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Nayar Montero Bañuelos

Por domingo 16 de diciembre de 2012 Un comentario

Por Teodoso Navidad Salazar*

NayarFormado en el seno de una familia de educadores, Nayar Montero Bañuelos fue sin duda el prototipo del ser humano preocupado por los valores universales, heredados de los maestros Gonzalo Montero Carrillo, su padre, y Refugio Bañuelos Quezada, su señora madre.

Su nacimiento tuvo lugar en Estación Verdura (hoy León Fonseca), municipio de Guasave, el 25 de marzo de 1948. Desde su primera juventud se inclinó por la docencia, entendiendo que históricamente educar es tarea noble, pero además, necesaria en el desarrollo de la humanidad. Convencido de ello, pugnó siempre por un estado laico, que permitiera el desarrollo integral del individuo, lejos del fanatismo y la superstición.

Se afilió a la masonería dentro del Rito Escocés, ocupando desde el más modesto puesto en la Logia, que es el de Guarda templo, hasta llegar alcanzar la presidencia de la Confederación de Grandes Logias Regulares de México, aprovechando esta tribuna para pronunciarse por una verdadera educación laica, como único medio para fomentar en la juventud el amor por México y con capacidad de participación en las grandes transformaciones que la patria reclama.

Nayar Montero Bañuelos fue ser humano de excepción, cumplió a cabalidad la misión encomendada en el campo de la enseñanza. Entendió que educar es tarea del más alto nivel y cumplió con creces. Laboró en el sistema educativo básico desde 1965, fecha en la que egresó de la Escuela Normal de Sinaloa; dirigió un colegio privado (19 92-94) y fundó y dirigió el suyo, en 1995. Impartió cátedra en la Universidad Autónoma de Sinaloa, de donde había egresado en 1974, de la carrera de Ingeniería Civil, y donde además, en 1987, estudió la maestría en Administración, distinguiéndose como el alumno de excelencia con el mayor promedio de su generación; también fue calificado como un buen físico y matemático.

El Instituto Tecnológico de Culiacán le abrió sus puertas en 1974, y allí no solo impartió cátedra, sino que tuvo talento para ocupar responsabilidades administrativas y la Sub-dirección del propio Instituto, en el periodo 1988-1991.

Hombres y mujeres que fueron sus alumnos en diferentes niveles educativos en nuestra entidad, le recuerdan como hombre formal, de trato respetuoso, voz pausada pero seguro de sí, dispuesto siempre a escuchar y a servir a los demás; de sonrisa franca y espontánea. Fue leal y supo honrar el valor de amistad, herencia de sus padres.

Nayar Montero amó y practicó el rudo deporte de los puños en el terreno amateur, conquistando el campeonato nacional en Peso Ligero, en 1967.

Otra de sus aficiones que mantuvo hasta el final, fue la pesca, que compartió con su familia, amigos y hermanos masones.

Fue buen hijo, respetuoso de sus padres, que lo formaron con rigor y disciplina; en el seno familiar aprendió a ser un buen hermano, allí adquirió principios y valores básicos que le permitieron integrarse a la sociedad y convertirse en mexicano bien nacido, admirador de la herencia cultural de su raza. Su máximo orgullos y su mejor reflejo sin duda, lo es su familia, a la que amó y supo valorar como esposo y como padre.

El Ingeniero Nayar Montero fue de lucha, exitoso, porque conquistó y conservó muchos amigos; ganó muchas batallas en el campo de la educación y en su vida como hombre libre y de buenas costumbres, se entregó con pasión a servir a la masonería, advirtiendo sobre los peligros que acechan a México, tanto fuera como en el interior, dejando en claro con ello, que la masonería está más activa que nunca. Falleció el 3 de marzo de 2012.

*Locutor e historiador.

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