Estatal

Día de la Mujer

Por domingo 11 de marzo de 2012 Sin Comentarios

Por Joel Isaías Barraza Verduzco*

Woman, is the nigger of the world. Yes it is. If you don’t believe it,
just take a look at the one you’re with.
John Lennon.

María suda como siempre, ensopando el vestido que se pega a su cuerpo esbelto y moreno. Las piernas fuertes brillan carnosas mientras desliza el trapeador sobre el mármol del piso del pasillo. El Hotel del Mar se encuentra tranquilo. Casi todos duermen, pero no María y las empleadas de limpieza del turno de noche. El administrador nocturno cabecea el segundo sueño mientras las cocineras limpian los utensilios que serán usados durante el desayuno. Para la joven mujer su turno termina. Es la milésima pasada de limpieza infinita que tiene que realizar en estos días de su pobre vida.

En su casa el aumento de la renta, el incremento en las tarifas de la luz y del gas y el abono de los muebles, la obligan a trabajar haciendo turnos extra, pues su marido es uno de tantos desempleados.

María canta en voz baja mientras termina la rutina al final del balcón frente al mar. Introduce el trapeador en la cubeta de plástico, endereza el cuerpo poniendo las manos sobre las caderas y se estira, produciendo un chasquido con las vértebras al regresar a su posición natural. Seca el rostro con la franela gris que lleva sobre un hombro y deja ver un cuerpo fuerte y grácil de músculos alargados y esbeltos, que se han desarrollado por el trabajo de los años y la necesidad. Todavía es una mujer hermosa. Con ropa fina, no tiene por que envidiar la figura y el porte de ninguna de las huéspedes del hotel de lujo.

Deja los utensilios de trabajo, perfora su tarjeta, atraviesa la sala principal todavía vacía y saliendo al malecón, toma la camioneta colectiva que la lleva con otras compañeras cada madrugada hasta sus casas, a las orillas de los malolientes esteros, en los márgenes de la ciudad porteña. En el trayecto, algunas mencionan que se festeja el día de la mujer, haciendo chistes al respecto.

Las calles están envueltas por la bruma y lucen vacías y sucias. El sol todavía no asoma la nariz y sin embargo ya promete un día caluroso. Abre la puerta de la casa rentada escuchando la risa inocente de las compañeras que se alejan, luego, cerrándola sin hacer ruido se dirige al baño, al final del corto pasillo que separa la cocina-comedor del único dormitorio, donde descansa su pareja.

Recién bañada, con el pelo todavía húmedo y perfumada, María se introduce en la cama junto a José y lo arropa con los brazos y las piernas. José habla dormido algo indescifrable y se da la vuelta, separando su cuerpo del de ella. María insiste, apretándose contra él mueve la pelvis restregándola rítmicamente contra sus nalgas. Estirando el brazo por encima del tibio cuerpo masculino toma el pene y comienza a sobarlo con suavidad, presionando ligeramente los testículos. Él tiembla un poco y parece agitarse.

-José, – dice María despacito al oído del durmiente, mordiéndole la oreja, – es día de la mujer y acabo de bañarme. Él encoge las piernas sacándose la trusa, se da la vuelta quedando frente a ella, se coloca encima con rudeza, le sube las piernas hasta los hombros doblándola para después penetrarla con violencia.

-Despacio mi amor -susurra María-, se más sutil-. Sin oírla, él vuelve a penetrarla varias veces hasta que alcanza el clímax con un estertor. Luego, retirando con brusquedad el pene se distancia de ella dándole la espalda, recuperando la posición fetal se queda dormido. No pasa mucho tiempo para emitir el primer ronquido. María permanece con los ojos y la boca abiertos. Vacía. Como sonámbula estira la mano hasta la superficie del pequeño buró de aserrín prensado. Tomando un cigarrillo del paquete de José lo enciende. Dando la primera fumada inhala un sollozo en silencio, limpiando con la orilla de las sábanas los arroyos de lágrimas que mojan su rostro perfumado.

(Para todas las mujeres de los países pobres y explotados, con este pobre amor que no las hace ricas.)

*Antropólogo investigador/AHGES

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