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Un vuelo robado

Por domingo 29 de abril de 2012 Sin Comentarios

Por Arturo Sabinas Alonso*

Hace muchos, pero muchos años, cuando la tierra era dominada por los dinosaurios, aparecieron unos enormes animales llamados dragones, que eran de aspecto feo y repugnante, sus caras semejaba una culebra escamosa, con ojos rasgados de forma diabólica, sus cuerpos eran como el de un reptil venenoso, con una larga cola que al final terminaba en punta, además de ser mentirosos y marrulleros, siempre andaban buscando problemas y envidiando las cualidades de los demás, ese era el caso particular de Dragoberto, un dragón joven, muy fuerte, pero con una alma negra, y que a menudo se preguntaba -¿por qué no somos rápidos como los felinos? -¿por qué no tenemos las habilidades de los primates? – ¿por qué no somos tan inteligentes como los zorros?, – pero la pregunta que más se hacía y que se había convertido en una obsesión para Dragoberto, era la de cómo poder volar como las aves, ya que en esos tiempos los dragones no volaban, es por eso, que nada de lo que le había regalado la vida lo tenía conforme, por esa razón se pasaba horas observando a cada uno de los animales que le rodeaban en ese bonito lugar, que era un paraíso precioso lleno de enormes árboles, grandes cascadas y hermosos paisajes, esto lo hacía desde lejos porque la verdad, nadie le tenía confianza, puesto que la mayoría de las veces en donde estaba surgían problemas por su manera de ser.

Un día se decidió a conseguir su objetivo a costa de lo que fuera, lo comentó con algunos de los dragones que eran familiares y amigos, diciéndoles –Dentro de poco voy a volar libremente como las aves, pero éstos, en lugar de darle un consejo o de alentarlo en su propósito, se rieron de Dragoberto, diciéndole además que estaba loco, que cómo le iba hacer para conseguir su objetivo, Darío que era el dragón más viejo de la comunidad le dijo de una manera enérgica, –deberías conformarte con lo que tienes, ¡déjate de andar pensando tonterías!, ¡Ya casi eres un adulto y no maduras!–, por un momento Dragoberto pensó en olvidarse del asunto, pero su ambición de poder volar lo hicieron retomar su propósito y empezó por comportarse como un caballero con los demás animales, era muy atento y respetuoso con todos, también dejó de causar problemas entre los compañeros ganándose poco a poco la confianza de algunos, ésto lo hizo por mucho tiempo, hasta que poco a poco fue tomado en cuenta para los juegos que se organizaban dentro del reino animal. Era el único de los dragones que se veía integrado en dichos juegos, porque los demás se seguían viendo con cierto recelo y desconfianza, a causa de que no hacían nada por mejorar su comportamiento, solo se la pasaban burlándose de Dragoberto por la actitud que había asumido.

Entre las nuevas amistades de Dragoberto se encontraba una hermosa gallinita llamada Gladillina, que era excelente amiga, además de tener un vuelo majestuoso, porque en ese tiempo las gallinas volaban excelentemente, de árbol a árbol y también grandes distancias, de un país a otro, eso le interesaba al dragón, porque desgraciadamente la había escogido como víctima para apropiarse de sus alas. Por su parte Gladillina era de corazón noble y creía en Dragoberto, además de que le daba lástima porque todavía había compañeros de juego que lo trataban mal por la desconfianza que le tenían y por la descendencia de la que provenía, así es que ella jugaba con toda confianza con él por ese motivo, Drago por su parte, se comportaba como todo un caballero haciendo un papel de buen, pero muy buen compañero ganándose día a día aún más la confianza de su amiga. Un día, después de jugar por un buen rato, quedaron un poco cansados, se recostaron uno junto al otro para tomar un descanso y empezaron a platicar de sus sueños, Gladillina comentó los suyos, cuando tocó el turno de Dragoberto miró que tenía la oportunidad de llevar a cabo su macabro plan, así es que dijo, -a mí lo que más me gustaría hacer es volar por un instante, pero desgraciadamente no puedo porque no tengo alas-, se hizo un silencio donde Gladillina ni Drago dijeron nada, así es que esto lo aprovecho Dragoberto y con voz lastimosa dijo,-¡préstame tus alas para que pueda cumplir mi sueño!-, Gladillina contrariada por la petición que le hacía su amigo, porque desde pequeña le habían dicho que sus alas no debía prestarlas a nadie, con voz triste le contestó, –no puedo Drago, toda la vida me han dicho que mis alas no debo prestarlas a nadie-, el dragón por su parte y sabiendo del enorme corazón que tenía la gallinita, con la voz aún más lastimosa respondió –ándale ¿qué no somos amigos?, sólo doy una vueltita para cumplir mi deseo y te las regreso no voy a tardarme, te lo juro no seas malita-, Gladillina se sintió comprometida, además de sentir pena por él y creyendo que hacia lo correcto, tomó la decisión equivocada con la finalidad de que su amigo cumpliera su sueño. Con movimientos extraños se quitó las alas y le ayudó al dragón a ponérselas. Una vez que Drago las tuvo puestas le dijo -por fin voy a volar y como voy a disfrutar la cara de los que me vean hacerlo-, por su parte Gladillina solo le dijo -¡no te tardes!-, el dragón ni siquiera le contestó.

Salió volando despavorido y Gladillina esperó por horas, por días y nunca volvió, lo que hizo que la gallinita tuviera una fuerte desilusión y se pusiera inconsolable, sus compañeros le decían ¿cómo pudiste prestar tus alas? y luego ¿a quién se las prestaste? Eso en lugar de reanimarla la desconsolaba más. Tiempo después, cuando ya casi se resignaba Gladillina a quedar sin alas, fue llamada por el rey de todos los animales, que era un rey sabio y muy justo. La gallinita asistió puntual a la cita y su sorpresa fue muy grande cuando al lado de donde iba a estar ella se encontraba Dragoberto sentado limpiando sus alas y con una sonrisa cínica; Gladillina no pudo más y explotó diciendo, -¡ladrón devuélveme mis alas!-, ¡rey el me robó mis alas castíguelo!- por su parte Dragoberto con rostro burlesco reía silenciosamente, entonces el rey habló. -¡Silencio!, bueno, aquí en este caso ya tengo conocimiento de lo que pasó, porque todo lo que pasa dentro de mi reino yo lo puedo ver, aquí se cometió una injusticia contigo Gladillina, por eso debo dar un veredicto que sea justo para ambos asumiendo su responsabilidad cada quien, además de ponerle remedio para que no vuelva a suceder, aunque hay cosas que ya no tienen corrección-, dijo el rey. Por principio de cuentas el dragón conservará las alas y de aquí para adelante todos los demás nacerán con ellas, para que no anden causando problemas con los animales alados, cuando Drago escuchó eso su sonrisa se hizo más notoria, no así para Gladillina que aumento su desconsuelo y su llanto no se hizo esperar y con un tono de tristeza dijo, – no es justo, no es justo, -¡silencio! volvió a indicar el rey, las decisiones las tomo yo, a ti, mucho se te advirtió que nunca prestaras tus alas, sin embargo, no hiciste caso y eso debe de tener una consecuencia, pero a ti dragón no puedo darte las alas y dejarte ir, también tendrás un castigo por la forma en que obtuviste esas alas, el cual será que jamás vuelvas a hablar con nadie del reino animal, además, cuando abras la boca, de ella solo saldrá fuego, y serás usado como guardián de castillos embrujados, así como también estarás sometido por ogros despreciables para usos que ellos mismos te asignen, combatirás contra príncipes y sus espadas siempre te vencerán, cuando escuchó todo eso el dragón no lo podía creer y preguntó -¿todo eso merezco señor?, -¡eso y más! y guarda silencio no quiero ni hablar contigo-. –En cuanto a ti gallinita, te regalo otras alas, pero más pequeñas para que nadie te las robe, ya que tu buen corazón te puede llevar a otra situación como ésta, estas alas no te servirán para volar grandes distancias, pero sí sirven para ponerte a salvo de los depredadores que te acechen, y con ésto doy por terminada la sesión. Al escuchar eso la gallinita se llenó de júbilo y regresó a casa con sus alas nuevas y orgullosa de haberlas recuperado no como las que tenía pero al menos con esas, ya nadie se las envidiaría, después de algún tiempo el dragón fue atrapado por un ogro que lo encadenó con fuertes argollas para cuidar el castillo embrujado donde vivía rodeado de enemigos, ahí lo tuvo haciendo la tareas mas atroces, hasta que el ogro robo una princesa de la cual se había enamorado, de un reino cercano y al ser rescatada por su prometido que era un príncipe muy valiente, Dragoberto con el corazón atravesado por la espada del valeroso personaje, encontró la muerte como se lo había advertido el rey, cuando se opuso a que rescataran a la soberana, por su parte Gladillina vivió muy feliz por el resto de su vida, rodeada de muchos pollitos y de todos sus amigos, nunca olvidó esa experiencia tan desagradable que le toco vivir, porque se la fue contando detalladamente a cada uno de sus descendientes para que jamás cometieran el mismo error de prestar sus alas como ella lo hizo.

*Docente/Guamúchil.

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