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“EL TIEMPO Y LA SOLEDAD” Parte II

Por domingo 16 de diciembre de 2012 Sin Comentarios

Por Navi M. Cantarell Gamboa.*

El-Tiempo01En Iguala el lugar ideal, pleno de oportunidades, para encontrar mujeres es el mercado central, como en muchos lugares de México no hay mejor lugar para conocer y enamorar hembras bellas y generosas que ese espacio; su asiduidad al mercado le permitió conseguir amores furtivos, que le redituaron beneficios acordes con su propósito. Conoció a muchas damas y obtuvieron ellas los frutos esperados a sus obsesiones de intimidad mítica. Cuando los saldos de sus intenciones se fueron limitando sin alcanzar el reino prometido en sus ilusiones, cuando lo acorralaba la imposibilidad de abolir el tiempo, sus devaneos y las maledicencias ajenas, Dios le tendió la mano. Una visitante accidental, llego a la zona de los comerciantes temporales, había escuchado de los mangos de Iguala, aquellos que por el clima y suelo donde se producen son considerados los más ricos del mundo sobre todo los criollos, esos que llegan de Tonalapa del Sur; en su deambular por las banquetas de los comerciantes de mangos, la elegante mujer tropezó con Mikel, atrajo su atención la distinción de sus facciones y su presencia varonil, diferente en extremo de los lugareños; aunque iba acompañada de guardaespaldas que custodiaban su persona y la elegante camioneta BMW, furtivamente le hizo entrega de una tarjeta, -cuando una mujer tiene intención no hay guardián que se interponga-, diciéndole a volapié que en México esperaba su llamada.

Esa noche no pudo dormir, al día siguiente, antes de aclararse totalmente esa mañana de primavera, se apersonó en la terminal camionera y se dispuso a partir con la esperanza de cambiar su triste y aburrida vida de gigoló de pueblo. Llegar a México y convertirse en amante de la rica mujer fue una, ella le proporcionó, a cambio de sus atenciones, dinero a manos llenas, adquirió coche, departamento y disfrutó lujos que en el pueblo nunca hubiera podido poseer. En su nueva condición, frecuentemente visitaba Iguala y a través de mi compadre Lamas me enviaba dinero en cantidades que yo sabía estaban por encima de sus posibilidades El idilio duró 3 años, y el dicho “el hombre al soñar, suele forjar pesadillas” se hizo presente. Un día llegó mi compadre al pueblo, Me comentó que últimamente no sabía nada de Mikel, en compañía de su hijo Juan había ido a su departamento, Juan tenia llave, con frecuencia iba a México a comprar mercancía para su tienda y Mikel, por el aprecio y confianza que se tenían, le había proporcionado llave para que se alojara durante su estancia en la ciudad.

Hacía ya ocho meses que lo habían visitado, entonces todo estaba en su lugar como Mickel normalmente lo tenía organizado, el auto se encontraba en el estacionamiento lleno de polvo, con señales de no haber sido usado durante mucho tiempo. Comenté que a lo mejor se había ido de vacaciones, ya que por su carácter era ave de tempestades (como le llamaban al torero Lorenzo Garza), le pedí darle tiempo al tiempo, que no perdiera de vista su ausencia y me informara, por entonces me era imposible desplazarme del pueblo. Cuando lo indeseable acontece, no podemos ocultarlo. Mikel había escogido los desvanes de la vida y no sabíamos, que había sucedido con él.

El-Tiempo02Tres mese después llego mi compadre Rubén con nuevas noticias que me dejaron anonadado. En sus múltiples visitas a México, mi compadre había reunido información que le iba dando forma al rompecabezas. El esposo de la “novia” de Mickel , era un alto mando de la policía del Distrito Federal, este hombre presentía que su mujer lo engañaba, pero no sabía cómo ni tenía tiempo de averiguarlo, tal vez sospechó por el reflejo en los gastos de las cuentas bancarias o qué sé yo. A la sospecha siguió la acción, le puso un cuerpo de agentes para que con sigilo y discreción la vigilaran y siguieran todos sus movimientos, según la hipótesis explicada, los guaruras jamás encontraron indicio de infidelidades, ya que la dama llevaba a los hijos a la escuela, acudía al supermercado, al salón de belleza o de compras y jamás dio señales de ninguna desviación comprometida. Sucedió que un día uno de los agentes que la vigilaban en su visita al supermercado, tuvo deseos de orinar, al dirigirse a los baños del supermercado vio que la susodicha entraba por una puerta alternativa, hacía hora y media que supuestamente estaba en la tienda de autoservicio. En ese momento descubrieron como se forjaba el ardid. Una semana después Mikel se disolvió en la nada.

Una nueva revelación me hizo creer que había perdido a Dios y se me había roto el espejo. Mi comadre, la esposa de Rubén, me contó que Dorotea antes de morir le confesó que al ir a dar gracias a la virgen de Guadalupe en la Villa, se había encontrado dos niños perdidos en la soledad del cerro del Tepeyac, eran dos niños huérfanos, españoles, de origen Vasco, que habían llegado a México como refugiados y ante su indefensión, decidió hacerse cargo de ellos, la mejor obra que hubiera podido hacer en honor a Dios era recogerlos, los pequeños por el cansancio y lo extraño del lugar en que se encontraban no opusieron resistencia, aceptaron dócilmente ir con ella, bendita decisión, con el tiempo, nos prodigaron amor, cariño y compañía haciendo dulce nuestra existencia y colmándonos de orgullo, sembraron alegría y esperanza en nuestra vejez. Ante tales confesiones sentí que había perdido, a mi edad, la inocencia de la vida, convirtiendo mi esperanza en nostalgia, aquí estoy aun y siempre, mientras viva, rindiendo el homenaje que el miedo le debe a la verdad, confiando en que Mikel haya aplicado el talento que hace falta al saber vivir y regrese como esos pioneros que trascendieron la distancia hacia el norte para vivir mejor. Del hermano mayor podemos decir que poseía una memoria detenida en pasajes de su vida anterior, cuando descansábamos a la sombra de los arboles después de reunir el ganado, alimentarlo y ordeñarlo, los amigos que ya habían concluido la faena se acercaban a platicar y se armaba la tertulia, con mucha educación tomaba la palabra como gente grande y nos regalaba historias amenas, era un gran conversador, entre ellas decía que él había surcado durante muchos días el océano, hablaba de una ciudad llamada Barcelona donde se había embarcado con muchos de sus paisanos hacia América, lugar del que se hablaban maravillas, apropiado para iniciar una vida nueva, sus comentarios despertaban en los amigos suspicacias, furtivamente sonreían y expresaban que poseía una imaginación envidiable.

Entre los amigos, representantes de familias de la comarca, estaban los: Salgado, Román, Rabadán, Cuevas, Castrejón, Urióstegui, etc. De estos últimos decía que en su región había personas que tenían los mismos apellidos. En nuestro aislamiento e inocencia campirana creíamos que nos platicaba de México, del que recordábamos que era un pueblo construído en medio de gran lago, donde vivieron los Aztecas. Platicaba que así como lo hacíamos en las ferias de los tres pueblos o de otros lugares de Guerrero, allá también se agrupaban los clanes familiares describía un lugar mágico y que en él se reunían los ancianos respetables de ciertas tribus, el lugar se llamaba Guernica y que se guardaba un respeto casi religioso, ahí los compromisos contraídos valían tanto como la existencia misma. Ellos negaban pertenecer al país en que vivían y decían ser un pueblo sui géneris y que algún día alcanzarían la tierra prometida por medio de su independencia. El impacto y sorpresa de sus relatos me despertaba dudas y sentimientos encontrados. Le decía hijo: tu papá y mamá vivían en México y a la muerte de tu mamá tu abuela te trajo a vivir con nosotros, -dime, cuándo te llevaron a conocer esos lugares—, de inmediato caía en un hermetismo largo y profundo y no volvía a pronunciar palabra y se retiraba, aparentaba distraerse en otras cosas, abandonando la reunión para extrañeza de todos. No teníamos más remedio que respetar su decisión.

El-Tiempo03El brazalete que él traía en la muñeca a su llegada al pueblo, con letras un tanto borrosas decía algo así como: Iñaky, iñakiu, no recuerdo bien, la abuela y yo determinamos llamarlo Ignacio, que es el nombre que llevó hasta su gran ausencia, siempre demostró sensatez y pese a su corta edad mucha sabiduría, además siempre fue adelantado en la escuela, nuestra ignorancia no nos permitió darle la oportunidad de estudiar más allá de la instrucción de primaria incompleta que había en el poblado, tampoco sabíamos cómo. Solo ante la amenaza de algunos lugareños enfermos de envidia y celos nos atrevimos a propiciar su alejamiento-. De nuevo el compadre Rubén, me visito trayendo noticias nuevas entre ellas que el Nacho también se había desviado del camino, que se había dedicado a regentear cantineras en Iguala y algunos lugares de Morelos. Embaucaba viudas y solteronas. Les pintaba el cuento de que traer mulas de Zacatecas para las faenas del campo era un gran negocio considerando la demanda que había de las mismas. Nada más que para comprarlas les pedía elevadas cantidades que implicaba la venta de sus bienes, casas o terrenos, obviamente ante el amor que le prodigaban y el interés por incrementar sus economías, cedían a sus requerimientos, Ignacio, una vez con el dinero en las manos levantaba el vuelo para no volver más.

El compadre me platicó que muchas veces habían ido a preguntar por él a su casa. La última noticia que sobre él tuvo fue que andaba por Morelos, y las malas lenguas decían que había sido emboscado por un par de hermanos que habían decidido, recuperar su dinero y lavar el honor de su hermana, haciéndose justicia por propia mano. No considero de valor los comentarios, pero el silencio y larga ausencia de Ignacio y de Mickel, me hace pensar que mis adorados nietos hayan sido victiman de un destino maléfico. En tanto sigo pendiente de su regreso no sé por qué. Los presagios pueden ser verdaderos, pero la esperanza es un acto de fe, y aquí sigo esperando y esperando. El ganado se acabó, la tierra volvió a su naturaleza. En la parcela sólo queda selva y maleza pero mi espíritu sobrevive dándole empujones al entusiasmo, martirizándome con abnegada esperanza de que me sobrevivan pertinazmente las facturas pendientes con la creación.

*Cuentista Campechano.

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