad y la injusticia…? No lo sé… Pero sí sé que las caras de esos niños del camellón se iluminaron, se llenaron de esperanza, de amor, de sueños infantiles como un alto en su camino de arduo y difícil trabajo de payasitos, de equilibristas, malabaristas y limpia parabrisas… Navidad… Natividad… El nacimiento de Jesús de Nazareth… Pero más allá de eso son fechas que simbolizan paz, que supuestamente conllevan el reconciliarse, el que el amor florezca entre todos con un sentimiento de hermandad, de igualdad… Pero ¿cuál igualdad…? Es asombroso cómo se acercan a los templos de los barrios ricos, templos lujosos, limpios, donde la auto llamada gente bonita, puede celebrar la igualdad porque “todos son iguales pero hay unos más iguales que otros…” y la realidad es que la frase “amaos los unos a los otros” predicada por Jesús de Nazareth y de donde parten miles de preceptos del espíritu navideño, no son más que frases vacías que solamente sirven para darse golpes de pecho y expiar culpas sin mezclarse con aquellos que son menos iguales que los iguales poderosos… Pero ¿Dónde nace esta tradición católica y de algunas otras religiones cristianas que se convirtió en un símbolo universal de paz? Los datos más antiguos que hacen referencia a este festejo, los encontramos en la célebre Alejandría. Fue en el año 200 de nuestra era, cuando Clemente o San Clemente de Alejandría, dijo que habría que celebrar el natalicio de Jesús. Pero dicho festejo era llevado a cabo el 20 de mayo. Ahora bien, la iglesia siempre ha manejado las fechas diversas para sus celebraciones de una manera muy conveniente hasta llegar a un sincretismo benéfico para sus fines proselitistas y así lograr que los considerados paganos de todos los lugares del orbe llámense romanos, mexicas, nativos africanos etc., se conviertan al catolicismo sin abandonar sus corrientes. Así, se adaptó el nacimiento de Jesús a la fecha de celebraciones distintas como el solsticio de invierno el 25 de diciembre cuando los romanos celebraban la fiesta del sol invictus… Las fiestas en honor de Saturno en el imperio romano, llegaban a su culminación el día 25 de diciembre y al observarlo, se acomodaron las celebraciones católicas para ganar adeptos de los que eran considerados paganos. Los germanos y escandinavos, celebraban el 26 de diciembre el nacimiento de Frey, Dios nórdico del sol naciente, la lluvia y la fertilidad. Los pueblos prehispánicos, especialmente los mexicas, celebraban las fiestas en honor a Huitzilopochtli, Dios del sol y de la guerra en el mes Panquetzaliztli, que equivale en el calendario que nos rige al periodo comprendido entre el 7 y el 26 de diciembre. De ahí, surge ese sincretismo y las afamadas fiestas del México mestizo, únicas en el mundo dado su origen bicultural: Las Posadas. En estas fiestas navideñas, los villancicos son parte relevante y la manifestación mestiza en este sentido está siempre presente: “Chilpayatito Dios… Tunita fresca… Capullito de algodón, México está de fiesta…” Lo cierto es que en estas fechas, un sentimiento extraño invade a todos… La familia mexicana se reúne y en algunas casas, continúa escuchándose la grabación inolvidable de Manuel Bernal, el declamador de América con su brindis del bohemio… “por mi madre, bohemios, por ella brindo yo…” Que el año próximo les traiga la realización de todos sus sueños.

Meditando acerca de tomar la decisión de llenar la camioneta de juguetes la próxima navidad y llevar una sonrisa a la cara de los niños del camellón…

*Cantante, compositor y escritor.

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