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Mocorito ciudad musical

Por domingo 4 de diciembre de 2011 Sin Comentarios

Por Emilia Isabel Gil Parra*

Mocorito, tu nombre sabe a melodía de espuma y caracola del mar que dejaste postrado a tus pies. Eres DO RE MI en el tiempo pasado que persigue los adoquines. En el vaivén de la campana centenaria. En los atardeceres nostálgicos de pájaro herido. En el agotado aliento de los mayores que acurrucan su frágil cansancio en las bancas de tu plaza. En la tristeza de la desventura, que busca místico consuelo en la Purísima Concepción.

En el indefinible vuelo de las esbeltas palmeras meciendo su alegría con el sutil abrazo del viento. En las noches estrelladas que regalan sus luceros a los sueños de tu gente. En el compás de las brisas de Mocorito, atrapando en un instante la magia de un cuento de hadas. En las miradas generosas y en la ingenua nobleza de cada corazón bondadoso. En el bullicio de tu juventud de río incontenible.

En el dulce sabor de los caramelos. En la ternura de Ana Libertad que muestra esplendorosa el alma pura de los niños de mi pueblo. En los pasos descalzos de los niños desafiando al cielo en busca del globo pintoresco perdido en la lejanía. En el bello teñir de tus auroras. En la danza milenaria de tus milpas. En el perdón de los que te olvidan y en el abrazo ferviente a los extraños, ahí está escrita tu eterna canción de amor.

Eres FA en el calor intenso de tus emociones. En la pasión de las carreras de caballos, en las vivas y porras del ambiente carnavalesco, en las cultísimas veladas literarias que dieron nombre a la Atenas sinaloense y en el adiós… eterno adiós del río Évora.

Eres SOL que estalla en tus ojos de infancia perdida, en las majestuosas casas de increíble belleza. En las blandas manos que amasan tu pan. En el dulce néctar de tus moliendas.

Eres LA en los hermosos recuerdos de estudiante, en la emoción de tus maestros que con sus sueños edifican el mañana. En el amor de los novios que se abrazan en un refugio, navegando en el mar de un futuro incierto que tal vez nunca llegará. En el desvelo infatigable de tus madres. En el místico fuego de la hornilla que entibia la ilusión del campesino.

Eres SI en el recinto sagrado de tu anhelo, en el santo rostro de mis padres, en la dicha de acuñar a mis hijos en el pecho, en el verso que busco y no encuentro.

MOCORITO: aún mece tu cuerpo un arcángel divino y aún se escucha en tu oído la dulce melodía de cuna que arrulló un día los hermosos ideales de tu hijo predilecto El Granito de Oro.

*Supervisora escolar.

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