Nacional

El desafío del niño

Por domingo 13 de octubre de 2013 Sin Comentarios

Por Verónica Hernández Jacobo*

El-Desafio-del-NiñoEl niño y la niña desafían porque existe un padre caído en desgracia, es decir, un padre disminuido que no sabe poner la ley, ni límites, es un padre desbordado en su función, ese padre que no impone la ley y que lanza al hijo a un déjalo ser. Esto implica que nuestra sociedad es más permisiva bajo la enmienda sadiana, todo el placer es suyo, déjalo ser, es sin querer queriendo adentrarse al postulado del Marqués de Sade, bajo la impronta “al niño lo que pida”, “no le pongamos límites”, “que va a querer el rey de la casa”, “que se le ofrece a la princesa de papá”, sucumbimos a nuestros hijos en el nombre de un descolorido reinado.

Y si, nuestros hijos merecen todo nuestro amor y cariño, pero a condición de imponer la ley, los límites, sólo desde ahí los sacaremos del principio del placer, para convertirlos en hijos e hijas de la ley. ¿Qué pasa cuando un padre se encuentra disminuido?, no es garante de la ley, su autoridad es menoscabada, si por el niño fuera, se comiera todo el pastel de chocobombón, o miraría la TV todo el tiempo, o bien jugara Xbox toda su vida, quien regula el placer estimados señores y señoras es la ley, encarnada en el Nombre del padre, de tal modo que si un padre no supo imponer su ley, si no se ganó la ley con su función, se pierde la paternidad, el estará presente pero como un testigo incomodo, donde el hijo lo rebasa desde su principio del placer.

A eso le llamamos padre caído, un padre en desgracia, el hijo por lo tanto siempre se saldrá con la suya, el padre es manipulado como un títere y más aún, si la madre se confabula con el hijo para disminuir la autoridad del padre, con expresiones como “donde estará este hombre irresponsable”, “con quién andará?, “aquí nos tiene abandonados, no cuida a sus hijos por andar de…”, ante estos comentarios una madre anula al padre frente a sus hijos e hijas, lo pone en falta, es un padre simplificado, ninguneado, eso mata al padre simbólicamente, y asesina su autoridad, en ese momento la familia entra en crisis.

Y no es que se tenga que justificar lo que el padre haga, sino que los problemas se discutan entre padre y madre sin poner como árbitro a los hijos, sin usarlos, el padre es una insignia que no debe ser sobrevalorada, como es hoy en día, matar al padre, para hacer estallar la familia, y que entonces el discurso religioso y psicológico vengan al rescate de eso familiar maltratado con terapias que cobran demasiado, y además son ellas las encargadas de seguir asesinando a la familia, para cobrar posteriormente por su integración sobre todo las de corte humanista.

Cierto discurso psicológico ha matado al padre con su filosofía “déjalo ser, no le pongas límites, si lo regañas lo traumas”, esto y otras tantas diatribas se han dicho en el nombre de un hedonismo humanista que se niega a privar y castrar al niño, es decir se niega a reconducirlo por los senderos de la ley, y eso como consecuencia acarrea el poco respeto por lo familiar, la desvaloración del Nombre del Padre, y consecuentemente los lazos rotos, es hora de rescatar la familia del discurso salutogénico holístico, devolviendo a la familia su lugar dentro de la ley y de la operatividad de los límites, eso será la función de la ley subjetiva, para mantener cierta coherencia en lo que hemos decidido llamar civilización.

*Psicologa, invstigadota, maestra.

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