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La Fiesta de la Purísima en Mocorito: Esplendor y Ocaso

Por domingo 9 de diciembre de 2012 Sin Comentarios

Por Juan Salvador Avilés Ochoa*

A final del mes de octubre pasado, asistí a un evento en la Torre Académica de la Universidad Autónoma de Sinaloa en Culiacán, donde el grupo universitario de danza Proyección Folclórica que dirige la profesora Carmen Espinoza festejó su aniversario número cuarenta. En el programa festivo sobresalía la parte dedicada a las fiestas de Mocorito: Bailes de mi pueblo, en donde al son de El clarinete polka, El jabalí, El vaquero no ha tumbado, La chingadera y El sinaloense, se recrean las fiestas en donde se celebran las famosas coleadas, como son los casos de las que se llevan a cabo el último domingo de enero en el Ranchito de los Gaxiola y el domingo cercano al 5 de febrero en Los Mazates de los Sánchez, que son los últimos vestigios en que se presenta esta suerte charra. En muchos otros lugares esta celebración no se ha preservado y ha sucumbido ante la “modernidad”.

Comento lo anterior porque lo que los mocoritenses hemos ido olvidando y guardando en el baúl de los recuerdos, como son las fiestas tradicionales de nuestros pueblos, éstas son rescatadas por el grupo universitario para festejar y resaltar la identidad de las regiones de nuestro estado y han anunciado formara parte de una revista musical dancística que se está preparando para su difusión nacional e internacional.

Dentro de las fiestas tradicionales del municipio de Mocorito cito tres que son centenarias: la de San Antonio en Boca de Arroyo, la de San Isidro en El Valle y la de La Purísima en Mocorito.

Destaco la que se celebra el 8 de diciembre en la cabecera municipal, y que desafortunadamente, está a punto de convertirse, solamente, en un bello recuerdo.

Las “rumbosas” –así se anunciaban a finales del siglo XIX- fiestas de La Purísima, se remontan a la época del porfiriato en nuestro pueblo, tiene como antecedente las fiestas de invitación que realizaban y convocaban los miembros de la élite política y económica de la sociedad mocoritense, y que se llevaban a cabo, indistintamente, en el antiguo Hotel Inzunza, en el Casino de Mocorito o en la residencia de Adolfo Avilés, y las que paralelamente se realizaban en las explanadas que hoy constituyen la momentáneamente desaparecida Plaza de los Tres Grandes y el jardín de niños José Sabás de la Mora, que se ofrecían por los comités organizadores del carnaval y de las fiestas de La Purísima a las clases económicamente bajas de la población.

Esta festividad en sus orígenes duraba alrededor de una semana y congregaba a los habitantes de toda la región de Évora, de otros lugares del estado y de la república, y era la fecha en que muchos paisanos avecindados en el país del norte regresaban a su lugar de origen.

Legendaria era en su tiempo la presencia de un rico gambusino y comerciante procedente de San José de Gracia, Jesús María López y Bajo, quién prácticamente “agarraba” la banda de música de principio a fin de la histórica fiesta.

Con el paso del tiempo, los organizadores deciden realizarla en el mismo lugar, y de ahí parte, la que por muchos años se realizó en la explanada que se encuentra al oeste de la Plazuela Hidalgo, bajo una enramada que hoy solo existe en la memoria de los mocoritenses.

Bajo la enramada, por muchos años, hasta finales de los setenta, las dos clases sociales convivieron, juntos pero no revueltos, porque la enramada estaba dividida en dos partes, una con mesas y sillas decoradas destinadas para la clase alta de la entonces pujante clase alta mocoritense y que bailaban bajo las notas musicales de las mejores orquestas del estado, como lo fueron en su momento la de Nío y la orquesta Ibarra de Guasave –esta última participo consecutivamente durante más de treinta años-, en la otra parte, se ubicaban las bancas de la plazuela a su alrededor y bajo las notas musicales de las bandas regionales se divertía la clase baja de la población mocoritense.

A principios de los ochenta del siglo pasado, la división social de los mocoritenses prácticamente desapareció con las recurrentes crisis económicas y con ello la pared de varas que separaba en dos la enramada, se esfumó. Desde ese momento y hasta el 2008, los mocoritenses convivimos sin distingos y bajo la misma escenografía en la totalidad de la enramada y en la mayor parte de dichas fiestas el orgullo de las bandas de Mocorito, Los Rubio, protagonizó las famosas fiestas de nuestra santa patrona.

En diciembre de 2009 culminó una etapa de la remodelación del centro histórico de Mocorito, que abarcó el primer cuadro de la ciudad y dentro de él, el lugar donde se ubicaba la enramada, por tal motivo, las autoridades municipales, decidieron ya no seguir construyendo la enramada y la sustituyeron por las carpas de las empresas cerveceras que ofrecían sus servicios en la fiesta. También impidieron la colocación de los tradicionales puestos de vendimias en el perímetro de la plazuela.

Paradójicamente, a diferencia de lo que sucede con las fiestas que se realizan en los centros históricos del mundo, de México –como el recientemente festival cervantino que se realiza en pleno centro histórico de Guanajuato- y en otros municipios de Sinaloa –como la festividad guadalupana que actualmente se celebra en plena plaza principal de Guamúchil-, en Mocorito la remodelación y recuperación del patrimonio edificado de nuestro centro histórico ha significado, por decisión de la autoridad municipal y con la complacencia de la sociedad mocoritense, el fin de un ritual que en muchas plazuelas del país y del estado está vigente, como lo es el de dar la vuelta alrededor de la plazuela, acompañado de la familia y los amigos, y poder disfrutar los frutos de la rica gastronomía que nos distingue –práctica que el domingo anterior tuve la oportunidad de presenciar en la plaza principal del pueblo mágico de El Fuerte-; también ha representado el inició del ocaso de las otrora “rumbosas fiestas de La Purísima de Mocorito”, las cuales constituían parte importante del patrimonio histórico inmaterial de los mocoritenses, limitando con ello la posibilidad de lo que recientemente han logrado los habitantes de la Ciudad Asilo de El Rosario, hacer que Mocorito adquiera la nomenclatura de pueblo mágico.

Estamos a tiempo de recuperar esta fiesta y junto con la restauración del centro histórico demos vida a través de la actividad turística, a nuestros sueños de desarrollo económico y social que los habitantes de esta generosa parte de la geografía sinaloense merecemos.

La autoridad y sociedad mocoritense tenemos la palabra…

*Cronista de Mocorito.

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