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El Café De Mi Pueblo

Por domingo 16 de septiembre de 2012 2 Comentarios

Por Jaime Irizar Lopez*

Es un local modesto decorado con fotografías históricas del pueblo alusivas a sus inicios y otras que aluden a su evolución en la otrora ruta certera hacia el progreso. El sitio alberga unas catorce mesas en total, en él se dan cita un sinnúmero de personalidades de lo más singular, que ocupan las mesas fielmente todos los días del año. Acuden sin falta connotados paisanos, casi siempre a la misma hora, con una puntualidad inusual en México. Antes de irse a sus actividades habituales, todos hacen una parada obligada en el lugar con una convicción que casi raya en lo religioso.

Políticos de la región y foráneos, de esos que sin nunca haber cogido un pico o una pala, se adjudican los méritos de todas las obras y las mejores acciones del pueblo, y viven mejor que la mayoría de los que sí se han fregado mucho el lomo.

Los periodistas de los diferentes medios de comunicación también se la viven allí. Recogen penosamente retazos de información para construir notas forzadas, pues en esta ciudad tan pequeña casi nunca ocurre algo de trascendencia; así que los profesionales de la pluma se ven obligados a construir noticias a “huevo” mediante el pique de crestas y la exaltación del ego de quienes allí acuden, quienes entre otras cosas buscan, y eso lo saben muy bien los reporteros, salir en la prensa o en la radio local. Con el curricán lanzado por los periodistas hasta el intestino grueso, siempre están dispuestos a decir lo impensable, e incluso llegarían a hablar de su propia madre si eso les da la oportunidad de los cinco minutos de fama que en su interior mantienen vivo como su mayor deseo.

Los intelectuales, los genios y los mejores hacedores del mundo, a diario dicen presente en tan prestigiado café. Entre sorbo y sorbo de tan rica como aromática bebida, que por lo regular representa el único consumo en el negocio después de cuatro o cinco horas de planchar nalga en él, hacen observaciones, precisiones, dictan fórmulas, critican actuaciones, deshacen entuertos; todo en aras de hacer, diseñar y desarrollar estrategias que incidan favorablemente en el desarrollo de la ciudad y la conviertan en el lugar perfecto para vivir.

Por supuesto que son ellos y sólo ellos, los que pueden hacer que las cosas cambien para bien de todos; aunque a decir verdad, a muchos de estos “brillantes” intelectuales y políticos, no les alcanza el talento ni para arreglar sus propias vidas o las de su familia; y con esa ceguera mental se atreven con gran cinismo a ampliar sus horizontes de acción.

Algunos de ellos (lo digo con mucho respeto para los que sí pueden), con todos los ingredientes puestos sobre la mesa, son incapaces de armar un sándwich, pero pretenden componer el mundo en el tiempo que les lleva ingerir una taza de café. A rango de poción mágica debería de ser elevado el café que se sirve en este restaurant, pues cada sorbo es un “abracadabra” que desaparece al instante los vicios, errores y defectos de quien lo ingiere pues lo inviste de una súbita solvencia moral e intelectual, de tal suerte que pueden criticar y enseñar como los más doctos en cualesquier tema. Bien dice el dicho popular que “cuando las gentes no saben o no pueden hacer las cosas, les da por enseñar a todos cómo se hacen”.

Los poderosos del pueblo hacen su aparición en el café, uno tras otro, seguidos por el séquito de mitoteros, aduladores, payasos, amigos y gorrones. Vienen a recoger de viva voz de sus informantes, los chismes de mayor relevancia y todo lo ocurrido en la ciudad en la víspera. Muchos de los que ahí acuden son los que a diario se disputan el privilegio de otorgarles a ellos las primicias; para así congratularse con el “patrón”, quien aunque no los tiene en la nómina, los ayuda económicamente con frecuencia. Dicho sea de paso ellos hacen hasta lo imposible con tal de ser los consentidos de quienes tienen el poderío económico y son dueños por añadidura de las verdades y también de todas las soluciones.

Bajo el influjo de los mares de cafeína que consumen, los parroquianos componen y descomponen el mundo, el país, el estado y por supuesto el municipio. Las autoridades son despojadas por decreto de lengua, de todo crédito, virtudes y neuronas. Las honras de algunas mujeres conocidas del pueblo, son llevadas a diario a la mesa de análisis y al juicio más duro, al igual que las preferencias sexuales de algunos hombres (sobre todo si son figuras públicas o mal queridos por su carácter odioso), la inteligencia de los sobresalientes, las virtudes y las conductas reales de los clérigos.

Unos pocos enjuician y condenan todos los días del año a la mayoría. Esos pocos no ven, ni quieren hacerlo, más ojos en la cara que los suyos, y sólo cuando tienen ante sí un espejo muy grande. Todas las neuronas sensitivas y funcionales Dios se las dio en exclusiva a ellos, y así actúan en consecuencia, convencidos de que son los únicos favorecidos por el todopoderoso con tal condición.

Este mágico local a diario es invadido por olores de lociones finas y baratas, sudores y comida regional. Esa mezcla domina y minimiza el grato aroma del café recién preparado. También se mezclan todas las actitudes conocidas, lo mismo que los ánimos y sentimientos de toda la humanidad. El Café es en sí, un aula universal en donde se dan cursos intensivos de vida y relaciones públicas. Las diferencias sociales desaparecen con tan solo entrar allí, y priva tal ambiente, que en ocasiones se van también las más elementales reglas de la cortesía referentes al respeto sobre la privacidad de una mesa, a la que muchos se agregan sin invitación alguna de los comensales que están en ella. Todos se saludan de mano y abrazo sin importarles mucho el hecho de interrumpir la ingesta de alimentos o de poder contaminar con estos contactos físicos, las tortillas o el pan que a veces ya tienen en la mano.

Acuden a este café los desempleados en busca de alguien que les ayude a colocarse, y otros más, que nunca han trabajado y que por supuesto tampoco quieren hacerlo ahora, van por ahí en apego a su agenda personal que les señala ir en busca de la persona indicada que les hará el día con un poco de dinero regalado para sacar adelante a su familia y mantener sus vicios. Son muchas las personas en mi pueblo que sin haber trabajado jamás, han sacado adelante a su familia sin mayores contratiempos y les ha alcanzado para satisfacer sus gustos personales de bebida y diversión. Así de generosa y solidaria es la gente de mi tierra.

Billeteros de la lotería nacional y vendedores de boletos de rifas que “entre amigos se realizan”, son personajes típicos que acuden para cantar y contar anécdotas y chistes a la primera invitación que les hacen los parroquianos, todo en aras de consolidar una venta; ellos también son parte del paisaje ordinario del lugar de encuentro por excelencia en mi pueblo.

De estas tertulias diarias también, cabe decirlo, surgen muchas ideas positivas que permiten estrechar lazos de afecto y amistad, curar depresiones, ayudar al prójimo, divertirse, distraerse y matar el tiempo mientras él termina exitosamente por matarnos.

En el Café de mi pueblo se siembran las ideas que habrán de multiplicarse en toda la ciudad para influir en sus futuros económicos, sociales y políticos. Es el corazón y el cerebro de mi tierra.

Cuando termina la jornada matinal en El Café, vuelven todos, como lo dice en una de sus famosas canciones Joan Manuel Serrat, el célebre poeta español, a sus lugares y oficios habituales al concluir la fiesta diaria: “vuelve el rico a su riqueza y el pobre a su pobreza.”

Cada quien a enfrentar su realidad por sí mismo; a darse cuenta de que el mundo no se ha transformado ni siquiera un poco durante el tiempo que dedicó al café y a sus amigos; su realidad no es otra por permitirse aunque sea un rato, la convivencia entre tontos e inteligentes, ricos y pobres, empleados y desempleados, viciosos y virtuosos, gordos o flacos, solteros y casados. Esa es la magia de tan querido y representativo lugar en lo social y lo político. Todo un ícono de verdad

que llevamos tatuado en nuestro corazón los nativos y avecindados en esta hermosa tierra.

*Doctor y escritor.

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2 Comentarios

  • Javier dice:

    Qué buen escrito el que acabo de degustar. Me hubiera gustado hacerlo frente a una taza de café con esos poderes mágicos que describe, para haber descubierto más cosas, pero aun así, disfruté la lectura frase a frase. Una buena reconstrucción literaria de la cotidianidad siempre es placentera.

  • Adolfo Antonio Jaspersen Gastelum dice:

    Me hiciste trasladarme a un hotel centrico de una ciudad de Sinaloa,en la que vivi 27 anos.Dibujaste con palabras las escenas cotidianas que dia a dia se desarrollan en el restaurant,que en la manana es punto de reunion de parroquianos que van a tomar cafe.
    Gracias,Jaime,los recuerdos perduran,y volverlos a vivir,aunque sea a travez de palabras es muy agradable.Felicidades.

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