Editorial

Editorial: N° 121

Por domingo 16 de septiembre de 2012 Sin Comentarios

Dos temas en un editorial

1º “La nueva estrategia de la ruta”:

En mayo de 2010, salió a la luz pública el No. 1 de la 4ª época del semanario cultural, originario de Mocorito, Sinaloa, que lleva publicadas 121 ediciones impresas y virtuales. En el andar se han unido colaboradores, directivos, promotores, personal de logística, distribuidores, que con su solidaridad han hecho placentero el quehacer periodístico. La tarea se ha logrado bajo el patrocinio de la Asociación Doctor José Ley Domínguez que ha aportado recursos para la vida de La Voz del Norte, que tiene como característica única, ser gratuito para los lectores que semana a semana nos han otorgado preferencia y confianza. Implementar una nueva estrategia se vuelve necesario para continuar en la ruta y poder solventar los costos de producción, envió y distribución que han aumentado, es indispensable una nueva política. Si bien es cierto que la aportación generosa de la Asociación que preside el ingeniero Carlos Antonio Sosa Valencia, nos ha permitido continuar el camino, hoy necesitamos solidarios para un periódico que tiene como principio y fin: LA CULTURA, por eso decidimos comenzar la nueva estrategia de la ruta, buscar suscriptores/ anunciantes que compartan la tesis que nos impulsa, difundir, promover, e impulsar a la cultura como la única manera de dejar en olvido la violencia, ¡bienvenidos al esfuerzo!

2º” Un deceso impactante”:

El pasado lunes 10 de septiembre en la Ciudad de México, falleció el sabio y autor Ernesto de la Peña. En uno de los múltiples homenajes que se le rindieron al destacado intelectual mexicano, escuché lo que podía ser su epitafio: “Cuando muere un sabio, una parte de la inteligencia fallece.”. El maestro De la Peña murió en la ciudad que lo vio nacer un 21 de noviembre de 1927, su partida deja un hueco profundo en la cultura mexicana contemporánea; hombre de sabiduría abordó con erudición notable la mayoría de temas que marcan la vida del hombre. Su final es un deceso impactante que nos obliga a formular un deseo: que existan más seres como Ernesto de la Peña.

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