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Tiempo de Cosechar

Por domingo 17 de marzo de 2013 Sin Comentarios

Por Jaime Irizar López*

Tiempo-De-CosecharTengo por cierto que en esta vida todas las cosas tienen su tiempo y su lugar. “Hay tiempo para tirar los cuetes y tiempo para recoger las varas”, traigo esta frase a colación para hacer referencia a otro de los personajes icónicos de mi tierra, no sin antes recordarles que los estudiosos de los liderazgos en el mundo, coinciden en señalar que las características más comunes del perfil de los grandes líderes y de los triunfadores, incluye entre muchas otras cosas, grandes dosis de optimismo, fe, esperanza transformadora, capacidad para animar y motivar, carisma, voluntad, pero sobre todo un entusiasmo contagiante.

Este último elemento, a quienes muchos definen como el signo universal de la alegría; es una gracia que por sí misma puede ser fuente inagotable de felicidad, y que me ayuda a definir a ese hombre tan folclórico, que en el marco de las fiestas carnestolendas de Guamúchil, el apoyo al ciclismo, box y futbol, la convivencia social, la actividad empresarial y la agrícola, ha construido todo un conjunto de logros personales, en los cuales ha sabido cabalgar y le han servido para reforzar su autoestima y traducir la misma en acciones llenas de afectos y sonrisas.

Una persona entusiasta para todo y con todos diría yo. Para dimensionar su entusiasmo extraordinario, estoy casi seguro, lo digo en tono chusco, que en virtud de tener una familia conformada sólo por varones, ha de alzar los brazos al cielo en señal de triunfo importante, hasta cuando le atina a la taza del baño a la hora de orinar; hazaña que de seguro comparte gustoso con su esposa Indeliza quien le ha ayudado y apoyado en todo para poder consolidar una familia, que dentro de un marco de respeto y admiración hacia su figura y liderazgo, sus hijos han aprendido la lección y se distinguen igualmente allá en mi tierra, por ser depositarios de una gran vocación de servicio, misma que es herencia ejemplar del horcón del medio.

Ciriaco Vargas es su nombre, de cuna humilde; cuisuqui, y travieso como ningún otro en su infancia y pubertad; agudo y bromista a mas no poder en su adolescencia; de preclara inteligencia natural y precoz; ingenioso en sus juicios y bromas, pero con una extraordinaria habilidad para las relaciones humanas, de tal suerte que gracias a ello consiguió el cariño, para esposarse con ella, de la persona que más lo repudiaba en la escuela secundaria (cosas del amor). “Y si así, cayéndole “gordo” le hice cinco plebes repite con carcajadas de por medio cuando cuenta la anécdota personal, cuantos hijos tuviéramos si yo le hubiera caído bien”.

En otro orden de ideas y sin el ánimo de restar créditos a nadie, es muy difícil concebir la mas grande de las fiestas de mi pueblo (el carnaval de Guamuchil), sin la entusiasta participación de este personaje tan singular que logró encabezar en varias ocasiones el patronato que organiza dicha fiesta popular, en la que durante su gestión y organización, le dio cuerpo, figura, tamaño y trascendencia, otorgándole honestamente, la mayor de la luces a este evento festivo que se encarnó, bajo su influencia, en el corazón alegre de todos los alvaradenses.

Al carnaval lo fue transformando en alegría para la familia y en un símbolo de la unidad social. La herencia festiva que recogió de los integrantes del club “el costal” y de los demás clubes de servicio de la localidad, le sirvió de base para ir convirtiendo dicha fiesta, mediante una gran participación popular bajo su liderazgo, en uno de los eventos que mas claramente ha definido la nueva conciencia social del Guamuchil actual.

Ciriaco es un amigo de todos y sabe serlo sin regateos; su espontánea y franca vocación de servicio ha sabido despertar simpatías y consideraciones especiales. Su singular carisma, generó y desencadenó los apoyos y respaldos de todo un pueblo para fortalecer la fiesta orgullo del mismo, y contagió con la entrega y el entusiasmo mostrado en toda sus acciones personales, a los presidentes municipales, gobernadores, senadores y diputados de su tiempo, quienes aún lo recuerdan en su extraordinario desempeño y lo distinguen, hoy por hoy, con su reconocimiento, amistad y afecto. Es hombre que ve obsesivamente en la familia su razón de ser; que sabe enfrentar situaciones difíciles y salir airoso. Nada realiza sin encomendarse antes a dios. Confiando sólo en él y en la ayuda de sus amigos, trajo a nuestro carnaval a la Banda del Recodo y a la recién desaparecida Jenny Rivera a quien le cayó en gracia observar su interés genuino y comprometido con la fiesta, su trato cortés y la simpatía que lo distingue, de tal suerte que logró sentarla en la mesa de su casa a compartir el desayuno que a diario acostumbra gozar con su esposa e hijos. Hombre sencillo y filantrópico, que cuando se requiere sabe pedir perdón con humildad, y que gusta de la autocrítica. Cuenta de manera graciosa que el duró 5 años en quinto de primaria por que se enamoró de la seño “tachita”, y que después no quiso pasar a sexto porque un alumno de ese grado lo amenazó con pegarle, pero que aún así, con esas complejidades, terminó victorioso los estudios equivalentes a la prepa en aquella academia tan llena de amores, recuerdos y nostalgias.

Señalé al inicio de este artículo que para todas las cosas hay un tiempo y un lugar, y en efecto, según mi opinión personal, ésta es una frase popular que refleja una gran verdad y que aplica con propiedad a este relato y al personaje en cuestión.

Ciriaco Vargas en su faceta de agricultor ha sembrado semillas de todo tipo en sus tierras de temporal, de manera especial se inclina por el garbanzo, el cual es el grano que distingue y enorgullece la región del Évora; pero tengo por cierto, que la mayor parte de su vida se ha dedicado a sembrar corazones en su pueblo, de tal manera que hoy le toca cosechar en demasía, afectos, reconocimientos, pero sobre todo múltiples amistades.

Por último cito una frase que le escuché decir a su hijo mayor en una reunión de amigos frente a una taza de café: “al margen de toda consideración de sangre y afecto, es un gran padre el viejón”, en una clara definición de cariño, respeto y admiración para Ciriaco, y eso es, sin duda alguna, el mayor de los logros al que un hombre puede aspirar.

El reconocimiento sincero de los hijos, no da dinero, ni enciende reflectores, pero si brinda paz y tranquilidad al final del camino.

*Doctor y escritor.

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