Nacional

La Función Social del Historiador

Por domingo 18 de noviembre de 2012 Sin Comentarios

Por Sofía Míreles Gavito*

El valor de la historia consiste en que nos enseña lo que el hombre ha hecho y en ese sentido lo que es el hombre.

Las funciones de la historia han sido variadas, las principales son seis:

1.- La historia dotando a los grupos humanos de identidad, cohesión y sentido colectivo,

2.- La historia destruye todos los valores eternos y absolutos, y demuestra la relatividad de los referentes absolutos que nos esforzamos por establecer,

3.- La historia como maestra de la vida,

4.- La historia como tribunal del contenido moral de las acciones humanas,

5.- La historia como proveedora de arquetipos que influyen en la conducta y la imaginación de las generaciones posteriores, y

6.- La historia como la reconstrucción crítica del pasado.

La primera función nos muestra que desde los tiempos más antiguos, los pueblos que habitaron el territorio que hoy llamamos México acudieron al recuerdo del pasado para combatir el paso destructivo del tiempo sobre las funciones humanas; para tejer solidaridades asentadas en orígenes comunes; para legitimar la posesión del territorio, para respaldar con el prestigio del pasado vindicaciones del presente; para fundamentar en un pasado compartido la aspiración de construir una nación; para darle sustento a proyectos disparados hacia la incertidumbre del futuro.

Dotar a un pueblo o a una nación de un pasado común y fundar en ese origen remoto una identidad colectiva, es quizá la más antigua y la más constante función social de la historia. Se inventó hace mucho tiempo y sigue vigente.

Esta función primordial explica el atractivo tan grande que tiene el relato histórico y su audiencia vasta. Atrae el común de la gente y al curioso porque el relato histórico las transporta al misterioso lugar de los orígenes.

Por otro lado, la historia, al revisar infatigablemente los asuntos que obsesionan a los seres humanos, los despoja del sentido absoluto que un día se les quiso infundir. Contra las pretensiones absolutistas de quienes desearon imponer una sola iglesia, un sólo estado o un orden social único para toda la humanidad; la historia muestra con la implacable erosión del paso del tiempo sobre las creaciones humanas, que nada de lo que ha existido en el desarrollo social es definitivo, ni puede aspirar a ser eterno.

Lo quiera o no el historiador, el pasado es proveedor inagotable de arquetipos que influyen en la conducta y la imaginación de las generaciones posteriores. Desde los tiempos más remotos, cuando los mitos narraron la creación del cosmos, definieron la relación entre los seres humanos, los dioses y la naturaleza. Eran mitos dedicados a reproducir normas y tradiciones remotas y a legitimar el poder.

Otra función social que cumple la historia proviene de los hábitos establecidos por sus propios practicantes. En los últimos siglos, el estudio de la historia se convirtió en un análisis crítico del pasado.

Sometiendo los testimonios a pruebas rigurosas de veracidad y autenticidad. El historiador puso mayor cuidado en la crítica y selección de sus fuentes, y sacó provecho de las técnicas de las ciencias y las disciplinas humanistas, en esa medida se transformó en un impugnador de la historia fundada en los mitos, la religión, nacionalismos y las ideologías de cualquier signo.

A pesar de las diferencias de enfoques que hoy oponen a los diversos historiadores y escuelas historiográficas, hay consenso en que el objetivo principal de la historia es la producción de conocimientos a través de la explicación razonada.

*Cronista de Tonalá, Chiapas.

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