Estatal

Cosme Tirado o la honradez Como modo de ser

Por domingo 27 de noviembre de 2011 Sin Comentarios

Por Faustino López Osuna*

Me gustaría escribir un cuento sobre un personaje ejemplar, inventado, en un espacio y un tiempo de fábula, iniciándolo a la manera tradicional:

Existió, en el siglo pasado, un individuo, físicamente igual a sus semejantes, pero mentalmente muy distinto a los demás: desde muy joven se inclinó a hacer el bien, buscando en todo ayudar a los otros. Fraternal, servicial, solidario, con un don de gente excepcional, recibió el respeto y el reconocimiento de su comunidad, sobre todo cuando, después de un ciclón en algún verano, gestionaba ayuda social de las autoridades para los afectados, o cuando, ante un gobernante que los visitaba, solicitaba y lograba la construcción de un edificio nuevo para la escuela primaria del lugar y otro para un jardín de niños, o bien, cuando ante la presencia de otro gobernador una década después, demandaba el apoyo para que todos los varones mayores de edad, faltos de empleo, fueran contratados para trabajar pizcando en campos frutícolas de los Estados Unidos, para poder pagar la cuota comunal a la Comisión Federal de Electricidad, a fin de contar con servicio eléctrico en el poblado.

Circunstancias políticas adversas derivadas de graves conflictos surgidos de la aplicación de la Reforma Agraria en la región, ocasionaron la total desintegración de la organización de los comuneros, tras el asesinato del gobernador del Estado del que se culpó a un vecino del lugar, y, aquél individuo ejemplar, pese a contar entonces con no más de 19 años de edad, se echó a cuestas la tarea de luchar por la reorganización del comité de la comunidad, consiguiéndolo con apoyo del líder estatal que en ese tiempo dirigía la Liga de Comunidades Agrarias y Sindicatos Campesinos.

Dedicado a las ocupaciones naturales de los lugareños: la agricultura de temporal, cría familiar de ganado y pequeño comercio y con la afición en la cacería de venado, al cumplir los 20 años, fue atraído para colaborar en gestiones de un distinguido diputado local, aprendiendo, a su nivel, los menesteres del servicio público, desempeñándose hasta en treinta y tres pequeños y medianos puestos, a lo largo de 74 años, destacando entre ellos, el de síndico municipal, 12 años; juez menor, 13 años; 3 veces inspector de policía; 2 periodos presidente de la unión ganadera del municipio; secretario general del Comité Regional Campesino; otro tanto del comité municipal del partido gobernante y, a los 62 años de edad, diputado al Congreso del Estado.

Todo ello no tendría nada fuera de lo común, salvo que dicho personaje jamás hizo nada irregular, para enriquecerse, en su trayectoria. Siempre vivió honradamente con la medianía del sueldo establecido para cada puesto o comisión, de tal manera que, cuando quedaba sin empleo, desde los 57 años de edad, se dedicaba con la más alta dignidad de que es capaz un ser humano, a vender diariamente ponteduros y cacahuates, producidos con sus propias manos, echándose sobre el cogote un palo con dos canastos, uno a cada lado, recorriendo a pie las calles de los dos barrios del pueblo y las de dos poblados más, cercanos. Nadie, ni en toda la República, creería jamás que un ex diputado, recorriendo las calles a pie, se ganara la vida, durante 35 años, vendiendo ponteduros.

Habría que agregar que, al acercarse noviembre, en ratos libres, siempre apoyaba a su esposa, que hacía coronas de papel para venderlas el día de muertos, cortando el alambre, haciendo el engrudo, ya terminadas las colgaba en clavos en la pared de la sala y el corredor. Y he ahí que, por cuestiones de edad, pues ya cumplía los 90 años, en una ocasión que hacía lo de siempre subiéndose en una silla, ésta cedió, cayendo con todo su peso, fracturándose una pierna, de la que fue operado, pero quedando impedido, a partir de entonces, para caminar sin ayuda de un bordón, inhabilitándose ya, de por vida, para volver a vender sus cacahuates y ponteduros. Ahí terminaría el cuento, de ser un cuento inventado. Pero, con el debido respeto a los lectores, no he hecho más que narrar parte de la vida real de Cosme Tirado Castillo, nombre completo del personaje del mismo, oriundo de Aguacaliente de Gárate, Concordia, mi pueblo, cuyos padres fueron don Amado Tirado Zataráin y doña Trinidad Castillo Ibarra y quien nació el 27 de septiembre de 1919, por lo que, a la fecha, cuenta con la friolera de 92 años a cuestas, lúcido y en uso de razón, para contento de su señora esposa, doña María López García y sus dos amorosas hijas, Martha Fabiola y María de Jesús Tirado López, amén de vivir modestamente con lo que le permite una pensión gubernamental de 1,300 pesos quincenales, más 1,000 mensuales de la ayuda del programa “70 y más”.

Honra, es estima y respeto de la dignidad propia. Honrado, es quien procede con rectitud e integridad: hombre honrado, íntegro, probo, virtuoso, cuando la virtud es disposición constante del alma que nos incita a obrar bien y evitar el mal. Integridad de ánimo y bondad de vida.

Meditando en el ejemplo de Cosme Tirado, quien volvió virtud la honradez y su modo de ser, pienso que los sinaloenses de todos los tiempos debemos rescatar la herencia moral de nuestros mayores.

*Economista y compositor.

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