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Sixto Osuna prologó a Enrique González Martínez

Por domingo 6 de noviembre de 2011 Sin Comentarios

Por Faustino López Osuna*

FÉ DE ERRATAS En la edición número 74 de La Voz del Norte, el artículo de Faustino López Osuna quedó En Aguacate de Gárate se compuso “El Niño Perdido”, siendo lo correcto: En Aguacaliente de Gárate se compuso “El Niño Perdido”.

Antonio Castro Leal, al escribir la “noticia bibliográfica” para la edición de la poesía completa de Enrique González Martínez por El Colegio Nacional, señala: “Nació en la ciudad de Guadalajara (Jalisco) el 13 de abril de 1871. Fueron sus padres José María González, director de una escuela particular, y Feliciana Martínez. Hizo sus primeros estudios en la escuela de su padre, en el Liceo de Varones y en la Preparatoria del Seminario Conciliar. En 1886 ingresó a la Escuela de Medicina y el 7 de abril de 1893 se tituló de médico, cirujano y partero… Desde muy joven empezó a escribir… En 1896 se radica en la ciudad de Sinaloa (del Estado del mismo nombre). En 1898 casó con Luisa Rojo y Fonseca y comenzó a colaborar en revistas de la ciudad de México y de otras partes de la República… En 1903 aparece en Mazatlán su primer libro de versos: Preludios. En 1907 se radica en Mocorito (Sinaloa), donde ejerce su profesión de médico y se publican sus tres libros siguientes: Lirismos (1907), Silenter (1909) y Los senderos ocultos (1911). Dirige, con Sixto Osuna, la revista Arte…”

Existe una enorme relación del inmenso poeta jalisciense, llamado “de la hora presente”, con Mazatlán. No solamente se publicó aquí su primer libro de poesía. De este municipio fue, también, el poeta modernista villaunionense Sixto Osuna, quien le prologó su libro Silenter, publicado en 1909, en Mocorito, en la Imprenta Editora de “Voz del Norte”. Antonio Gómez Robledo, en “La poesía de Enrique González Martínez”, de la edición de El Colegio Nacional, cita al propio González Martínez, con un elogio al puerto: “Cada una de nuestras ciudades de provincia tiene su tono peculiar, su encanto propio… La belleza de Mazatlán reside en su alegría sana y en su fuerza generosa; es una colmena que labora y canta; en aquel puerto azotado por olas bravías, no caben la inacción ni la tristeza.”

González Martínez, conforme fue publicando su vasta obra poética, tuvo altísimos prologuistas. Así tenemos que Alfonso Reyes le escribió el prólogo de “Los senderos ocultos” (1911), Pedro Henríquez Ureña el de “Jardines de Francia” (1915), Amado Nervo el de “Parábolas y otros poemas” (1918) y Luis G. Urbina el de “Las señales furtivas” (1923-1924) (1925).

Sixto Osuna, de quien el último diputado constituyente, profesor Jesús Romero Flores, en 1963 me expresó, en la ciudad de México, que era mejor que Amado Nervo y que había sido “una lástima que se nos hubiera malogrado”, escribió el prólogo, repetimos, de Silenter, dos años antes de que el autor de “Tuércele el cuello al cisne”, se fuera a radicar a la capital del país, en 1911.

Con un enorme y espléndido dominio del idioma, como si lo estuviera escribiendo en estos días y no en 1909, Sixto Osuna anota: “Éste es el libro de versos que sale a la publicidad en esta época de crisis comerciales, de simulaciones políticas y de “sanchopancismo” refinado. En la vertiginosa carrera de la conquista del dólar ¿quién se detendrá a oír el canto de los poetas? ¿Para qué cantar?” Y, citando a Rusiñol, él mismo se contesta: “Para alegrar a los que trabajan y padecen, para endulzar la vida de tantos y tantos que están tristes por falta de amor y alegría. ¿No ves que todos los hombres trabajan para entristecer el mundo?”

Sin adentrarnos más ampliamente en la vida y obra de Enrique González Martínez, agregaremos que después de su trayectoria en la carrera diplomática, en la que tuvo la representación como Ministro Plenipotenciario en Chile (1920-1922), Argentina (1922-1924) y España (1924-1931), recibió de la vida dos golpes demoledores: la muerte de su esposa (abril de 1935) y, cuatro años después, la de su hijo mayor, Enrique (1939). De esto nada supo ya su fallecido gran amigo y prologuista, Sixto Osuna, a quien le hubiera llenado de legítima satisfacción enterarse que González Martínez, en 1949, fue propuesto para el Premio Nobel de Literatura.

Enrique González Martínez murió de 81 años de edad, el 19 de febrero de 1952, y, para orgullo de Mocorito, de Sinaloa y de México, descansa en la Rotonda de los Hombres Ilustres.

*Economista y compositor

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