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Entender el valor de la educación y los maestros, para respetarlos

Por domingo 4 de marzo de 2012 Sin Comentarios

Por Miguel Contreras Montoya*

En Sinaloa de cada 100 alumnos que ingresan a primaria, egresan 85; de éstos, 62 concluyen la secundaria luego, 36 completan el bachillerato y, sólo 11 obtienen título profesional.

En la Evaluación Nacional del Logro Académico en Centros Escolares (prueba ENLACE), entre 2006 y 2010, Sinaloa tuvo descensos sostenidos. En educación primaria, en Español pasamos del lugar 12 al 24, y, en Matemáticas, del 4 al 13. En secundaria, en Español pasamos del lugar 19 al 20. En el Programa Internacional de Evaluación de Estudiantes de la OCDE (Prueba PISA), en 2009, Sinaloa tuvo 405 puntos en Ciencias, cuando el mínimo deseable era de 501. Reprobamos y sólo estuvimos por arriba de seis estados. En Lectura ocupamos el lugar 21 y, en Matemáticas el 15. Éramos de los estados más bajos pero, vino enseguida un nuevo aire: los mismos maestros redoblaron el paso y nos situaron por encima de la media nacional, lo que ya es bueno pero puede y debe mejorar mucho más.

Menuda tarea para este gobierno estatal, que dice que la educación mejorará sensiblemente en todos sus niveles. Personalmente quisiera creerlo, primero, porque nos urge que sea cierto, luego, porque la calidad de nuestros alumnos y docentes es tan buena como la del resto del país y, tercero, hasta por el claro discurso del titular del ramo: veremos.

Desde siempre y casi intuitivamente, los mexicanos asistimos a escuelas para educarnos, porque es ése el gran anhelo de los padres, quienes, al decidir qué legar a los hijos para la vida, optan siempre por darles educación. Pero cuál educación darles y, para qué les sirve.

Si las pruebas PISA y ENLACE muestran a nuestros niños y jóvenes reprobados, más que reprenderles, debemos entender que, con ellos, reprobaron sus maestros, sus directivos, sus escuelas, los gobernantes y, los padres y madres que no vigilaron el trabajo de las escuelas.

Que a los niños y jóvenes les va mal en las escuelas no es nuevo, no es privativo de Sinaloa y México y, no lo entendemos a plenitud en todo el mundo. Pero, cuidado, que sea mal de muchos no debiera consolarnos.

Para empezar a entender esto, de 2006 a 2007, la firma McKinsey & Company desarrolló un estudio, para comprender por qué los sistemas educativos con más alto desempeño del mundo, tienen resultados muy superiores que la mayoría, y; por qué sólo ciertas reformas educativas son exitosas. Este trabajo reporta la experiencia educativa de 25 países, incluso diez de los que tienen mejor calificación en la prueba PISA.

La educación y sus logros, es tema de la mayor parte de los gobernantes del mundo y, al parecer todos, quisieran tener mejores resultados. Las evaluaciones, empero, deja muy mal parada a la mayoría, lo que muestra que no bastan las buenas intenciones declaradas, ni los ambiciosos intentos de reforma, ni mejorar la infraestructura, ni disminuir el número de alumnos por aula y maestro y, ni siquiera, los montos de inversión.

Entre lo que encontró McKinsey & Company, está: Menos de 1% de los niños de África y Medio Oriente, se califican igual o mejor que el promedio de Singapur, país de los más altos en desempeño del mundo pero, que gasta menos en educación primaria que 27 de los 30 países de la OCDE. De ocho países (Bélgica, Inglaterra, Japón, Alemania, Italia, Francia, Nueva Zelanda y Australia) que por 15 años aumentaron su gasto educativo, sólo Japón e Italia, mejoraron, y muy poco, los resultados.

En Finlandia, los alumnos ingresan a la escuela hasta los siete años de edad, y van a clase de cuatro y cinco horas en los dos primeros grados. A los 15 años de edad, empero, son los mejores del mundo en pruebas de matemáticas, ciencias, lectura y resolución de problemas.

McKinsey & Company, identificaron tres aspectos presentes en los sistemas educativos exitosos: 1)logran tener a las personas más aptas para la docencia, 2)logran desarrollar a esas personas, hasta convertirlas en instructores eficientes, y 3)garantizan brindar la mejor instrucción posible a todos los niños, para que así, todo el sistema mejore.

Gracias al estudio, hoy sabemos que los mejores resultados educativos, se ligan a docentes con mejor desempeño. Esos docentes son, según experiencia de Singapur y Finlandia, los que mejor están en logros académicos, comunicación y, motivación hacia la docencia. Una fórmula que ya se aplica, es contratar a los mejores egresados. Ejemplos: Corea del Sur contrata al 5% de los mejores, Finlandia el 10% superior y, Singapur y Hong Kong el 30%. Todos los sistemas exitosos, tienen también pagos atractivos de inicio para sus docentes.

Otra verdad encontrada es: docentes deficientes dañan a estudiantes, daño que es mayor si los atienden en los primeros años del estudio o, si los retienen por tres o más años. Estos docentes, pueden provocar daños irreparables en la formación de las nuevas generaciones.

La filosofía educativa es fundamental. Corea del Sur establece un paradigma: La calidad de un sistema educativo, tiene como techo la calidad de sus docentes. Estados Unidos, por su parte, reconoce que el nivel lingüístico de un docente (su vocabulario y otras pruebas), incide sobre los logros académicos, más que cualquier otro atributo docente mensurable.

El aprendizaje ocurre cuando alumnos y docentes interactúan entre sí, y por ello, mejorar el aprendizaje, implica mejorar la calidad de esta interacción. Para tener mejores docentes, es preciso formarlos por personal capacitado y, frente a grupo, en una práctica, como se forma a los médicos frente a paciente y, a los pilotos de aviación, frente a los controles de la nave.

Cada docente debe ser consciente de sus propias limitaciones, debe informarse acerca de las mejores prácticas específicas y, debe estar motivado para realizar las mejoras necesarias.

El estudio de McKinsey & Company, apoyado en la experiencia del mundo, nos enseña muchas cosas muy importantes. Nos dice que los docentes son el componente fundamental de la educación, son los que determinan el desempeño educativo, son los que cultivan la interacción con las nuevas generaciones, son los que preparan a quienes tomarán las riendas de la sociedad para hacerla mejor y, son guía para nuestros niños y jóvenes, por los caminos de la ciencia, tecnología e innovación; la ruta segura para producir más y mejor para todos. ¡Cuan importantes son los maestros!, los necesitamos y, debemos cuidarlos.

Entiendo el reporte McKinsey y me gusta, porque es útil y mucho de bueno nos enseña. Lo que no entiendo, y no me gusta, porque no es útil y nada bueno nos enseña; es un hecho que por muchos años nos ha lastimado, y que es causa de que nuestra educación no esté bien: decenas de miles de maestros mexicanos, se ven obligados a dejar las aulas e ir a las calles de tantas ciudades, para exigir respeto a nuestra Constitución Política, a la Ley Federal del Trabajo y, a la Ley General de Educación. ¿Alguien entiende semejante despropósito?

Si esos maestros estudiaron y están para enseñar a niños y jóvenes. Si nuestra Constitución y las leyes fueron hechas y están para ser cumplidas y respetadas. Si los gobernantes juran cumplir y hacer cumplir el estado de derecho. Si todo está bien, entonces: ¿Qué y quiénes obligan a los maestros a ir a la calle? Cuando debieran estar formándose más y mejor y, actualizándose para adquirir nuevas competencias para enseñar mejor. Las autoridades educativas, son primeras obligadas a entender el alto valor de la educación y de los maestros y, son también, primeras obligadas a respetar a la educación y a los maestros.

*Médico y docente.

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