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Don Benito G. Niebla

Por domingo 4 de diciembre de 2011 Sin Comentarios

Por Eduardo Niebla Álvarez*

Nace en Culiacán, Sinaloa, el día doce de julio del año 1907, siendo sus padres don Ernesto I. Niebla y doña Josefita Gutiérrez.

Estudió en el Colegio Civil Rosales, teniendo entre sus compañeros al Dr. Jesús Rodolfo Acedo Cárdenas, quien prestaría, ya como médico, un valioso servicio a la sociedad sinaloense, como rector de la Universdad Autónoma de Sinaloa y como médico dermatólogo, encabezando campañas para la erradicación de la lepra.

Siendo don Ernesto, su padre, un comerciante exitoso durante los años treinta, cuarenta y cincuenta del siglo pasado, Benito incursiona en el comercio de ropa para caballero en abonos, lo que le permitió sostener una familia de ocho hijos, todos ellos profesionistas.

Celebró matrimonio con María Secundina Álvarez Lizárraga, hija del reconocido músico y maestro de música don Pedro Álvarez Martínez

Sus hijos son:

a).- Alberto, médico psiquiatra y paidopsiquiatra; b).- Eduardo, licenciado en derecho y notario público; c).- Mario, licenciado en derecho y servidor público como diputado local, diputado federal y senador de la República; d).- Jorge, licenciado en derecho; e).- Sergio, ingeniero agrónomo con maestría; f ).- Gerardo, licenciado en economía; g).- Carolina, contador público; y, h).- Benito, médico neumólogo y cirujano de tórax.

Benito se distinguió por su don de gente, cultivando numerosos amigos en la sociedad de Culiacán, entre los cuales podemos mencionar al Dr. Clicerio García, Dr. De la Rocha, Dr. Bernardo Méndez, don Gustavo D. Cañedo, director del periódico “La Voz de Sinaloa”; don Román R. Millán director del periódico “El Diario de Culiacán” así como los periodistas Carlos Mateo Sánchez, Manuel “Tatá” Jiménez, Fernando O. Ramos “El chito”, Herberto Sinagawa, Jorge Medina León, Sergio Ortiz Emmus, Alfonso L. Paliza, el “Güero” Verdugo, asimismo, el Ing. Severo Gutiérrez, Óscar “El güero” Orrantia, don Manuel Ibáñez, Ing. Manuel Herrera y Cairo, Lic. Engelberto Esquerra, Lic. Arturo Ignacio Cota Rivera, Dr. Enrique Peña Gutiérrez, José Solís peluquero a quien llamaban “Rocambole” y muchos otros.

La mayor parte de los anteriormente mencionados fueron sus clientes, ya que le compraban ropa en abonos y tanto él como sus hijos cobraban los abonos que efectuaba cada cliente.

No tenía vicios, y durante tres horas diarias practicaba ejercicios de yoga, y meditación: postura corporal cómoda, con la columna vertebral erguida y respiración lenta, larga y profunda.

Era vegetariano. Y corregía a sus hijos con amonestaciones, sin castigo físico.

Leía mucho sobre temas esotéricos y entre los autores se encontraban, Helena P. Blavatsky, Annie Bessant y Jiddu Krishnamurti.

Fue suscriptor de las revistas “Rosacruz”, “La URSS”, “Life”, “Mecánnica popular”, “Selecciones del Reader Digest” y la revista humorística “jaja”, para cultura de sus hijos.

Tenía la colección completa de medicina natural del doctor Vander y recibía periódicamente medicina homeopática, con la cual trataba sus padecimientos de salud y los de sus hijos y esposa.

Recurría a la medicina natural como baños de sol, compresas de lodo y té de hierbas y otras similares.

A los jóvenes les decía sobre las mujeres: “Esto es como comer y beber agua. Háganlo, pero: alcohol no, drogas no.”

En cierta ocasión su hijo Sergio, “de sopetón” le preguntó: Papá, ¿nosotros no tenemos algún medio hermano? Y, la respuesta a flor de labio: ¡En muchos surcos sembré, en uno nada más germinó!

En alguna etapa de su vida elaboró versos, habiéndose localizado solamente un fragmento que reza así:

“Fue sin pensar
como llegué a tu lado,
cansado por el trajín
del monótono vivir”.

Recordaba mucho el siguiente verso de una canción:

“Enterraron por la tarde
a la hija de Juan Simón,
y era Simón en el pueblo
el único enterrador”.

Se distinguió por ser un magnifico bailador en los diferentes centros de baile como “El Danubio Azul”, “Club Atlético Humaya” y otros de la época.

El Lic. Humberto González Fierro, quien también fue un gran bailador, le comentó a su hijo el Dr. Humberto González Valdez, que a Benito le decían “El tigre del danzón”, ya que se distinguió en forma especial en la práctica de dicho baile.

Al expresarle un amigo en una ocasión que él era uno de los mejores bailarines de la ciudad, dijo “No señores, yo soy bailador, el mejor bailarín de Culiacán es Nacho Areizaga”; éste último se distinguió también por ser un magnifico sastre, elaboraba pantalones y trajes de vestir para los habitantes de Culiacán.

Siempre se trasladó a pie a los lugares que necesitaba ir y, como practicante de yoga, tenía una magnifica condición física. En la última etapa de su vida utilizó el transporte colectivo (camiones urbanos).

En el año de 1947 rentó una casa por la calle Colón en cincuenta pesos mensuales, misma casa que tras treinta y nueve años de rentarla fue comprada por su hijo Eduardo.

Era amante de la música, sobre todo le gustaban los tangos al igual que a su esposa, así como los boleros que tuvieran un mensaje de amor hacia la mujer. Si salía de viaje, lo que ocurrió muy pocas veces en su vida, se llevaba lo necesario para practicar los ejercicios de yoga en donde estuviera.

Una vez al año rentaba un taxi para llevar de paseo a toda la familia a Altata.

Su hijo Alberto hizo la especialidad de psiquiatría en Francia (Lyon y Paris), así como en Ginebra, Suiza, en el hospital Belair, de la clínica psiquiátrica universitaria de Ginebra.

Invitado por su hijo Alberto, estuvo durante el año de 1972 en Suiza, lo que le permitió conocer Ginebra, Lausana, Gruyere y Saanen, habiendo viajado también a Italia donde conoció Florencia, Pisa, Génova y otros lugares.

Al regresar de Europa, manifestó su admiración por el orden y la limpieza que imperaban en las ciudades suizas.

Vivió 92 años 6 meses y 8 días, al dejar de existir el día 20 de enero del 2000. Dispuso, como último deseo, que después de morir fuese cremado, sin embargo, no dijo que se hiciera con sus cenizas; en atención a ello, su esposa Ina y sus ocho hijos, determinaron depositarlas en la raíz de un árbol de huanacaxtle, que su hijo Eduardo había sembrado.

Así se hizo en Tacuichamona, Culiacán, Sinaloa, el día 23 de enero del 2000.

Actualmente hay en Tacuichamona un hermoso huanacaxtle fertilizado por las cenizas corporales de Benito.

*Notario público.

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