Estatal

A propósito de Jesuitas

Por domingo 21 de octubre de 2012 Sin Comentarios

Por Gilberto J. López Alanís*

Se inicia la memoria con la presentación del Dr. Gilberto López Castillo que la hace interesante y sugerente al referirse a eventos académicos anteriores, todos de diversa factura e intensión sobre el Seminario que anualmente nos convoca. Sigue después la introducción de Benita Escarcega y Wilfrido Lanes, donde dan cuenta y razón de los trabajos incluidos en este quinto volumen del Seminario, así que desde el punto académico lo mejor ya está trabajado.

Sin embargo esta memoria conmemora el 15 aniversario de la celebración del Seminario La Religión y los Jesuita en el Noroeste Novohispano, organizado por El Colegio de Sinaloa y por ello ya marca una huella en la historiografía jesuítica del noroeste mexicano y de otras latitudes.

Contiene la memoria ocho magníficos trabajos de connotados investigadores a propósito del tema. Todos merecen un comentario a fondo, porque son de fuerte impacto, elegantes y sutiles. Inducen a la reflexión y la acción a la par que colocan a la cuestión jesuítica en el centro de nuestra formación histórica como región y nación.

Gabriel Gómez Padilla académico de la Universidad de Guadalajara, le pone jiribilla al asunto, al expresar que: “hoy estamos de fiesta. ¡El muchacho cumple sus XV años! Las madrinas y chambelanes…” de ahí sigue aduciendo una genealogía para el seminario y nos habla de progenitores y otros parientes, que no es necesario objetar, y si reafirmar buscando la gestación de esa vida al interior de un simbólico vientre materno del cual el propio Colegio es hijo legítimo.

El Seminario según este calendario nació en 1997, sin embargo, es obligada la pregunta ¿desde cuando se gestó? Y como esto de la historia no es de generación espontanea, todavía recuerdo cuando José Gaxiola aquí en estos pasillos de El Colegio, afanosamente me pidió la memoria de los coloquios sobre jesuitas celebrados en 1990 y 1991 en el contexto de los Festivales Culturales, como actividades paralelas, contando con la participación del Instituto Sonorense de Cultura y DIFOCUR, el IIES de la UAS y el Seminario de Cultura Mexicana Corresponsalía Culiacán, publicada en la Serie Historia y Región Nº 7 de DIFOCUR en el año de 1992, para de ahí recrear la idea de un Seminario al respecto.

Por lo tanto si la figura simbólica del quinceañero tuvo un proceso de gestación valido, la madre es María Teresa Uriarte de Labastida y los entusiastas padres Romulo Félix Gastelum, Carlos Ruiz Acosta, Miguel Mathes, Sergio Ortega Noriega, Ignacio del Río, el propio Gómez Padilla que participó en uno de aquellos coloquios, donde polemizó con Víctor Alejandro Miguel Vélez, cuando este introdujo la figura de una caballería militar con el síndrome de la acumulación, en la formación y actividad jesuítica. Incluso intercambiaron algunas notas al respecto. (Ver Presencia Jesuítica en el Noroeste, 1992).

Basta con esto para aproximarse a una historiografía precisa sobre el particular y tener una idea de contexto del nacimiento del Seminario, que también deviene de unos presuntos abuelos, los Simposios y Congresos de Historia en Sonora y Sinaloa.

Ahora si entremos a la materia de esta presentación, la Memoria del quinceavo Seminario, en el apartado de las ponencias, se inicia con el trabajo de Gabriel Gómez Padilla sobre “Eusebio Francisco Kino a los 300 años de su muerte”. El autor brillante e incisivo, gustoso de debatir, conocedor de la obra del jesuita explorador, nos propone facetas interesantes de su acción evangelizadora, que van más allá de la tradicional ortodoxia evangélica y nos acerca a la propuesta cultural de un Kino, inmerso en la vorágine de su propia concepción transformadora.

Gómez Padilla nos propone un Kino inmerso en la problemática actual e imagina sus reacciones ante el presente: El diálogo con Kino toma derroteros de significada crítica política que nos muestra de las utilidades del análisis histórico. Incluso ni el Vaticano se escapa a lo corrosivo del encuadre factual de Gómez Padilla.

La ponencia es abigarrada, llena de imágenes esclarecedoras y de atractiva interpretación criolla y mestiza; llena de vericuetos, sin embargo, llama la atención el subtitulo de “La Comunicación con Dios”, donde Gómez Padilla equipara el acto de morir a propósito de Kino como un muerto glorioso y un nativo como un muerto común, para centrar afirmando que “El genuino y único centro del cristianismo y de su mensaje es … la real auto-comunicación de Dios a la criatura..”, parafraseando a Karl Rhaner el más grande teólogo del siglo XX, en expresión de Gómez Padilla. Si pensáramos como alguno los jóvenes autoritarios de nuestro tiempo, se podría decir “que todo lo demás es basura”. Pero no, los núcleos filosóficos no eliminan sus ideas aleatorias, las necesitan para explicarse mejor y en eso Gómez Padilla es explicito colocando a Kino en esa tesitura interpretativa desde una perspectiva teológica que anunciaba la salvación más no la otorgaba, había que buscarla en el trabajo cotidiano de formación humana.

Gómez Padilla nos propone a través de la eco-teología de la liberación y el “hombre viviente en plenitud”, una refundación del país con inspiración en el jesuita italo- alemán, que nos impulsa a la actividad política directa, con sentido humanista.

Tuvo razón Carlos Zazueta Manjarrez, al seleccionarlo para iniciar esta memoria, por lo sugerente de su propuesta interpretativa.

Marcelo Ruiz Ramirez, con sus contribuciones del método cartográfico del jesuita Eusebio Kino, introduce en el seminario la historia de la ciencia como aporte jesuita, que hasta hoy no ha sido considerado en los escasos acercamientos al tema en Sinaloa y quizás en el Noroeste.

Andrew Redden, Jesús Jáuregui, Massimo Gatta, Miguel Vallebueno Garcinava, Laura Magriñá, Ana Laura de la Torre Saaverdra y Margarita Hanhausen Cole, merecen comentarios incisivos ya que de sus trabajos se desprenden líneas de investigación sobre la temática jesuítica para quienes estamos inmersos en esta perspectiva histórica.

Destaco la pluralidad y visión abarcadora de este Seminario, que observa la región, la nación y la globalidad de la impronta jesuítica e imploro a los santos patrones del Colegio a no desmayar en este esfuerzo.

*Director del Archivo Histórico General del Estado de Sinaloa.

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