Nacional

Julio Scherer García

Por domingo 28 de agosto de 2011 Sin Comentarios

Por Álvaro Delgado*

Esa semana el reportaje de portada de Proceso llevaba mi firma, pero encontré a Julio Scherer García enfurecido.

–¿Como está, don Julio? –me aproximé a él en la redacción, cuando se iba a comer.

No me respondió el director. Me tomó con dureza el brazo y me hizo acompañarlo a la salida.

–Su trabajo nos chinga a todos, don Álvaro –me dijo mientras me miraba con acritud.
–Oiga, don Julio…
–¡Su trabajo nos chinga a todos!
–insistió para, enseguida, subir a su coche y marcharse.

Me quedé helado. Y me supe fuera de Proceso, dos años después de haber ingresado.

Era el lunes 24 de marzo de 1996. Mi reportaje documentaba la transitoria apertura de Televisa que había permitido la transmisión en el programa de Ricardo Rocha, el Canal 2, el video de la matanza de 17 campesinos en Aguas Blancas, Guerrero, ocurrida en 27 de junio del año anterior –que también me había tocado cubrir–, y que llevó a la caída del gobernador Rubén Figueroa, compadre de Ernesto Zedillo, entonces presidente.

Una queja en mi contra de Federico Reyes Heroles, entonces empleado de Televisa, porque sólo publiqué unas líneas de una conversación de más de una hora y el hecho de haber entregado el reportaje casi a las seis de la mañana, ya del sábado, pusieron en mi contra a Scherer García.

Pero esa misma tarde el jefe de Redacción, Rafael Rodríguez Castañeda –hoy director–, me envió a Tabasco. Armé dos reportajes macizos sobre las redes de corrupción de Roberto Madrazo, entonces gobernador, y se publicaron de manera destacada.

A mi regreso de Tabasco, el lunes, recibí una llamada de Scherer García para presentarme de inmediato en Proceso. Después de la categórica regañada de la semana anterior, pensé, se perfilaba ahora sí mi despido.

–¿Dónde anda, don Alvaro?
–En San Jerónimo, don Julio, voy para allá.

Lo encontré en la Redacción. “Arránquese para mi oficina, ahorita lo alcanzo”. Resignado a la liquidación, me propuse decirle que si el reportaje era malo asumía mi responsabilidad, pero que el imbécil de Reyes Heroles no tenía razón.

No hubo tiempo. Entró y se me aproximó con los brazos abiertos y una voz afectuosa.

–¡Deme un abrazo, don Alvaro!
–Oiga…
–No me diga nada, don Alvaro. Olvídese de todo y deme un abrazo. ¡Olvídese lo que le dije y váyase a trabajar!

Y es que Scherer García no conoce las medias tintas. Es la personalidad rotunda de quien se ha comprometido radicalmente con el periodismo, una vida sin reposo para la información.

De inteligencia filosa, una ética imitable y un temple a toda prueba, Scherer García es un maestro del periodismo a sus 85 años de edad, cumplidos en abril, porque tiene además el apetito del aprendiz que jamás deja de reportear.

En una ocasión un compañero no estuvo alerta y pagó las consecuencias.

–¿Qué me cuenta?
–Nada, don Julio.
–Entonces póngase a vender medias para señora.

En el periodismo no hay casualidades, sino un trabajo disciplinado permanente: “La obsesión es un círculo –postula Scherer García–, la voluntad una línea recta que rompe el círculo o se degrada.”

¿El periodismo es vanidad? “La modestia es moneda falsa en nuestro trabajo. No existe periodista sin su sueño de cabecera: La noticia o el reportaje que lleve a la historia. Así somos todos.”

En todos los libros que ha escrito, Scherer García acredita su concepción del periodismo y en ellos hay definiciones sobre esta profesión:

Un ejemplo: “En nuestro oficio sabemos que no hay manera de resistir un suceso. Es el vacío que se abre. Se traga al reportero, al cartonista, al escritor hecho en la tinta de la información.”

Otro: “El periodista escudriña, busca el diálogo, apela al testimonio.” Uno más: “La cirugía y el periodismo remueven lo que encuentran. El periodismo ha de ser exacto, como el bisturí.”

Postula Scherer: “No hay abrigo para la mentira. Tarde o temprano manos hábiles la desnudan.”

El periodismo cabal no se explica sin la libertad, pero Scherer aclara: “La libertad es una lumbre que necesita de muchas lumbres para ser lumbre verdadera.”

El 7 de mayo de 2002, al recibir el Premio Nacional de Periodismo –el primero que se otorgó sin la intervención del gobierno–, Scherer García sentenció: “El mundo se ha endurecido y pienso que el periodismo habrá de endurecerse para mantenerse fiel a la realidad, su espejo insobornable”.

Es decir, “si los ríos se enrojecen y se extienden los valles de cadáveres víctimas del hambre y la enfermedad, así habrá que contarlo con la imagen y la palabra.”

El 28 de noviembre de 2005, al recibir el doctorado honoris causa de la Universidad de Guadalajara, Scherer García expuso: “Suele decirse que Proceso nació para la estridencia. Ciertamente no somos moderados, pero el país no está para la crítica prudente a la que muchos se acomodan.”

Diagnosticó: “La impunidad tomó partido y la zozobra domina la vida cotidiana: Los robos y los crímenes por la mañana, los atracos y secuestros por la tarde, los asaltos a mano armada por la noche y la corrupción a toda hora.”

Era el ocaso del gobierno de Vicente Fox, pero con Felipe Calderón, está muy claro, México va al precipicio…

*Periodista.

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