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Giordano Bruno, 400 años de ser condenada una inteligencia a la hoguera

Por domingo 19 de febrero de 2012 Sin Comentarios

Por Mario Arturo Ramos*

En un departamento del siglo XX, construido por allá en los 40, en la Ciudad de México, he pasado con mi familia los últimos años. Está situado en la parte de atrás -o al frente, depende de donde lo veas- de la Fundación de las Letras Mexicanas, claro que me quedan cerca la Academia Mexicana de la Lengua, la Biblioteca Benjamín Franklin, el Museo de Cera; para que quede claro, al otro lado de la “Zona Broza”. En el paso peatonal que comunica Versalles con Londres y Roma, calles de la vieja Colonia Juárez; cerca de los juegos infantiles se encuentra la Plaza Giordano Bruno, espacio que es vigilado por una estatua del filósofo, poeta, astrónomo, doctor en teología, que pasó siete años en las mazmorras de la Santa Inquisición, padeciendo un monstruoso juico implementado por el Santo Oficio, que lo condenó a morir en la hoguera el 17 de febrero de 1600. La plaza es un homenaje del liberalismocientífico mexicano a la inteligencia, al estudio, la praxis, como elementos principales del quehacer del filosofo, actividad pensante que define Karl Jaspers: “filosofar quiere decir luchar por la propia independencia en todas las circunstancias.”1

“Cuando la perra es brava, hasta a los de casa muerde” Hay dichos populares que sintetizan la sabiduría del pueblo y en este caso se podría aplicar al final de Giordano. El pensador nacido en Nola, Campania, Italia, en 1548, desató la ira de los jerarcas eclesiásticos que ayer, como hoy y siempre (con honrosas excepciones en tiempos actuales, agrupados en la Teología de la Liberación) persiguen a los intelectuales que no son obedientes a los dogmas. El pecado mortal de Bruno fue señalar que “El universo es una infinitud de constantes transformaciones de una sustancia única: la vida, en la cual toda diferencia (lo finito y limitado) se disuelve”.

A los 17 años, el nolense ingresó a la orden de los dominicos que en esos tiempos junto a los jesuitas formaban la vanguardia del catolicismo, en la orden religiosa estudió filosofía aristotélica y teología de Tomás de Aquino, ese año cambio su nombre de Filippo por Giordano. En 1576 fue acusado de hereje y apóstata por los “caritativos” frailes que lo habían recibido como uno de los suyos, por escribir de la: “correspondencia de la infinitud de Dios (el cual es trascendente e inmanente al mundo) y la infinitud del universo”, estas paradojas las resolvió al argumentar: “porque a nivel de lo infinito todos los opuestos coinciden”, la tesis causó urticaria entre los dogmáticos y como dice el dicho: “cuando la perra es brava muerde hasta a los de casa”.

Son los comienzos de una nueva época. Se inicia una nueva ciencia del mundo. 1.-A la teoría antigua de la homogeneidad del universo físico y de la conexión de sus partes se añade la de la infinitud del mundo. 2.-El mundo es la explicación necesaria de la divinidad (potencia y actualidad son en la divinidad una misma cosa.) 3.- En cada cosa finita se halla presente, como en una parte de la divinidad, lo infinito y es, por eso una expresión de ello.-2

La Plaza Giordano Bruno, en las primeras horas de la noche se llena de niños, vendedores, vecinos que charlan, juegan a la baraja o esperan a la compañera; de vez en vez se llevan a cabo espectáculos musicales, asambleas y reuniones electorales, así se manifiesta la vida citadina en la plaza mandálica-circular- , que no podría ser de otra manera para llevar el nombre del autor de más de 40 libros, quien proclamó que “la estructura del universos es mandálica y cuaternaria.

El 4º elemento es la naturaleza misma, pues a través de ella se asciende a la divinidad, pero sin la naturaleza la Trinidad básica- padre, hijo y espíritu santo- permanecería inasequible para el hombre. Por este tipo de pensamientos y sus libros de: “De la causa, principio y uno”, “Del infinito universo y mundos”, “De monade”, “Spacio de la bestia trionfante”, “Degglí heroicí furori” y, de una serie de textos con rasgos abstractos y matemáticos, fue perseguido y aniquilado por el oscurantismo y la intolerancia.

Ya pasaron 400 años de ser condenada una inteligencia a la hoguera, la de Giordano Bruno, a quien se le reconoce y estudia como uno de los principales filósofos del Renacimiento, por ampliar la concepción copernicana del mundo, ampliando la teoría de Lucrecio sobre la pluralidad de mundos y realidades homogéneas y cambiantes, pero sobre todo por ejercer la libertad en su forma de vida y sus ideas.

El 17 de febrero de 2012, transcurrí algunas horas leyendo un libro como un sincero homenaje a un pensador liberal, cuyas ideas no pudieron quemar los iluminados.

1La Filosofía. Karl Jaspers. FCE 2000.
2Historia de la filosofía. Wilhelm Dilthey. FCE 1967

*Investigador y autor.

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