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Política Moral III/III

Por domingo 19 de mayo de 2013 Sin Comentarios

Por Iván Escoto Mora*

La política es acción de cara a lo público, se refiere a la participación de los individuos sociales, es decir, asumidos como parte de un bloque constructor de la vida común. La moral implica acción, pero en este caso, es una acción individual frente al orden social, se trata del individuo actuando personalmente dentro de relaciones que lo vinculan a otros individuos.

Politica-Moral

En la política, el individuo, constituído como parte del conglomerado social, es el orden que se erige en determinante de la vida en común, con ello, ejerce en comunidad el poder social. Una moral política se refiere a la conciencia del individuo-social respecto de su deber de participación colectiva.

En consecuencia, “moral sin política” es acción que no participa, aquí el individuo, que actúa dentro de la sociedad, se vincula con los otros pero decide no colaborar en la construcción de lo colectivo, está en sociedad pero no vive en sociedad, se relaciona con los individuos pero decide no sumarse a la integración del espacio social. Hablar de moral sin política implicaría concebir una acción ajena de la conciencia colectiva y del elemento societario de lo moral.

Siguiendo al Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, “moral” por su raíz etimológica latina proviene de la palabra mos que significa costumbre, pauta, manera de comportarse.

A lo largo del tiempo, la sociedad va desarrollando una serie de pautas de conducta que luego son reconocidas como “el orden moral”, es decir, la manera en que debe actuarse dentro de la escena común. Puede decidirse no participar en la vida pública de la sociedad, o sea en política, bajo el argumento de que la vida individual, regulada moralmente, es ajena de la política pero, qué sucede cuando las decisiones políticas se contraponen al orden moral, qué acontece cuando el orden de Estado impone lineamientos contrarios a la costumbre que por generaciones ha respondido a lo necesario dentro de la vida común. Entonces surge el quiebre. La moral es “a-política” sólo hasta que la política se contrapone con la moral, cuando la política afecta el orden de lo moral en la esfera de lo individual e inmediato, la participación deja de ser una opción y entonces sí, se vuelve una exigencia en defensa de la costumbre atropellada. La consciencia moral del deber político se hace evidente frente a la pérdida del statuo quo.

Una política sin moral implica ejercer el poder en contraposición de la costumbre social, lo cual no es otra cosa sino apuntalar el poder sobre engaños ajenos al fin de lo de lo universalmente necesario. Política sin moral es impostura, es dominación, violencia sosteniendo a las palabras tras puños cerrados y prisiones desbordadas.

Política sin moral es impostura, moral sin política es indiferencia. En ambos casos puede hablarse de ruptura con el orden social, con el equilibrio que hace posible la coexistencia, es decir, la existencia del hombre como parte de un tejido de relaciones extensivas que van de los micro-sistemas a los macro-sistemas, unos y otros vinculados, unos y otros interdependientes, necesarios en su singularidad y en su participación integradora de la totalidad.

Moral y política son elementos convergentes, su punto de coincidencia es lo humano en un doble aspecto: lo individual y lo societario, dos rostros de un mismo ser, dos brazos de un mismo cuerpo.

Tal vez es cierto afirmar que: “a todo hombre le toca vivir tiempos difíciles”, la frase resulta justa si se piensa que todos los tiempos guardan una complejidad particular, la historia de la humanidad puede fácilmente contarse a través de sus guerras. La intermitencia bélica es cada vez menor, pareciera que no pasa un día sin que estallen bombas en algún rincón del mundo. En este plano, tendría especial relevancia reconsiderar el concepto y alcances de una política moral capaz de entender la relación universal de todos los hombres y todos los pueblos en el contexto de lo esencialmente humano. Sería deseable una política moral consciente de la necesidad de conservar la vida en el terreno de lo universalmente humano.

La política moral debe ser entendida como la inclusión del hombre dentro de un mundo en que las decisiones ya no pueden estimarse aisladas de la integración. Las consecuencias de lo que se hace o deja de hacer en el acontecer individual, más tarde o más temprano, alcanzan a la suma total del “sistema-mundo” y viceversa.

¿Cómo actuar moralmente?, ¿Cómo mantener el balance entre lo social y lo individual? En la difícil tarea de la preservación de equilibrios, la política tendría que aparecer como un elemento conciliador ocupado por adicionar perspectivas a las decisiones y acciones del acontecer colectivo y no simplemente constituirse como un instrumento para la concentración del poder.

*Abogado y filósofo/UNAM

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