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Ciencia, Tecnología y Sociedad

Por domingo 12 de agosto de 2012 Sin Comentarios

Ciencia que ladra…no muerde, sólo da señales de que cabalga
(Golombek, 2009)

Por Fidencio López Beltrán*

El conocimiento científico, el conocimiento cotidiano, el pensamiento social y la construcción de los saberes en general como parte significativa de nuestra cultura, es una línea temática naciente en este semanario. Debido a nuestro interés en su abordaje, requerimos superar nuestro concepto tradicional de ciencia, y articularlo al desarrollo de la tecnología, más aún si nuestro propósito está dirigido a discutir algunos problemas sociales, educativos y por ende, culturales como hasta ahora lo hemos hecho.

La ciencia, convertida desde casi cuatro siglos en un nicho de saberes (claro, hablamos de los conocimientos científicos que encierra en su seno) reconocidos, aceptados y legitimados socialmente, cuyas comunidades se vuelven elites que compiten unas frente a otras, para determinar si sus conocimientos son válidos y dominantes o no, suelen atesorarlos tanto que sus equipos, grupos o empresas de trabajo impiden, o en su caso, facilitan, su divulgación.

Sabemos que la información es poder, aunque no siempre es saber; la información no es sinónimo de conocimiento y menos creer que todo conocimiento, por lo más pertinente que resulte es ya un conocimiento científico; la ciencia necesariamente es un conocimiento reconocido y legitimado como tal, la información en general (que no es ciencia) adquiere un interés particular para la literatura y en general para la cultura misma. Por ello, cuando se habla de información científica y específicamente de la divulgación de la ciencia, ésta es inherente a quienes la divulgan (no se diga quienes la difunden) y a la estructura en la que se asienta, aunque su valía solo se determina por la calidad de sus artículos o dispositivos que producen sus difusores y sus comités científicos que la evalúan y la autorizan.

Si las comunidades científicas han experimentado un largo proceso de institucionalización (y ahora de industrialización), y se les sigue distinguiendo, más que por su papel decisivo para transformar y mejorar a nuestra sociedad, por el poco apoyo que reciben para estimular la investigación o para darle continuidad y desarrollar ciencia, éstas por la propia percepción social de su naturaleza (grupos elite, nichos del saber, equipos-grupos cerrados) privan a la sociedad (o al menos eso se cree desde su sentido común) del acceso al conocimiento (o de la información de primera mano) de sus avances científicos. Por lo tanto, pareciera ser que el desafío que nos ha legado Moscovici, de hacer más común el conocimiento científico y ya no tanto hacer más científico el conocimiento común, está todavía muy lejos de alcanzarse.

Ciertamente estamos diacrónicamente muy lejos del siglo de las luces y muy cercas todavía del siglo del desencanto de la ciencia y la tecnología. Las promesas del renacimiento y la razón cartesiana como la mejor vía para alcanzar la verdad, y en particular para que la ciencia y la técnica se convirtieran en el acicate para conquistar el progreso de una sociedad subsumida en el obscurantismo de esa época, no ha sido fácil pues todavía la ignorancia y la pobreza continua lacerando lo humano. De ahí el desencanto padecido y el consecuente retorno a los enfoques espiritualistas que en el último lustro del siglo pasado presenciamos y que ahora pretendemos aprovechar como fortaleza y oportunidad frente al mundo tan contradictorio que tenemos a la vista.

Sabemos que este siglo denominado de la sociedad del conocimiento, y por otros es ya reconocido como el siglo de la sociedad del aprendizaje (en sus diferentes modalidades y formas que se produce y consume), la ciencia y la tecnología articuladas, han adquirido especial relevancia, sobre todo a partir de la segunda guerra mundial.

Ahora la ciencia, acompañada de la tecnología, o si gustan, la tecnología acompañada de la ciencia, se han convertido en las mejores mercancías cuya producción y circulación determina su valor. Pero ese valor, varía según de qué conocimientos científicos o dispositivos tecnológicos estemos hablando. Para nosotros la ciencia es parte decisiva del eje educativo y en general del desarrollo social. Mientras que la tecnología como el know how (la techné), es el saber cómo hacerle para que con el apoyo de nuevos recursos, instrumentos o dispositivos, resolvamos inteligentemente problemas socialmente relevantes, es por supuesto debemos fomentar el desarrollo de la ciencia y la tecnología, pues al país le urge una estructura económica y un capital humano con el talento y creatividad suficiente que participe en innovaciones y sea competitivo regional e internacionalmente.

De ahí su importancia en nuestra sociedad, desde una visión en la que la ciencia, a pesar de sus vicisitudes, sigue siendo el mejor camino para superar rezagos y alcanzar un desarrollo que asegure una mayor calidad de vida. Además, observamos que la ciencia no se reduce a las cosas simples, ya que está basada y orientada desde la teoría, y sin la teoría y su correlativa metodología científica, no pudiésemos hablar de ciencia. La tecnología, desde esta mirada es necesaria, preferentemente con el respaldo social y científico que merece y que debemos promoverlo para elevar su calidad y otorgarle mayor pertinencia social.

Vale la pena recordar que mediados de los años treinta del siglo pasado, el norteamericano Robert Merton, abordó el tema de la Ciencia, Tecnología y Sociedad (contextualizado en la Inglaterra del s. XVII y no la que conocemos de los juegos olímpicos). Entre sus propósitos era, mostrar la existencia de una relación del conocimiento científico, el desarrollo tecnológico y las condiciones sociales, económicas, culturales y políticas. Tema que ahora nos parece decisivo para la sociedad mexicana.

Para cerrar este artículo, preguntémonos ahora qué ciencia, qué conocimientos y qué tecnologías requieren atender los problemas de nuestra sociedad para los siguientes 18 años?, al menos.

Por ello, con arrojo pero no con menos cuidado, afirmamos que debemos comprometernos con una nueva actitud (personal y social), que sea capaz de empujar hacia un análisis más allá de lo científico y lo común, apreciando lo valioso de todos los saberes que sean pertinentes para la mejora de la calidad de vida de la sociedad, sus comunidades y personas. Insisto, una Psicología Cultural puede y debe contribuir a entender a la ciencia, a los científicos y a los tecnólogos así como a los poetas, literatos, comunicadores, intelectuales, extensionistas y a los mismos maestros, como la masa crítica que mucho puede ayudar a la conformación de un proyecto relevante en Ciencia y en Tecnología para participar en el posible cambio y mejora de la vida social en México.

*Doctor en Pedagogía/UNAM. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores.

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