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MONUMENTO A LA RAZA

Por domingo 30 de septiembre de 2012 Un comentario

Por Alberto Ángel “El Cuervo”*

Caminaba en el interior de la plaza mirando aparadores… ¡Qué extraño!, pensé, hace muchos años iba a caminar a “San Juan De Letrán” y los aparadores eran fascinantes… La sensación de caminar entre las calles a cielo abierto, era distinta… Ahora, los aparadores, generalmente los contemplaba dentro de alguna plaza comercial… ¡Qué extraño…! Sí, pero la manera atropellada en que va cambiando la vida, dejaba atrás costumbres cotidianas…

—Mami, mira… Éste es el que quiero, porque nadie, nadie nadiesisisima de mi salón va a llevar un disfraz como este… ¿me lo compras, sí mami, sí…?

—Está bonito para el “haloween”… Vamos a verlo pues…

—Sí, ma… Vas a ver qué padre se ve, y ya le dije a mi maestra que lo voy a llevar… Voy a ser la mejor del “haloween”, la mejor…

Al escuchar el diálogo materno filial, constaté que todo cambia, como diría en su interpretación nuestra siempre admirada y recordada Mercedes Sosa… Todo cambia… Increíble, pero aún no pasaba una semana de las fiestas patrias y ya estaban los comerciantes motivando el consumo de lo que antaño era “Día de los Muertos”… Todo cambia… ¿dónde había quedado ahora la celebración de “el día de la raza”…? En mi infancia, en la escuela, se llevaban a cabo dramatizaciones, bailables, etc. Que nos hablaban acerca de ese día… Y después “el día de la revolución” para entonces sí entrar a lo que era día de los muertos… ahora casi desplazado por el llamado Halloween… Todo cambia… Tristemente, nuestras tradiciones se van viendo aplastadas por la transculturación que parece inevitable en este proceso de pérdida de identidad nacionalista que primero promueven en un afán inexplicable y después intentan deshacer para la “motivación de valores nacionales” desde trincheras oficiales para colgar medallas… Todo cambia…

—¿Por qué se llama “Monumento a la raza”, papá…?

—Porque nos recuerda la raza de dónde venimos… Es como un homenaje a nuestros antepasados, para que nos sintamos orgullosos de nuestro origen…

Y con miles de preguntas a cuestas como: ¿entonces yo soy azteca… por qué mi abuelo dice que somos mayas… por qué en tabasco dicen que somos chontales… Podemos subir a la pirámide…? Mi padre terminó por estacionarse sobre insurgentes… ¿Lo pueden creer? En aquel entonces, justo ahí donde está el monumento que recuerda e intenta ser un homenaje a nuestro pasado amerindio, podía uno estacionarse con gran tranquilidad… Más aún, la Avenida de Los Insurgentes como tal, no existía en ese tramo con ese nombre. La pirámide del monumento a la raza era la entrada a la ciudad, constituía el monumento una especie de bienvenida al visitante… Entre los estudiosos de la materia, hay quien se opone al nombre “Monumento a la Raza” argumentando ¿a cuál raza se refieren? Obviamente se intenta hacer referencia a la llamada raza amerindia… Somos mestizos, somos un “crisol de las razas del mundo” como bien apuntó José Vasconcelos, así que el homenaje es a esa raza que tiene origen amerindio y que al fusionarse con los europeos que a su vez son de origen multirracial, dan lugar al mestizo, a la Raza Cósmica, diría nuestro gran filósofo… El monumento fue inaugurado en el año de 1940 y el proyecto arquitectónico es del Ingeniero Francisco de la Borbolla. Es el monumento una superposición de tres pirámides que muestran en los taludes figuras de serpientes emplumadas y petroglifos que fueron copiados de construcciones piramidales de Xochicalco, allá cerca de lo que hoy es Cuernavaca, Estado de Morelos. El Ing. De la Borbolla, apuntaba en su proyecto original, la idea de que el Monumento fuera un museo que recabara y mostrara la información acerca de nuestros orígenes como raza. La idea del museo, nunca se llevó a cabo, quedó en eso, una idea del proyecto original y de manera definitiva, fue cancelada cuando en el año de 1962 se introdujeron dentro de la construcción monumental, tuberías de desagüe, quedando convertido en una especie de cárcamo… Lo que hoy es la puerta de entrada a la maquinaria y tuberías, sería en un principio el Museo de la Raza… La puerta, da justamente al norte, que como bienvenida al viajero, sería la entrada al museo y se ve custodiada por dos cabezas de serpiente que en su descenso recuerdan al llamado castillo de chichén ver en la cara sur figuras idénticas. En las caras este y oeste del monumento, se observan bellas esculturas realizadas por el Arquitecto Luis Lelo de Larrea. En el este vemos la representación de la fundación de Tenochtitlan y en la cara oeste se hace un homenaje escultórico a los defensores de la gran ciudad ante los invasores europeos, de tal manera que se representa ahí al último de los grandes emperadores mexicas, Cuauhtémoc así como figuras dramáticas de mujeres llorando con sus hijos o esposos muertos o heridos. En la cúspide de la pirámide, se puede apreciar una escultura enorme de un Águila devorando una serpiente como la de la cosmogonía mexica. Esta escultura, fue primeramente realizada para coronar el que sería el Palacio Legislativo que finalmente quedó inconcluso para convertirse en lo que hoy es el “Monumento a la Revolución”. Como el Águila, que mide seis metros de envergadura realizada por G. Gardet escultor francés no se utilizó, fue requerida para coronar el Monumento a la Raza. Por último, y como si fuera un recordatorio de los orígenes múltiples del mestizaje, justo por debajo del Águila, en el pedestal que la soporta, se pueden ver cuatro bellísimos altorelieves en bronce que representan a Itzcóatl, Rey Azteca en la cara norte; Nezahualcóyotl, Rey de Texcoco en la cara oeste; Totoquihuatzin, Rey de Tacuba en la cara este. Cabe señalar, que estos cuatro relieves fueron realizados muchos años antes para exhibirse en la feria Mundial de París en el año de 1889, justo cuando los franceses presentaron la famosa Torre Eiffel. Estas maravillosas obras fueron autoría del Maestro Jesús F. Contreras y formaban parte de un grupo de doce altorelieves de 3.5 X 2 metros y se estuvieron exhibiendo durante seis meses hasta que la exposición fue desmantelada. Después de muchos años, serían incorporados al Monumento a la Raza, para su complementación… Ya no puede visitarse el monumento… Cuando menos, ya no con la facilidad de antaño… Todo cambia… Pero en mí, sigue tatuado ese momento que mi padre nos regaló cuando se acostumbraba a festejar el día de la raza, con bailables tradicionales, oratoria, atuendos, verbenas y demás en casi todas las escuelas oficiales o particulares de nuestro país… Todo cambia, pero nada cambia que seamos esa raza cósmica, crisol de las culturas del mundo. En la reflexión por la raza y su monumento.

*Cantante, compositor y escritor.

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