Nacional

El mundo ya no es digno de la palabra

Por domingo 20 de octubre de 2013 Sin Comentarios

Por Víctor Roura*

Tres años antes de la aparición del libro Permanencia en los puertos, de Javier Sicilia (Ciudad de México, 1956), volumen que anunciara –según consta en los archivos de la Editorial Era– “la extraña presencia de un joven poeta católico en medio de una poesía mexicana dominada por los herederos de la vanguardia”, el jalisciense Ricardo Yáñez (1948) ya había publicado, en la Universidad de Guadalajara, Divertimentos Escritura Sumaria, donde recurre constantemente a Dios:

Este baño es mi castillo,
y estos orines mis ríos,
y esta flor,
esta flor
eres
tú,
Señor.

Después Ricardo Yáñez andaría otros caminos (los encuentros amorosos y la búsqueda de sí: “Canciones en melancólico inglés / acompañadas con mariachi / escuchas. / Has estado en reposo mucho tiempo, / has entendido al fin lo que es la vida, / preparación para la muerte / que es –o debe ser– la vida. / Fragmentario es tu amor, criticables / tus modos de acercarte / a la eterna sorpresa de lo real. / En ningún cumpleaños, ahora lo sabes, / nadie podrá nunca regalarte / el estar de tu corazón consigo mismo”, dice en el libro Dejar de ser, que Era le editó en 1994), pero su comienzo poético no fue, en ningún aspecto, abstracto:

Mientras la muerte nos pudre beso a beso,
nosotros pensamos en manzanos y pájaros.
Mientras la muerte nos pudre beso a beso,
nosotros pensamos en ríos y patos.
Mientras la muerte nos pudre beso a beso,
nosotros pensamos en ciudades y en amadas.
Mientras la muerte nos pudre beso a beso,
nosotros pensamos en atrios y en nogales.
Mientras la muerte nos pudre beso a beso,
nosotros pensamos en submarinos.
Mientras la muerte nos pudre beso a beso,
nosotros, a veces, pensamos en nosotros, en la muerte, en dios.

Pero ni Ricardo Yáñez ni Javier Sicilia (y he allí los desalientos, o las desilusiones, o los desencantos, o las contrariedades de una antología, cuando se toman como tales, es decir cuando quieren ser, de veras, un muestrario completo de lo que se está hablando) aparecen en en Deíctico de poesía religiosa mexicana (Lumen, 2003), mada menos que de don Raymundo Ramos (Piedras Negras, Coahuila, 1934), quien incluye casi doscientos poemas seleccionando, entre otros, a Bernardo de Balbuena, José Agustín de Castro, Antonio Plaza, Manuel M. Flores, Manuel Caballero, Francisco González León, Manuel Ponce, Gabriel Méndez Plancarte, Joaquín Antonio Peñalosa y Jesús Arellano, pero no al poeta contemporáneo con mayor inclinación hacia Dios: Sicilia. ¿Por qué? Porque siempre en una antología se recurre, necesariamente, o a la arbitrariedad personal o al desconocimiento del paisaje entero: el antólogo no puede, o no quiere, leer todos los libros que circulan en el mercado. Y cuando el volumen de don Raymundo Ramos salió, ya tenía más de veinte años en circulación el primer libro de Sicilia.

Al fondo de la casa
en la luz que reposa en los armarios
el silencio relumbra
sobre los blancos pisos
vacío en el perchero
el traje del amado
duerme el sueño de la carne
el cirio está encendido
tras la ventana abierta
encima de los techos
las bóvedas se ahuecan
los firmamentos bogan
y el viento sopla leve
agitando la prenda.

En 2009 obtuvo con su Tríptico del desierto (Editorial Era, 2009) el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes.

En las urnas de arena
desnudo en la mañana
desnudo por la noche
habita el cuerpo de la Resurrección
bóvedas de cielo y suelo de tierra
el tiempo fluye en la creciente
ya cicatrizado
la noche descorre sus velos
el cosmos continúa
los vestidos caen
y los miembros a salvo en sus urnas de arena
aguardan como puntos luminosos en medio del silencio.

En 2011 Javier Sicilia renunció a la poesía, luego de escribir la última (“Ya no hay más que decir / el mundo ya no es digno de la Palabra / nos la ahogaron adentro / como te asfixiaron / como te desgarraron a ti los pulmones / y el dolor no se me aparta”), en el momento en que fue enterado del asesinato de su hijo Juan Francisco en Morelos –a finales de marzo de 2011– debido a la infructuosa, inútil, debilitada, absurda guerra contra el narcotráfico que emprendió Felipe Calderón durante su mandato presidencial (2006-2012).

*Periodista y editor cultural.

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