Nacional

Una carta para mi padre amado

Por domingo 24 de junio de 2012 Sin Comentarios

Por Alberto Ángel El Cuervo*

Tuve un padre… Lo tengo aún… Porque jamás se ha ido de mi lado… Mi padre era capaz de desgastar dos o tres noches seguidas si en ellas había música y canto… Era capaz de desafiar a los poderosos si se trataba de defender lo justo… Era capaz de desafiar la muerte si se trataba de luchar en lo que fue su apostolado mayormente sublime, la medicina… Por las noches inunda mis sueños de consejas, y su manera brusca de amar, ahora se ha dulcificado… Tuve un padre, era un viejo hermoso… Aún lo tengo conmigo… Porque siempre que la angustia me invade, siento su brazo fuerte servirme de apoyo y su sonrisa hace brillar el sol aunque la tormenta no quiera amainar… Su honestidad a toda prueba, me hace pensar que los hombres de entonces, eran de una madera más rara cada vez… Muchas cosas aprendí de mi padre… Muchas más sigo aprendiendo… Me enseñó, por ejemplo, a sentir vergüenza cuando mi conducta así lo mereciera… Me enseñó por ejemplo, a llorar sin que ello significara cobardía… Y me enseñó que debía crecer en todos sentidos aún cuando él, que predicaba sus errores, no lo hiciera, porque “haz lo que yo digo, no lo que yo hago”… Tuve un padre… Lo tengo aún… Por las tardes, se entregaba a la hamaca y cantaba “Nochecita” y sus ojos volaban como si en el vuelo llegaran hasta aquella selva del sureste petrolero donde logró cortejar a una niña morena que a los quince años se convirtiera en su esposa de por vida… Nunca pudo aprenderse otra canción completa… Pero cuando comenzaba a cantarla, la emoción de quien le escuchara surgía sin posibilidad de evitarlo… “Nochecitaaaaa que de ensueñoooo fue mi vidaaaaaaaa… Cuando mi amooooor sin tu cariñooooo, se quedóooooooo… Con el almaaaaa en mil pedazos, yo te digooooooo… Que he sufridooooo, la más tristeeeeee decepción…” Soñó con ser director de orquesta y viajó a Europa por primera vez, para mostrar que el mar no era lo suyo y ahí él y mi madre, se hicieron novios otra vez, justo cuando los años se asoman al tedio, por eso el viaje logró finalmente su objetivo… Mi padre bailaba hasta el amanecer sin cansarse… Y mi madre le hacía comparsa sin objeción alguna… Sólo él y mi madre seguían en pie hasta que los músicos daban por concluido su trabajo a riesgo de ir a consultarlo al hospital víctimas de un infarto… La música se le daba a toda hora, con cualquier motivo… Las tardes de mi infancia siempre se alimentaron de aquellos cantos cuando el calor de mi sureste se veía alimentado por el calor de la bohemia en donde mi padre pedía indefectiblemente que Carmita, mi madre, le cantara “Sabrá Dios”… Y Álvaro Carrillo se hacía presente en la guitarra del Maestro Cambranis, acompañante insustituible para las reuniones a las que yo me asomaba envuelto en el temor de ser descubierto… Los niños no podían participar en las reuniones de adultos… Nunca entendí por qué, pero tampoco intenté desafiar el axioma… Tuve un padre… Aún lo tengo… Viaja en mi corazón y mi pensar cada mañana y recibe mi beso y yo su bendición antes de dormir… Fue un viejo bello y tal vez, el más imprudente de los imprudentes… Pero jamás tuvo problemas por su proceder porque hasta su imprudencia fue siempre honesta… Nadie más que él pudo haber cometido aquella imprudencia con aquel empresario de aquel “palenque de gallos”…

—Viejo, acuérdate que el empresario es del cuerpo de seguridad de la esposa del Presidente…

—Sí, ya me lo dijiste… No me lo tienes qué repetir… Yo manejé obreros petroleros que eran verdaderamente problemáticos, yo sé cómo conducirme, no te preocupes, no soy un chamaco para que me estén regañando…

—No, no es regaño, sólo te pido lo tomes en cuenta para que no vayas a hacer comentario un poco imprudente acerca de su trabajo…

—¡Ah, qué joder…Ya te dije que sé cómo comportarme…! Hubieras visto con quiénes tuve que lidiar… Esos sí eran terribles…

Al llegar a Arcelia, Guerrero, donde estaba el Palenque, el empresario nos recibió… De inmediato hice nuevamente una advertencia velada a mi padre acerca del oficio que el empresario desempeñaba cuando la feria de Arcelia, su pueblo de origen, se terminaba…

—Mira, viejo, te presento AL EMPRESARIO DEL PALENQUE… De quien te venía hablando ¿te acuerdas…?

—Sí, sí, mucho gusto… Así que es usted “Guarura…”

La cara de sorpresa y preocupación que puse por la imprudencia de mi viejo, no pasó inadvertida para él y de inmediato trató de enmendarlo diciendo:

—Bueno, bueno, no “guarura”, pistolero pues…

La risa del empresario no se hizo esperar al verme tan preocupado y al sentir la espontaneidad de mi viejo… Todo terminó en una parranda de ellos dos y al día siguiente regresamos cargados de regalos… Así era mi viejo amado… Y así con todas sus imprudencias y su honestidad proba, caminaba con la frente en alto y el corazón dispuesto… Mi padre, un tiempo, lo podía todo, lo sabía todo y de todo nos protegía… Y un día mi padre se convirtió en protegido, en un hijo otra vez… Un niño frágil y melancólico que dejaba la mirada volar a la añoranza cuando fue “un niño feliz… Así fue mi infancia, todo lo tuve… Yo creo que por eso aprendí a condolerme del que nada tenía… Por eso aprendí a detestar lo injusto…” Hoy (ocho días más tarde para ti, lector), escribo esto en homenaje a mi viejo en el día del padre… Día que surge como una fiesta casi particular a iniciativa de Sonora Smart Dodd en USA, se declara en el año de 1966 día del padre el tercer domingo de Junio. Pero no sólo existe este festejo. Así, en Alemania, por ejemplo se festeja al padre el 23 de mayo aunque son dos festejos: el “Vatertaag” y el “Herrentaag” donde sólo los  hombres se van a la montaña con vino y cerveza a festejar su día… En España, surge el festejo “por envidia del festejo del día de las madres” en una pequeña escuela de la “Dehesa de La Villa” y en 1953 por iniciativa de “El Corte Inglés”, se adopta como festejo el mismo día de San José… En Nicaragua, el día que se escogió para festejar al padre, fue el 23 de Junio… El día que fuere, el padre es festejado de manera especial una vez al año, o dos, como en Alemania… Vaya pues, a ese mexicano ejemplar, el Dr. Alonso Bustillos Rosado, mi padre, mi viejo amado, el que defendió al humilde contra las injusticias y renunció a una dirección médica porque no quiso formar parte de la cadena de corrupción… Vaya para él este homenaje con todo el cariño y la nostalgia por su presencia siempre amorosa y formativa… Benedetti, decía: “De haber tenido un hijo/ acaso no sabría qué hacer con él/ salvo decirle adiós cuando se fuera/ con mis heridos ojos/ por la vida…” Tal vez, hasta que se es padre, aprende uno a ser un verdadero hijo…

*Cantante, compositor y escritor.

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