Nacional

La Samba Chilena De Agustín Ramírez

Por domingo 5 de mayo de 2013 Sin Comentarios

Por Faustino López Osuna*

La-Samba-ChilenaEn Sofía, Bulgaria, el gobierno búlgaro tiene asignado un edificio de cinco pisos a las federaciones de estudiantes de los cinco continentes en ese país balcánico, para sus eventos sociales y, en ocasiones, culturales. La Federación de Estudiantes Latino Americanos en Bulgaria, FELAB, tiene el propio. Ahí los estudiantes de todos nuestros países concentran sus libros, escasos, por cierto; sus discos, más abundantes; sus banderas o banderines nacionales y carteles o fotografías con paisajes de sus ciudades. Varios fines de semana (de los distantes 1967-1969) escuché la música vernácula de Ecuador o Paraguay, por ejemplo, que nunca llegaba a México por las políticas arancelarias proteccionistas de cada país, que no lo permitían. Allá oí un disco formidable de Marco Antonio Muñiz acompañado por una Orquesta Sinfónica de Caracas, interpretando bellísimos valses venezolanos, con la leyenda en la carátula: RCA Venezolana para su venta exclusiva en Venezuela.

Así que mucho antes del boom del folklorismo latinoamericano en México provocado con el exilio de los perseguidos políticos suramericanos, mi sensibilidad musical se enriqueció, definitivamente, en la lejana tierra del yogurt, puerta de entrada de Asia Menor a Europa. Me compenetré de todos los ritmos europeos enriquecidos por los ritmos prehispánicos que dieron paso, igual que en nuestra nación, a los ritmos actuales en su canto popular, como la cumbia con su origen criollo del ballenato, o el mismo tango, con su raíz arrabalera convertida en arrebato, como el lunfardo, que, en el habla, es la jerga de la delincuencia de Buenos Aires, aporte argentino al español, pese a su europeísmo.

Así tuve contacto, con el mismo poder de un emotivo descubrimiento, de autores deslumbrantes, como Violeta Parra, con grabaciones en Alemania y Atahualpa Yupanqui, con grabaciones en Francia. De todos los abundantes ritmos, el que me atrapó, por su elegancia y fina síncopa (que en música es la nota emitida en un tiempo débil y continuada en uno fuerte), fue la samba chilena, que no la alegre de Brasil, que el Larousse define como “música y baile brasileños”, sino, valga la analogía, el de uno parecido al del corazón en síncope, que es una detención poco duradera del funcionamiento del corazón. Muy sentimental, pues, con un compás de seis por ocho, más emparentado con el huapango que con el son, por su cadencia. Esta samba es el ritmo más parecido a nuestra danza mexicana. No hay ni una sola danza alegre. Todas son tristes, nostálgicas o melancólicas. Atahualpa utiliza la samba en El arriero (1944), Los ejes de mi carreta (1955), La canción de los horneros (1956), El árbol que tú olvidaste (1966), Quiero ser luz (1966), La tristecita (1962), Lloran las ramas del viento (1955) y un inmenso etcétera, preferentemente en mi bemol.

Así como el bambuco llegó de Colombia a principios del siglo pasado y lo utilizaron los más grandes autores yucatecos, como Guty Cárdenas, Ricardo Palmerín Pavía y otros, a México llegó la samba de Chile, tal vez con algún grupo de cantores en un barco chileno que atracó en Acapulco y el compositor que más se inspiró con ella fue el guerrerense Agustín Ramírez, más conocido por sus canciones vernáculas como Acapulqueña, La Sanmarqueña, Por los caminos del sur, Corrido de Simón Blanco y una hermosísima acuarela musical: Linaloe, cuya letra dice: “Son de mi tierra caliente/ que se baila en Tepehuala/ y que lo baila la gente/ desde el Balsas hasta Iguala./ Chilpancingueña bonita,/ igualteca soñadora,/ de Guerrero eres la flor/ y de mi vida eres la aurora./ Baila la samba chilena,/ baila con garbo y derroche,/ que está bonita la noche/ con su luz de luna llena.”

A modo de documentación para melómanos irredentos, además de sus bellas canciones a su patria chica, habría que agregar que Agustín Ramírez fue tío del escritor José Agustín.

Como los yucatecos al bambuco, en Argentina adoptaron como propia la samba, además de Yupanqui, Romildo Rossi, Pablo del Cerro, Ernesto Grenet, Francisco y Julián Díaz y muchos otros inspirados compositores de la tierra de Domingo Faustino Sarmiento, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar y Jorge Mario Bergoglio.

Así como fueron de Roma a buscar al nuevo Papa hasta el fin del mundo, por lo de la Patagonia, hace 46 años yo hice lo mismo a la inversa, hasta los Balcanes, donde abrevé del canto formidable de grupos latinoamericanos de su tiempo, argentinos y chilenos, como Los Fronterizos y, sobre todo, Los Chalchaleros, escuchables aún hoy gracias a las grabaciones que los sobreviven.

*Economista y compositor.

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