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Infancias: familias y lazos culturales

Por domingo 7 de julio de 2013 Sin Comentarios

Por Verónica Hernández Jacobo*

Infancias

Como investigadora en el campo de la infancia, me exijo una demanda, cómo se inscribe el orden familiar en lo inconsciente de cada infans, y su implicación en los procesos de desarrollo no sólo cognitivo sino afectivo, si partimos del supuesto psicoanalítico de que el niño es el síntoma de sus padres, tal como Lacan lo ubicaba en el Analiticon, habría que analizar el despliegue de estas improntas familiares en la construcción psíquica del infante y a su vez en los procesos de culturización.

Transitar por el Edipo desde la infancia, implica que el niño despliegue las modalidades de la ley que el padre instala al hacerlo garante de la prohibición, es decir que el Edipo vehiculiza la prohibición que abre las posibilidades para que todos los niños sean regulados por las normas, y que sepa que no todo le está permitido, esto es el Edipo toda otra distorsión en el nombre del psicoanálisis seria discutible.

Lo inconsciente familiar que se instala en lo infantil se realiza a modo de un lazo, sinthome para ser más preciso, donde el goce se asoma con las modalidades sintomáticas que este lazo de lo familiar sostiene y todas sus variantes de goce, entendiendo por goce una construcción cultural de la cual el psicoanálisis se apropia para hablar de un más allá del principio del placer, donde el goce instala lo que comúnmente conocemos como síntoma, síntomas en la infancia.

Frente al vaciamiento de la ley, el niño pone el cuerpo como una forma de expiación, ya que según las enseñanzas modernas al niño todo se le permite sin reprimirlo para no traumarlo o enfermarlo, pero al contrario no aplicar la ley sería dejar al niño desbordado por el goce, que también nombramos como angustia, permitir al niño todo, es negar el Edipo, ya que la dimensión edipica instala vía el padre la ley de prohibición, como al niño se le permite todo, entonces se produce una fractura de la ley, frente a la ausencia de autoridad, un infans desmedido, que cree merecer todo a eso le llamo Freud su majestad él bebe.

El cuerpo del niño como la de todo el mundo está afectado por el inconsciente, de ahí que cualquier malestar psíquico del niño y niña tendrán que buscarse en esa relación edipica y la construcción de la ley del Nombre del Padre, y cómo esta se instaló a nivel simbólico, imaginario y real, por lo que hay de angustia como exceso en ellos, de tal suerte que todo mundo está afectado de inconsciente lo acepte o no el sujeto, de esa relación con el inconsciente el sinthome hace su agosto instalando un lazo que como suplencia se juega.

De este modo el cuerpo de los niños, es muy susceptible a lo inconsciente y antes de ir corriendo a un diagnóstico cuando no se trata de una emergencia, es necesario observar el medio, el entorno, etnográficamente hablando, instalándose el sujeto en primera persona del singular para entrever como se juega la estructura familiar y las implicaciones que de ellas derivan en la instalación de la singularidad de eso infantil que llama a nuestras puertas con sus síntomas.

*Psicóloga, maestra en ciencias de la educación, investigadora
y profesora de la Facultad de Psicología,UAS.

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