Nacional

Un encuentro memorable con Rodolfo Usigli

Por domingo 22 de julio de 2012 Sin Comentarios

Por Juan Cervera Sanchis*

El autor de “Corona de Luz” es un hombre avasalladoramente simpático a más de poseer un ingenio que yo catalogaría de chispeantemente encantador. Es un hombre que viene de vuelta y viniendo de vuelta de todos los caminos sabe sonreír y poner y hallar fragancias en las grandes y pequeñas cosas de la vida. Es pues un hombre de esos a los que la gloria no suele embriagar.

Nuestro encuentro con Usigli acaeció en la Unión Nacional de Actores. Acompañaba al maestro su hijo Sandro, quien aparte de hacer los naturales “oficios” de hijo, hacía otros más, por lo menos aquella noche, como son los de secretario y hombre de confianza.

-Oye, Sandro, llama a Finisterre, le dijo refiriéndose al conocido editor, añadiendo: Sandro, ¿dónde almorzamos mañana?.

Sandro era la memoria y la voz de su padre y nos gustó mucho esta identificación entre padre e hijo. Sentimos que aparte de los vínculos de sangre, Rodolfo y Sandro, eran también dos entrañables amigos.

Allí nos acompañaba también el Secretario de la Unión Nacional de Actores: Alfredo Robles, viejo y gran amigo de Mario Moreno “Cantinflas”. Hicimos ronda de amigos al amparo del magnetismo de Rodolfo Usigli y, entre bromas y veras, dimos comienzo a nuestra entrevista que, finalmente, la acabaríamos en Sanborns en compañía de otro singular personaje, el pintor más clásico de México: Manuel Rodríguez Lozano, el hombre que dijo un día a Picaso, cuando el malagueño presumía allá en París de dinero, una frase inolvidable:

-“Mira, Pablo. Déjate de tonterías, con el dinero sólo se compra miseria”.

Picaso no supo que contestar. ¿Qué podía haberle dicho? Hay cosas de las que nadie puede presumir, y menos de dinero, por más que éste le sobre.

Fue, sí, nuestro encuentro con Rodolfo Usigli, un venturoso y luminoso encuentro. Nosotros le recordamos al maestro aquella frase lapidaria que, refiriéndose a él, pronunciara Bernard Shaw:

“México puede matarlo de hambre, pero nunca negar su genio”. Usigli simplemente sonrió tras oír de nuestros labios la cita. Luego hablamos de poesía. Él nos anunció que estaba por salir en Milán, Italia, un libro de versos suyo titulado: ”Tiempo y memoria en conversación desesperada”. De este libro, Usigli, dijo en voz alta estos versos:

“Dicen que el amor es duro, pero no dura el amor; el diamante más seguro es más seguro carbón.” Gran dramaturgo es Rodolfo Usigli y, como poeta, no es menos grande. Es por eso que yo lo llamo poeta dramático. Sí, hablamos de poesía antes que nada, porque sigue siendo verdad, para algunos de nosotros, aquello de Juan Ramón Jiménez: “Amor y Poesía cada día.”

-Para mí el tiempo y la memoria son los padres de la poesía, nos dice.

-¿Los poetas predilectos de Rodolfo Usigli?

*Baudelaire, Rimbaud. Elliot, López Velarde, el verdadero padre de la poesía mexicana y, desde luego, José Gorostiza. Hizo aquí una pausa y continuó: Yo pensé en otro tiempo que Carlos Pellicer iba a ser el mejor poeta de México, pero ahora he rectificado y sé que es Gorostiza. Pellicer es, sin duda, un buen poeta, su poesía es pintoresca y brillante dentro de la tradición chocaniana.

-Maestro, hablemos de teatro, ¿cuál es el significado del teatro para usted?

-El teatro es el único género literario que permite la comunión.

-Bien, ¿y que opina Usigli sobre el concepto que el hombre ordinario tiene respecto al teatro, es decir, el teatro tomado como una simple diversión?

-Yo creo que el público acepta todo lo que se le da, pero distingue lo bueno de lo malo. Hay un público que busca la expresión o sentido de la realidad. El teatro que abre la conciencia.

-¿Para que sirve al hombre el conocimiento del teatro en su vida ordinaria?

-Para conocerse a sí mismo.

-¿Es un invento del hombre el teatro?

-Sí, el hombre inventó el teatro porque a través del teatro sintió que podía comunicarse con los dioses y, desde Sófocles, el teatro sirvió para la comunicación del hombre con el hombre y para la crítica del hombre.

-¿Cuál sería la diferencia entre el concepto que tuvo –o tiene- Shakespeare del teatro y la de Rodolfo Usigli?

-Esto no puede aventurarse, pero creo que es el mismo: expresar al hombre y expresar al mundo.

-¿Cree Usigli que el teatro debe darse en función de un pequeño núcleo social o, por el contrario, debe abarcar al pueblo entero?

-El pueblo entero, si comulga con el teatro, ya forma parte de él y, decididamente, el poeta dramático debe hacer que todos participen en la comunión del drama, porque el teatro, según Bernard Shaw, debe ser, y ha sido en sus grandes época, una catedral.

-¿Para que le sirven al espectador las impresiones teatrales?

-Para lo que sirve el arte en general; para estimular el sentimiento de cosas superiores, pero que siendo superiores guardan relación con el porque lo expresan.

-Una pregunta fuera de lugar: ¿Quién es Usigli?

-Usigli es un hombre que es diplomático por accidente y poeta dramático por fatalidad.

-Volviendo al teatro: ¿La tesitura de un personaje tiene cambiantes?

-Sí no hay una evolución en el personaje no hay catarsis. Pero en el teatro bueno siempre la tesitura de un personaje tiene cambiantes. El Rey Lear se vuelve loco y recobra su razón. Edipo cumple su destino y se arranca los ojos. Hamlet pasa de la indecisión a la acción. Siempre tiene, pues, que haber una evolución, sino no hay acción y movimiento, y para mí la poesía del teatro es la acción y no el diálogo. Sí, sí, la poesía está en la acción.

-¿Por qué usted como autor evidencia los problemas y no los resuelve?

-A esta pregunta voy a contestar contándole una anécdota. Tuvimos un gran poeta en México, que fue ministro de México en Madrid. Este poeta, que se llamaba Enrique González Martínez y creo que es sobradamente conocido y que era simbolista en gran parte, combatió la teoría de Rubén Darío, escribiendo contra el cisne rubeniano. En un soneto suyo dice así: “Tuércele el cuello al cisne de engañoso plumaje”, pues también González Martínez concedía la supremacía al búho pensador. Quizás por eso en todas sus poesías, nuestro gran poeta, hablaba del más allá y de una puerta que se tiene que abrir un día ante uno para revelarle lo mejor. El entonces presidente de la Academia de la Lengua, que era Federico Gamboa, le reprochó al poeta que siempre nos dejaba frente a la puerta del misterio, pero nunca llegaba abrirla. González Martínez le contestó así: “Yo no soy Dios”. En fin, pero quizás estemos obligados a entreabrirla por lo menos, ¿no cree?

-Sí creo, como no.

-Bien, díganos ahora, ¿la literatura que usted necesita para escribir sus obras es un medio o un fin?

-Yo leo profesionalmente las cosas serias con un espíritu crítico y sólo me divierten las novelas policíacas, con ellas descanso.

-Correcto, pero veamos, ¿cómo fue que nació su vocación teatral?

-Con mis dedos que eran personajes. El dedo cordial era El Rey; el índice El Consejero, el anular La Reina; el meñique El Paje, el pulgar El Bufón. Así en la mano derecha y, en la izquierda, estaban los opositores: El aspirante a la corona, el aspirante a consejero y la aspirante a reina etc. Todos estos personajes discutían entre sí y de este modo fue como aprendí yo el diálogo.

-Lindo modo de aprender el diálogo. Díganos: ¿En qué se inspira usted para escribir sus obras?

-Recibo la impresión y, cuando la recibo y hago contacto, escribo.

-¿Cómo ve Usigli el panorama teatral en México?

-Sin mucha claridad, se ensaya un poco todo, pero no hay una línea definida. Hay una frase revolucionaria, pero muy expresiva. Dice así: “Cada cual se compra su cañoncito para hacer la guerra, pero no hay un punto de confluencia para los cañonazos”.

-¿Y hacia donde cree usted que va el teatro mexicano?

-Si yo supiera sería zahorí.

-¿Qué autores nacionales actuales destacaría usted?

-Hay algunos que han triunfado como Luis G. Basurto, que es de los que mayores éxitos ha tenido de público. Están otros como Carballido, que es un autor muy estimable, Luisa Josefina Hernández y Sergio Magaña. Todos ellos se han significado en su medida, pero si se trata de escoger yo me quedo con Basurto, porque tiene mucho sentido de la emoción dramática, y con Luisa Josefina.

-De entre todas sus obras, ¿cuál prefiere usted en lo particular?

-Todas, pues todas ellas son hijos y con iguales derechos. Hijos bien paridos y hechos a mano. En todas mis piezas se encontrará un aire de familia; pero todas y cada una de ellas son enteramente individuales.

-¿Cuáles son sus autores preferidos?

-Los que yo trato de seguir y respetar. Empiece con Sófocles y Aristófanes, siga con Shakespeare y Moliere, deténgase un momento en esa sociedad civil de capital limitado que e el teatro español del Siglo de Oro (Lope, Tirso, Calderón, Alarcón etc.) y salte luego al siglo XIX: Alfredo Mosset, Ibsen, Strinaberg, Bernard Shaw y pare usted de contar.

-Parado me quedo como un centinela y le pregunto: ¿Qué le aconsejaría a un joven con vocación teatral?

-Que estudiara, que leyera y que viera buen teatro. Yo pasé diez o doce años de mi vida leyendo un promedio de tres piezas diarias antes de escribir. Mi primera obra.

-Pues ya saben los autores noveles. ¿Qué le parece si jugamos con preguntas al azar?

-Adelante.

-¿Díganos el nombre de una flor?

-La rosa.

-¿El de una mujer?

-Eva.

-¿El de un pueblo?

-México.

-¿Qué es el amor?

-Un aroma fugaz.

-¿Qué edad tiene usted?

-Setenta y dos años.

-¿Qué cosas ha aprendido un hombre a su edad?

-Que siempre tiene que volver a empezar. Hay un dicho mexicano que reza: “Hay que renacer cada día”.

-¿Qué es la experiencia?

-La experiencia es el salario del fracaso, aunque también es el resultado del conocimiento.

-Una última pregunta: ¿A qué aspira hoy por hoy Rodolfo Usigli?

-A vivir en paz.

-Que se cumplan sus deseos y muchas gracias por su amabilidad para con nosotros.

Aquí pusimos punto final a nuestra entrevista con el autor de “Corona de Luz”, “El niño y la niebla”, “Sueño de un día”, “La familia cena en casa”, El gran circo del mundo”, “El gesticulador”, “La corona de fuego”, “La diadema” y “Corona de sombra”, entre muchas otras.

Rodolfo Usigli vino al mundo en la ciudad de México en 1905 y, se despidió de él, en la misma ciudad, el año de 1979. Al morir contaba 74 años de edad.

*Poeta y periodista andaluz.

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