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CHUY Y JOSE, PRECURSORES DEL CINE

Por domingo 29 de julio de 2012 2 Comentarios

Por Alfonso Inzunza Montoya*

Por allá en los años sesenta, la modernización del campo se iniciaba en todo el país, principalmente en las regiones donde la agricultura tenía más posibilidades de ser rentable.

Debido a ello, nuestra zona empezó a cambiar. De ser una labor rústica, con tiro de mulas, pasa a ser más moderna, con la llegada de los tractores.

Una de las muchas poblaciones que se incorporaron a ese cambio, fue Rosamorada, enclavada en un bonito valle de temporal, con terrenos fértiles y ganado de buena cría.

Dicho valle es cruzado por un hermoso arroyo que es delicia de chicos y grandes en época de lluvias.

Tiene algunos terrenos planos, otros en un lomerío suave y algunos cerros bajos, que se les conoce en la región como lomas.

Sus tierras fueron desmontadas a punta de hacha, dejando las raíces de los árboles enterradas, las cuales, algunas, eran desenterradas con el paso de los años por el arado que jalaba el tiro de animales.

Vivían allí y estaban dentro del grupo de los modernistas, dos hermanos muy trabajadores, simpáticos y guapos, además primos hermanos míos, se llaman Jesús “chuy el galán” y José “che”, que además de las cualidades anteriores, fueron los precursores del cine de caricaturas, pero de esas donde combinan al hombre y el dibujo animado.

Resulta que en ese tiempo, después de muchas horas y rascadas de cabeza, se pusieron de acuerdo y compraron un pequeño tractor marca Massey Ferguson, era modelo 35, año 61, con su respectivo equipo de arado, rastra y sembradora.

La compra se realizó en Guamúchil y fueron los dos a tomar un curso intensivo de su uso. José, más preguntón que el hermano, es el que llevaba la voz cantante, pregunta desde, cómo se prende, hasta como se apaga, pasando por los cambios de aceite y filtro, cantidad de diesel, etc., y la prueba de fuego fue, llevárselo rodando hasta su casa.

Prueba superada.

A trabajar se ha dicho. Ya estaban felices y contentos pues ya no tendrían que aparejar mulas –no agraviando- rendiría más el trabajo, terminarían más rápido y lógicamente sembrarían más.

El primer día de trabajo, cada cual en su casa, se levantaba a las 3 de la mañana -no les cabía el gusto y con mucha razón, además-, despertaban a las esposas, les pedían café, les robaban las faldillas (prendas de vestir que se usaban bajo el vestido) y se iban con ellas a limpiar el tractor.

Por supuesto que a esa hora el único que daba guerra era la mascota de José, un gato tuerto y muy enfadoso, lo toma en sus brazos, se lo acomoda en el hombro, silbando la balalaica y llevando en la mano una lámpara de tractolina (no había energía eléctrica), salía rumbo a la pajera (un techumbre de madera con tierra arriba y sobre ésta los alimentos para el ganado) de su corral, donde habían guardaron su bien amado equipo.

Al llegar, suspira fuertemente, le da un sorbo al humeante café, coloca la lámpara en el suelo y empieza a limpiar el tractor. De repente, siente una mano helada que se posa sobra la suya, se paraliza y muy quedo dice, ¿quiquiquién eeees?, ¡yooooooo!, le contestan con el mismo miedo, y no aguantando más, grita, ¡QUICAAAAA!, saliendo los dos como alma que lleva el diablo, eran los hermanos que pensaron hacer lo mismo, y por ser la hora que era, no se veía nada.

Todavía da José una considerable recompensa por su querido gato, ya que con el tremendo grito que dio, éste huyo y no se sabe dónde está.

Después de ese pequeño incidente y de una muy buena regañada de la Quica, pues despertaron a todo el barrio, se fueron a trabajar y a sacarle jugo a su 35.

Como trabajaban muy duro, acordaron que una semana trabajarían, uno de día y el otro de noche, a la semana siguiente se invertirían los papeles, acuerdo que les dio muy buen resultado.

En Rosamorada, en esa época, las funciones de cine las realizaban los húngaros y aparecían cada semana.

Chuy, siempre había soñado con ser parte de la industria cinematográfica. Hasta se quiso casar con una gitana. No lo aceptaron en la tribu, como decían ellos, porque el patriarca temía que las otras mujeres se pelearan por él.

En una de esas veces y que exhibían la cinta “Dónde estas que no te veo”, protagonizada por el tremendo Piporro, le tocó a Chuy trabajar de noche. Quiso cambiarle el turno a su hermano, pero éste, estaba muy cansado y se negó. Delante de él, su amorosa esposa, le sirvió la cena y para cuando Chuy cargó combustible, José ya estaba roncando.

Siendo ambos muy responsables, Chuy se fue a trabajar. Y, aunque estaba casado con una mujercita muy guapa, muy buena, hacendosa, respetuosa y bien hablada, siempre soñaba con su gitana y poder dirigir una película.

Allá donde andaba barbechando la tierra y resolviendo el problema que tenía con una escena muy complicada de un filme, escuchó la voz muy varonil de su cuñado el húngaro; ¡mis queridos amigos, faltan únicamente dos selecciones para empezar la función y no se les olvide paisanos, que es una película de muchas trompadas, carreras de caballos, intrigas, amores, pasiones, dos nada mas y nos arrancamos!

No aguantó Jesús y se vino. Dejó el trabajo.

Venía pensando, “José está dormido, ni cuenta se va a dar, voy, veo la cinta y al rato le sigo”.

Cuando llegó, escondió el tractor atrás de la pantalla, se fue a la taquilla, le cerró el ojo a la muchachota y ésta le dio un pase de cortesía, al tomarlo le sobó la mano y ella se puso roja de vergüenza.

Los cines los formaban con unos postes de madera colocados a cada tres metros de separados formando un rectángulo de ocho por quince metros, lo forraban con una manta que hacía las funciones de pared y que invariablemente estaba ya muy sucia. Al llegar, estaba la taquilla y el ingreso, al fondo, la pantalla. Si era de caché, había bancas, y si no, a llevar silla.

Se inicia la función y cuándo estaba en lo más interesante, se va el sonido, escuchándose por el altavoz, ¡al señor, Chuy el galán, lo solicitan en el pórtico!

Cómo tenía cola que le pisaran y pensando que era José, sale por debajo de la manta y sigilosamente se encamina hacia el tractor, lo prende, lo acelera hasta el fondo, mete cambio y sale disparado.

Al caminar el tractor como diez metros, se escucha un griterío en el cine.

El escándalo es mayúsculo, dentro de la sala hay un corredero de sillas y un tumbadero de viejas, la pantalla se hace curva y el piporro que en ese preciso momento le estaba disparando a unos facinerosos, parece que les dispara al público y el temor general era salir herido.

Resultó que al cachora –famoso vago de la población-, le habían dado un garrotazo en la cabeza, pues quiso barrerse la manta para entrar a ver la función.

En venganza y de puro travieso, amarró el tractor al poste central de la pantalla, pidió que vocearan a Chuy, las consecuencias ya las saben.

De allí le nació la idea a Chuy de las películas que ya les mencioné. Desgraciadamente por andar sembrando, los gringos se la robaron.

*Constructor.

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2 Comentarios

  • Leticia Maza dice:

    Qué tarde de carcajadas con este relato, que rico. Y como la risa y sobre todo las carcajadas se contagian, mis vecinos de mesa, en este conocidísimo café veracuzano, fueron receptores de varios ejemplares de La Voz recién recibidos y coincidieron conmigo, que un café bien platicado o bien reído, el sabor se magnifica. Me encantó.

  • Rosa Ma. Marín dice:

    Muchas gracias por este rato de disfrute, distracción y alegría.

    Saludos

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