Nacional

Hay de cantores a cantores, Atahualpa Yupanqui

Por domingo 29 de enero de 2012 Sin Comentarios

Por Mario Arturo Ramos*

Porque no engraso los ejes
me llaman abandonado…
“Los ejes de mi carreta”, Atahualpa Yupanqui

La canción popular, por su pluralidad y amplitud tiene un universo de autores, compositores, intérpretes, ejecutantes y obras que enriquecen de manera sustantiva su historia y desarrollo. De todo hay en la viña del señor, dice la vieja cita bíblica. Por lo tanto, existen cantores intrascendentes e históricos, aquellos cuyo trabajo se olvida fácilmente por el público desechándolo con rapidez y los que dejan huella, a esta última corriente pertenece el argentino Héctor Roberto Chavero Aramburu, Atahualpa Yupanqui. En los sesenta una generación de melómanos y seguidores nacionales del canto testimonial o auténtico, volteó los ojos hacia el sur del continente, cansados de la tonadilla fácil y el estribillo pegajoso industrial, buscaron textos y melodías que reflejaran en sus temas momentos histórico-poéticos que los alejaran de la frivolidad tan común en la canción comercial a la que la industria discográfica apostaba para que fuera difundida por radio y televisión.

Un día pregunté yo / ¿padre que sabe de Dios? / mi padre
murió en la mina / sin cura ni confesión / y lo enterraron
los indios / flauta de caña y tambor.
“La preguntita”

Yupanqui nació el 21 de enero de 1908, en la región quechua de la república argentina. Su origen mestizo por la sangre indígena y española que habitaba sus venas, nutrió de manera formidable su vocación artística, que se manifestó a temprana edad como ejecutante de violín y de guitarra y como hábil versificador con honda esencia poética. Al cumplir veinte años, su necesidad de comunicación lo llevó a incursionar en las lides periodísticas en la ciudad de Buenos Aires, dejando en las hojas impresas plasmado su compromiso con la verdad de los desposeídos. La nostalgia que lo invadió durante su estancia en la capital argentina, lo hizo regresar a su lugar natal; en el retorno a su pueblo las condiciones sociales que vivían los habitantes de su comarca lo obligaron a componer las que se consideran sus primeras obras músicoliterarias: “Camino del indio”, “Nostalgia tucumana”. A los 32 años cumplidos realizó la publicación de su poemario: “Pedro sola”, en esta etapa continuó su camino de compositor con los temas: “Trabajo quiero trabajo”, “Soy libre, soy bueno”, “La preguntita”, y la popular “Los ejes de mi carreta”

Es demasiado aburrido / seguir y seguir la huella /
andar y andar los caminos…

Sus primeras incursiones en teatros y recitales lo hicieron viajar a Bolivia, Uruguay, Perú, Paraguay, sitios donde dejó muestras patentes de su talento y acabado oficio. El 1943 en medio de la Segunda Guerra Mundial, se instaló en la Ciudad Luz, Paris, donde el círculo de intelectuales y artistas integrado por Edith Piaf, Pablo Picasso, Paul Eluard, Astor Piazzolla, André Bretón ente otros lo protegieron y aceptaron como uno de los suyos. Al término de la conflagración realizó giras, guitarra en mano por los principales escenarios europeos. Llegó 1961 y el regreso anhelado a la patria como figura esperada por la masa que necesitado de cantores auténticos que no buscaran la fama y el autógrafo. Al prenderse las luces del Festival Nacional del Folklore de Cosquin, una multitud expectante entono con el su célebre: “El Alazán”

Como una cinta de fuego galopando, galopando, / crin
envuelta en llamaradas. Mi Alazán te estoy nombrando.
/ Trepó la sierra con luna cruzó los valles nevando, / cien
caminos anduvimos: Mi Alazán te estoy nombrando.

Las obras de Yupanqui por su hermosura y sinceridad conquistaron públicos de diferentes continentes, igual que cancionistas que las interpretaron en todas las latitudes, su repertorio creció a la vez que prestigio por su sinceridad y compromiso estético-social. El 23 de mayo de 1992 unas horas antes de un concierto en Nimes, Francia, Atahualpa Yupanqui se convirtió en canción inmortal, su partida dejó un hueco difícil de llenar pletórico de logros y reconocimientos porque como él decía lo recordamos para siempre sus hermanos:

Yo tengo miles de hermanos / que no los puedo contar en
el valle la montaña, / en la pampa o en el mar. / Yo tengo
miles de hermanos / que no los puedo contar.

*Investigador y autor.

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