Nacional

40 Años Después

Por domingo 22 de septiembre de 2013 Sin Comentarios

Por Víctor Roura*

40-Años-Despues1Cuando me muera van a publicar hasta mis calcetines”, dijo Pablo Neruda (1904-1973). Y así es: los documentadores parecen no quererlo dejar en paz. En este año, por ejemplo, exhumaron su cuerpo para averiguar los “verdaderos” motivos de su muerte, que no fue por causas naturales, se dice ahora, sino por asesinato de la dictadura emprendida por Augusto Pinochet. Y Víctor Farías, en el prólogo al libro Cuadernos de Temuco (Seix Barral, 1996), lo confirma: “Los calcetines de Neruda incluso, y en cualquier caso, valen al menos tanto como los de las Odas Elementales, los calcetines de lana que Maru Mori le trajo en el invierno”.

A 40 años de su fallecimiento, ocurrido el 23 de septiembre de 1973, justo en los momentos en que los militares mataban a diestra y siniestra a todos aquellos chilenos que pensaran diferente a ellos, Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto (un nombre ciertamente no poético), Pablo Neruda para los mortales, sigue siendo recordado como un noble poeta, sobre todo el amoroso, no el político. A 23 años de su muerte salió al mercado su último libro, supuestamente, con una recopilación de casi dos centenares de poemas (el referido líneas arriba Cuadernos de Temuco) que se habían quedado sin publicar por la legítima decisión de Neruda, quien los escribiera a la edad adolescente de los 15 años.

Por algo, el poeta prefirió guardar estos textos en manos de su familia, concretamente de su hermana Laura. A los 15 años apenas se percibía al monumental escritor que después se concibió. ¿Por qué, pues, dar a conocer algo que el propio poeta se negó a dar a luz? “El descubrimiento de los escritos juveniles de un gran escritor –se exculpa Farías en la introducción– es un acontecimiento de importancia multifacética. Ante todo porque esos textos que el autor por lo general no llegó a publicar, o no quiso hacerlo, encierran, cifrado, mucho del misterio inicial y personal que más tarde va a expandirse en la obra consagrada. Así, las páginas re-descubiertas tienen la insustituible función de explicar mejor la madurez, a partir de su origen. Y ello no sólo para los científicos de la literatura, sino, ante todo, para el buen lector, el verdadero referente de todo autor”.

Ojos que me miran continuadamente
con una mirada de envenenamiento,
que besan la helada carne de mi frente
y que me persiguen con enconamiento.
En todas las horas, en todos los días
y en todas las noches sordas y calladas
vienen lentamente las pupilas frías
como un llamamiento de la eterna Nada.
Son los ojos verdes del Dios del Abismo
y los llevo dentro, dentro de mí mismo
entre las cenizas de sueños de ayer.
Ojos que me alumbran con su satanismo,
ojos del demonio que en mis espejismos
tienen el enigma de ojos de mujer…

40-Años-Despues2¿Qué ganamos, qué gana el lector acucioso de Neruda, con leer, por ejemplo, el poema anterior? ¿Completa la obra del escritor o la disminuye? Razón tenía Neruda cuando decía que, ya muerto, hasta sus calcetines iban a publicar. Y no faltan quienes, empecinados, se crean realmente que publicar los calcetines de un célebre poeta tenga un significado mayúsculo.

Farías dice en el prólogo. “La poesía de Neruda, su vida y pensamiento más profundo tienen precisamente esa estructura circular de compleja búsqueda de lo más decididamente afirmativo y humanizador. En ello radica su perenne importancia para nosotros todos y la relevancia de su inicio. Por tratarse de un proceso en que se alcanza la grandeza en la creciente simplificación, en la recuperación de la primera experiencia transparente y fresca, esa obra suya tiene su fundamento objetivo en la creación inicial. Paradojalmente dicho: las páginas primeras no alcanzan la altura de las posteriores sólo porque son su condición necesaria”.

Si el propio compilador reconoce que sus textos primeros no tienen la altura posterior, ¿para qué esa vana persistencia de la publicación?

Beber el agua de la hora cruel
ir en la sumisión de los senderos
tras de los sacrilegios del dolor.
Y nada más. Adentro del abismo
hundirse, hundirse, hundirse lentamente
horadando el tejido de la carne.
(Yo no la pude ver
adentro de mi vida,
rodaron los crepúsculos enormes
en una ligazón de juramentos).
Y en las complejidades del espíritu,
hubo sol fuerte, suave y armonioso
que rodaba y rodaba.
(… Ir en la sumisión de los senderos
y no poderla ver tras de aquel prisma obscuro 
obscuro…)

Aquel “nosotros” me quedó clavado hondo y eternamente obscuro.

Es, por supuesto, de admirarse que Pablo Neruda ya a su corta edad pudiera expresarse como lo hacía, ¿pero es válido que los escritos que fueron ensayos para la obra madura, como sus portentosos veinte poemas de amor con aquella canción desesperada, sean descobijados cuando ni el mismo autor lo hizo?

Y luego, y luego, viene el poeta indiscutiblemente admirado, el que escribiera el duodécimo poema de sus cantos amorosos:

Para mi corazón basta tu pecho,
para mi libertad bastan mis alas.
Desde mi boca llegará hasta el cielo
lo que estaba dormido sobre tu alma.

O el poema más difundido, el número 15, de corte fino:

Me gustas cuando callas porque cestás como ausente
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.

Poemas, esta veintena, que lo condujeron a la gloria del Nobel en 1971, dos años antes de ser desaparecido por la junta militar de su país, que no gustaba, entonces, de la literatura.

¿Pero qué dictadura, finalmente, gusta de los poemas que no la ensalcen?

*Periodista y editor cultural.

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