Nacional

Para despedirte (1ra Parte)

Por domingo 5 de febrero de 2012 Sin Comentarios

Primera de dos partes

Por Felipe Mendoza*

Elisa supo que su vida se había convertido en el acto de cobardía más infame hasta ese momento.

A veces el llorar sirve para limpiar las penas, sabemos que la dicha nos sorprende al abrirnos los ojos, y todo lo que está ahí ante nuestra mirada que juzga y habita se vuelve cosa usual, por eso para ella de ahora en adelante la soledad ha de ser el acto repetible y doloroso, la cárcel que tiene rejas y limita tantos sueños y agravia.

Todo empezó aquella tarde cuando vino Manuel a esa casa donde la había dejado, la puerta estaba semiabierta, apenas si se alcanzaba a escuchar un ruido tenue y frágil, era ella y un hombre haciendo el amor.

Para un hombre al que le habían dicho siempre que él era quien debía conducir el destino, el que provee y gobierna en su casa, a quien le han advertido que bajo sus reglas el matrimonio debe sortear toda suerte de esperanza, sí que le es difícil que el control de esta maquinaria se le dispare en sus manos.

Tenían apenas seis años de vivir juntos, se habían conocido por accidente en esa carretera que va a la playa del Maviri, ella le sonrío, él y unos amigos se pararon a auxiliar a la familia que tenían el carro descompuesto. Si esta historia hubiera cambiado al menos el curso, podría ser que el coche que él conducía hubiera pasado desapercibido como muchos otros que ni siquiera voltearon a ver lo sucedido en ese lugar, pero no, esta historia tiene que ser así, y esa sonrisa tenue y cómplice era para él, y ella estaba destinada a mirarlo de esa manera porque tendría que cumplir al pie de la letra esto que hoy se escribe.

Después de intentar arreglar el carro, en el que la familia de Elisa había ido a ese lugar, quedó por fin abandonado a la orilla de la carretera, les propusieron llevarlos hasta la ciudad para que don Ángel buscara un mecánico y regresar por él, no importa si así lo hizo, el hecho es que aquel día sábado, a punto de las 7:30 se habían encontrado; así inició aquello, y luego un noviazgo de más de dos años y medio.

Manuel se había grabado en su memoria la dirección exacta que Elisa le reveló discretamente, y fue a buscarla, no tardó mucho en encontrar la casa donde ella vivía en ese barrio perdido de la ciudad, a las afueras. A pesar del número invisible que no hallaba por ningún lado, supo que ese era el lugar que buscaba y tocó la puerta con sus dedos apretados hasta que un grito de reconocimiento le preguntó que qué deseaba. No sé, pero algo de inquietud se movió en su interior que hasta pensó en retirarse y no volver jamás, pero tuvo que insistir y dijo el nombre de ella, así, la puerta se abrió y la señora al mirarlo le dijo que aguardara un momento, que la muchacha estaba ocupada, pero que vendría en seguida.

Fueron 15 minutos largos y desesperantes, recargado en su carro, y bajo la vista de los mirones que escudriñaban todo lo que ahí sucedía, luego, en el umbral de la puerta un rayo de luz iluminó un pedazo de esta historia. Sus miradas sorprendidas por el reencuentro volvieron a ser un acto de novedad y búsqueda. Se dijeron sólo lo necesario ese día, y fijaron una fecha para salir y conocerse, a ella le daba pena que él estuviera en ese lugar tan horrible y pobre. Bastaron unas cuantas veces para afirmar que aquello que sucedía era necesario para ambos.

Cuando llegó a la entrada del cine, ese miércoles santo, Elisa llevaba la respuesta en los labios, dijo sí a una pregunta esperada que Manuel retardó demasiado, y que finalmente la soltaría con detenido principio de amor y suerte.

Eran novios y pronto afinarían un sentido de compromiso para aquel matrimonio que fue siendo posible en pocos años.

Apenas había terminado la fiesta de aquella noche que a ella le pareció única, era su boda, y la alegría revistió con lujo de detalle los pormenores más simples y sencillos de aquel momento. Estaba ahí sola, con unos cuantos familiares de Manuel que habían aceptado esa unión tan disímil, era un reto incierto y ella lo afrontaba con alegría y beneplácito, porque significaba un cambio radical en su manera de vivir. La pobreza ahora sería cosa del pasado.

Elisa había crecido en un barrio muy pobre, su padre con la pequeña carpintería que cada vez daba menos ganancia había adquirido el viejo Ford que no servía ya para nada, su encuentro con Manuel alentó la esperanza de vivir al menos diferente, todo lo contrario, él desde muy joven administraba sus propios negocios, tenía ya para entonces una lujosa mansión a las orillas del Río Humaya, dinero en el banco y algunos bienes que significaban un buen cúmulo de riqueza.

Las mujeres hermosas saben que en su belleza y esplendor tienen un enorme poder, capaces de escoger al hombre que les convenga más, así lo hacen las que son visionarias, ella decidió casarse con él, aprender nuevos hábitos de vida, toda la formalidad que debe resguardar una dama de sociedad y apellido.

Esto pudieran limitarse a decir que todo iba bien, los primeros años él la mostraba ante todos como un premio adquirido, había pasión y ardor, noches irresistible de sexo y desvelo. Todo fue apagándose en él, y buscó en otro lado eso que nunca entendió y que le hacía falta en su casa. Elisa sentía una soledad y un vacío exagerado en esa mansión llena de lujos y de desesperanza, pero fue práctica, jamás volvería a la casa familiar donde sólo se respiraba una insultante pobreza y desdicha, así lo pensó, y tuvo entonces que sopesar el desagravio del esposo que la ignoraba en todo, en sus constantes viajes de negocio que se inventaba, en las reuniones de alcurnia donde negociaba con hombres de poder, y donde ella con toda evidencia debería estar ausente.

Tenía que estar ahí en su casa, en esa enorme casa donde no había niños y que nadie, absolutamente nadie visitaba ahora. Muchas veces pensó en sus tarjetas llenas de dinero, en los vestidos hermosos que colgaban en el closet y no podía mostrarlos más que a él que venía de vez en cuando, y que no apreciaba esos detalles que en una mujer son útiles para ser plenas.

Una tarde decidió salir a la calle, el vestido azul que mostraba aquel cuerpo de mujer era un gozo a la mirada de todos, había tomado unos tragos de whisky y la sensación del sol que apenas bajaba le causó unos ánimos enormes de existir. Fue a buscar a su hermana que trabajaba en la Farmacia de la Unión, cerca del barrio donde habían crecido, aquel olor a tierra, a polvo y a basura le devolvió sus recuerdos de infancia. Fue la primera vez en que sintió nostalgia por la pobreza, el primer acto de reconciliación con un pasado atroz de necesidades, pero ella pensaba que aunque cargara lleno el monedero de billetes, aun así carecía de algo inexplicable que no lo suplía la riqueza.

Encontró a su hermana detrás del mostrador, y odió el mirarla mal vestida, desgarbada y fea, no sintió ni siquiera un ápice de amor hacia ella, sólo compasión, la miró con desdén y apenas unas cuantas palabras se revelaron ese día, jamás le preguntó por sus padres, el reclamo de Amalia de no ir visitar a los viejos no le conmovió absolutamente en nada, un desespero la hizo levantarse de la silla donde se había sentado, y viró hacia la puerta de salida hasta levantar su mano derecha y decir un adiós frío e insolente. Caminó adentrándose un poco hacia la calle que conducía a la vieja casa donde había nacido, pero no quiso llegar hasta allá, así que viró a la derecha y pudo ver justo parado en la esquina a un joven de tez morena y bajo de estatura que la admiraba por su belleza, los ojos de aquel eran todo lo contrario a Manuel que la bañaba con su mirada azul. Había dejado el coche dos cuadras adelante y prosiguió su camino con altanería y gracia de mujer poderosa. Alzó su mano en señal de llamada hacia el muchacho que la siguió con mansedumbre hasta donde ella quiso, le señaló la puerta del carro y él la abrió, sentado en el asiento acompañante, miró hacia ella y no tuvo palabras para preguntar absolutamente nada, no entendía aquel juego, no sabía quién era esa mujer que lo hechizaba, él se dejó ir sin importarle a dónde iban y a qué iban.

*Escritor y poeta.

Continúa en el siguiente número…

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