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El Palacio de los Azulejos memoria e historia

Por domingo 25 de septiembre de 2011 Sin Comentarios

Por Juan Cervera Sanchis*

El Palacio de los Azulejos está situado en un lugar cargado de leyenda y de historia de la ciudad de México. El mismo callejón de la Condesa, que lo bordea, entre las calles de 5 de Mayo y Madero, es en sí legendario. Se dice que en el citado callejón estuvieron varios días, con sus correspondientes noches, dos carruajes y sus cortejos, dado que la estrechura del mismo no les permitía pasar a ambos al mismo tiempo y ambos eran dos soberbios nobles de la época virreinal llenos de orgullo y ninguno estaba dispuesto a ser el segundo.

En cuanto a la Plaza de Guardiola, que juega con la esquina del Palacio, en punto con la calle de Madero, y que mira a la casa que fuera de Los Leones, estuvo una estatua de Morelos que mandó esculpir el emperador Maximiliano en 1865. Dicha estatua fue trasladada al jardín de la Santa Veracruz y más tarde sería instalada en la colonia Morelos.

La Plaza de Guardiola, tan pequeñita, nos recuerda que ahí, exactamente, le fueron entregadas las llaves de la ciudad a don Agustín Iturbide. La llamada Casa de los Leones desaparecería para convertirse en el edificio anexo del Banco de México, llamado de Guardiola, donde se encuentra el Museo de Criminología del Banco. Este museo sólo puede ser visitado por investigadores profesionales.

Como se puede apreciar, el entorno del Palacio de los Azulejos es por sí solo harto interesante. No se diga si nos decidiéramos a caminar por las calles –ayerde Plateros y, hoy, Madero. Nada más pensarlo se nos vienen a la memoria los descriptivos versos de Manuel Gutiérrez Nájera a la duquesa del duque Job, que tan precisamente nos sitúa en el lugar:

“Desde las puertas de la Sorpresa/ hasta la esquina del Jockey Club,/ no hay española, yanqui o francesa,/ ni más bonita ni más traviesa/ que la duquesa del duque Job.”

Sí, el Palacio de los Azulejos fue durante un tiempo la sede del célebre Jockey Club. Ello mucho antes de convertirse en el Sanborn´s de los Azulejos, tal como se le conoce hoy.

Respecto a su origen, el historiador Luis González Obregón le dedica unas sabrosas páginas donde nos ilustra sobre su antigüedad, “que se remonta hasta el siglo XVI”. El primero en habitar la mansión fue don Luis de Vivero, segundo conde del Valle de Orizaba. Cuentan los historiadores del pasado virreinal que la mansión o Palacio de los Azulejos fue obra de un hijo un tanto despilfarrador de los condes del Valle de Orizaba al que su padre lo recriminó por gastar sin ton ni son, diciéndole: –“Hijo, tú nunca tendrás casa de azulejos.”

Esto caló tanto al joven que lo espoleó a edificar el bello palacio que hoy todos admiramos. Tal como a la vista está el Palacio de los Azulejos es de estilo barroco revestido de artísticos azulejos chinos, de colores blanco, amarillo y azul. Es tan bello que nadie puede pasar frente al mismo sin verlo y admirarlo por la Avenida Madero. Llama poderosamente la atención y, de inmediato, invita a traspasar sus puertas para verlo por dentro. Sin la menor duda, el Palacio de los Azules, es una de las muy peculiares maravillas de la siempre desconcertante y fascinante ciudad de México.

El doctor Ernesto Sodi Pallares, padre de la bella y célebre Talhía, hombre que fuera muy sabio en diversas materias y admirador y conocedor de la historia de la ciudad, fue también un enamorado del Palacio de los Azulejos, por lo que escribió un colorido e ilustrativo capítulo dedicado a la mansión del hijo de los condes del Valle de Orizaba: “La casa marcada con el número cuatro en la calle de Francisco Indalecio Madero, conocida como el Palacio de los Azulejos, es de una riqueza y de una gracia que difícilmente se puede encontrar en otro lugar.” Gran verdad sin objeción alguna. A su vez Manuel Toussaint se embelesa ante la hipnótica mansión y nos dejara escrito: “Si bien el Palacio de los Azulejos en sí es un bello conjunto, el remate es magnífico: un nicho sobre la gran portada, otro en la esquina y un pretil de líneas onduladas guarnecido atrás por otro horizontal, con pináculos y vasos de silueta china trabajados también en cerámica.”

Pasando al interior, no obstante las transformaciones que por las exigencias comerciales ha sufrido, la belleza permanece. El patio, por su influencia mudéjar y sus finas columnas, nos traslada a un pasado de ensoñación. Impresionante y majestuosa es la escalera que ahí podemos contemplar y que nos fascina con sus lambrequines de azulejos. Hoy, sobre el descanso de la escalera, podemos admirar unos murales de José Clemente Orozco. Hay que agradecer al gran pintor que lograra armonizar sus murales con el resto de la arquitectura barroca. Título Orozco estas pinturas Omnisciencia. Ya antes de la época revolucionaria, como hemos reseñado, fue residencia del muy exclusivo y excluyente Jockey Club. Tras los cambios que trajo la Revolución el Palacio de los Azulejos fue destinado a farmacia y a restaurante. Se conservan fotografías de la visita al lugar de los soldados de Emiliano Zapata y Pancho Villa tomando café con pan dulce. Los revolucionarios probaban así unas migajas de las que entonces se suponían eran delicias burguesas.

En la señorial escalera, por cierto, fue asesinado uno de los condes del Valle de Orizaba por un enamorado de una de sus hijas. El asesino fue aprehendido y castigado por su crimen. Fue pues colgado en uno de los balcones del Palacio de los Azules con un letrero que decía: “Para ejemplo de locos y criminales”. Tétrico espectáculo.

Todo un mundo, lleno de historia y cargado de leyendas, el Palacio de los Azulejos y sus alrededores.

*Poeta y periodista andaluz.

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