Estatal

Sinaloa Occidental y Mesoamericana

Por domingo 18 de diciembre de 2011 Sin Comentarios

Por Joel Isaías Barraza Verduzco*

El suceso viaja por el tiempo, parece alejarse y ser pasado,
pero hay algún sitio del ánimo dónde sigue presente.
Alfonso Reyes.

Cuando leo un texto sobre los primeros pobladores sinaloenses, que empieza hablando del paso de los emigrantes a través de un estrecho de Behring congelado, y de la cacería de osos; creo que no se capta una imagen clara de ese paisaje, por que somos producto de una cultura de clima cálido; así que considero mejor emplear un enfoque regional, obviando todo aquello que ya está dicho en la historia universal y nacional, pues como decía don Luis González y González: “…la historia que en realidad uno vive y goza fundamentalmente es la historia regional, creo que si queremos ver después la historia nacional, es mejor hacerlo a través de nuestra historia regional y no al revés.”

En cuanto al origen de nuestra cultura material, es bien sabido que en su parte antigua la Arqueología de Sinaloa cuenta con datos sumamente escasos, pero no podemos olvidar que forma parte del occidente de México, y esto nos permite comparar su historia con la de otros sitios más explorados. En ese aspecto las excavaciones que se han realizado en áreas similares a la aquí estudiada, algunas de la misma cultura mesoamericana del llamado Complejo Aztatlán, arrojan luz suficiente para darnos una idea general sobre los grupos humanos que habitaron el área del Sinaloa actual, en especial la región de Culiacán. Para esto se hizo la lectura de los textos de antropólogos tanto clásicos como actuales, nacionales y extranjeros.

En nuestro breviario también echamos mano a los cronistas, pues creemos que en textos como la relatoría de Andrés Pérez de Ribas, al convivir constantemente con los naturales, le posibilitó que su crónica resultara honesta y basada en convivencias reales. No menos importantes son las experiencias de Alvar Núñez Cabeza de Vaca, que nos ayudan a visualizar los últimos momentos de un mundo avasallado por el conocimiento europeo, el choque de dos mundos, la belleza y la crueldad como parte de nuestra naturaleza.

Empezamos pues diciendo que hace tanto tiempo que fue inicialmente poblado el territorio mexicano, que bien podríamos remontarnos hasta 15 mil años o más antes de nuestra era, pero aún es muy poco lo que sabemos de la vida de esos primeros pobladores.

Los conocimientos con que hoy contamos sobre los pobladores prehispánicos nos llegan de dos fuentes, la primera: el trabajo de los arqueólogos sobre los vestigios que dejaron nuestros antepasados, que con frecuencia son muy leves, pues se reducen a fragmentos de cerámica, de restos de utensilios para la vida doméstica, restos funerarios u ofrendas.

La segunda fuente, es la información que encontramos en los documentos escritos que han llegado hasta nuestras manos, la gran mayoría elaborados por los españoles, gracias a que algunos religiosos y cronistas se preocuparon por anotar lo que vieron, lo que conocieron de los pueblos indígenas que encontraron. Los historiadores han recurrido ha estos escritos para contar la vida de nuestros predecesores, aquellos que vivieron el primer encuentro con los españoles.

Del posible itinerario que siguieron los pobladores de fines del pleistoceno en Norteamérica se podría decir: que los primeros pobladores de nuestra región venían desde lo que hoy es Arizona; pasando por Naco ingresaron en Sonora hacia las zonas de Caborca y Hermosillo, dirigiéndose hacia Guaymas y el Mar de Cortés, cruzando hacia el sur por las franjas costeras y a todo lo largo de las sierras de Sinaloa.

El antecedente Mexicano

En casi todos los textos anteriores encontramos que el pueblo mexica, que dominaba el altiplano central de México en los tiempos de la conquista española, mantenía en sus tradiciones el relato de una larga peregrinación, anterior a su final asentamiento en el islote de Tenochtitlán, en el lago de Texcoco. Los mexicas aseguraban haber salido de una isla llamada Aztlán, situada probablemente en algún lugar remoto al norte de Tenochtitlán. Azteca significa originario de Aztlán.

Este hecho está documentado, en especial en el códice conocido como la “Tira de la peregrinación” o “Tira del museo”, que es una tira de papel de maguey que representa el viaje del pueblo azteca desde su salida de Aztlán. Los historiadores consideran que alrededor de los años 1150 y 1300, los aztecas peregrinaron por diversos lugares hasta que llegaron para quedarse a la orilla de los lagos del Valle de México.

Esta peregrinación se relaciona con la historia prehispánica de Sinaloa, porque son varios los historiadores que aseguran que este pueblo, procedente de algún lugar en el norte de América, cruzó por lo que hoy es Sinaloa en su peregrinaje hacia el altiplano central.

Uno de los más aguerridos defensores de esta idea fue don Eustaquio Buelna, que en 1887 publicó un libro titulado “Peregrinación de los aztecas y nombres geográficos indígenas de Sinaloa”, en el cual expuso minuciosamente su opinión. Buelna dice haber descubierto que las lenguas de los indígenas del territorio sinaloense, al tiempo del contacto con los españoles, estaban emparentadas con el náhuatl, la lengua de los aztecas y de otros pueblos del altiplano central. Don Eustaquio hizo un estudio comparativo entre la lengua cahita, que es la mejor conocida entre las antiguas hablas de Sinaloa, y el náhuatl; así como un minucioso examen de los nombres geográficos indígenas y, concluyó que es muy notable la influencia de este idioma en Sinaloa. Los lingüistas contemporáneos consideran que las lenguas indígenas del estado pertenecen a la familia yuto-azteca que, efectivamente, está muy relacionada con el náhuatl.

Otros investigadores agregaron nuevos argumentos, como el análisis de un glifo de la “Tira de la peregrinación”, que representa a un cerro con la punta encorvada – y que identifican con Culiacán – en el centro mismo de Sinaloa. A juicio de muchos historiadores, el paso de los aztecas por Sinaloa es una posibilidad verosímil, sin que se pueda asegurar todavía con certeza indiscutible.

El gobierno de Sinaloa hizo suya la opinión de Eustaquio Buelna, logrando que en el escudo de armas del estado aparezca la sucesión de huellas de pisadas humanas con las que los mexicas indicaban el camino recorrido, y que expresa el hecho de que por Sinaloa pasaron aquellos antepasados indígenas que dieron su nombre a toda la nación.

Al destacar el paso de los aztecas por el territorio de Sinaloa, Buelna afirmaba tanto que los sinaloenses y los habitantes del centro del país tenían un antepasado común, como que la cultura del Anáhuac también estuvo en Sinaloa. Tal afirmación refuerza las ligas nacionalistas entre los sinaloenses y el resto de los mexicanos, pero no pasa de ser una conjetura.

*Antropólogo/AHGS.

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