Estatal

Flora Decimonónica de Sinaloa

Por domingo 28 de agosto de 2011 Sin Comentarios

Por Gilberto J. López Alanís*

En el año de 1909, el Dr. Ramón Ponce de León y Fernández de Pardo editó su interesante e inaugural trabajo sobre la flora de Sinaloa, al que denominó “Ligeros apuntes sobre la flora del estado de Sinaloa”; con esto contribuyó notablemente a la historia de la ciencia en esta entidad.

Este galeno de origen poblano, al momento de dar a conocer su trabajo, era profesor de Historia Natural, Química General, Zoología, Botánica, Higiene y Nociones de Geología y Mineralogía en el Colegio Rosales, antecedente de la actual Universidad Autónoma de Sinaloa; aparte de desempeñarse como médico de cárceles.

Antes de reseñar un poco el contenido de la publicación aludida, de la cual se conserva un original en la colección de documentos “Dr. Ramón Ponce de León” que están en resguardo en el Archivo Histórico General del Estado de Sinaloa, es útil informar que la Droguería de la Profesa de la ciudad de México, había remitido al autor una agradecimiento por el envío del folleto y a la vez le solicitó el envío de varios ejemplares para la Alianza Científica, aparte de otros para el Sr. Issac Ochoterena.

Al otro año (1910), la Escuela de Agronomía de los Hermanos Escobar de Chihuahua, por intermedio de Rómulo Escobar y Natividad González, solicitó al galeno fundador de las cátedras científicas del Colegio Rosales desde 1872, un tanto de otro trabajo sobre la fauna sinaloense, con el agregado informativo de “…algunos datos sobre las zonas agrícolas que existen en Sinaloa y sus límites con sus cultivos especiales, topografía del terreno y plantas silvestres más abundantes”.

Como nos damos cuenta, los ejecutivos de la escuela agronómica de los Hermanos Escobar no se andaban por las ramas, sabían que el Dr. Ponce de León, amigo personal de Dr. Eduardo Liceaga, el cual ocupó importantes puestos entre los que destacan: presidente del Consejo Superior de Salubridad, director del Hospital de Maternidad e Infancia, presidente de la Academia Nacional de Medicina en dos ocasiones (1879 y 1906) presidente del Congreso Médico Nacional de Higiene y director de la Escuela Nacional de Medicina de 1902 a 1911.

El Dr. Ponce de León fue un banco de datos de carácter científico para Sinaloa; esto lo trataremos en próximas colaboraciones, si es que los editores de La Voz del Norte, lo valoran.

Apegándonos al contenido de estos “ligeros apuntes”, el farmacéutico y editor de la revista “Bohemia Sinaloense” Julio G. Arce, los había ponderado al editarlos en 1909; en sus talleres tipográficos de Culiacán, ubicados por la calle Gral. Antonio Rosales en lo que hoy es el centro histórico de la antigua villa de San Miguel de Culiacán, muy cerca del edificio del Archivo Histórico del Estado.

En ese texto con el carácter de liminar don Julio plasmó un diagnóstico muy interesante sobre la situación de la cultura y la ciencia en Sinaloa; sus juicios son lapidarios, nada más observemos lo siguiente: ”Raro es en nuestro medio y en nuestras condiciones que haya quien ocupe sus actividades y su talento en emprender estudios cuya aridez espanta a los espíritus poco cultivados, de los que está lleno el mundo”.

En efecto, el listado de don Ramón asombra por lo conciso, riguroso y apegado a la taxonomía de lo natural en su tiempo. Las lecturas de botánico sueco Carlos Lineo, en lo que se refiere a la taxonomía y la nomenclatura de las plantas seguramente le ayudaron, pero hizo algo más, les agregó el nombre en la lengua cahita, según la tradición observada. En ese liminar, Julio G. Arce, de origen jaliciense, hombre de poder en los estertores del viejo régimen, habló de las vanidades de quienes publicaban en su tiempo y anotó algo más: “Por eso hay tantos poetas infumables, tantos literatos mediocres, tantos escritores que carecen hasta de los conocimientos gramaticales y tantas gentes que van tras la engañosa notoriedad de un cumplido periodístico”.

Los ácidos comentarios del controvertido maestro de Rafael Buelna y Juan de Dios Bátiz Paredes en la institución rosalina, se acentúan en lo siguiente: “La obra del día, en general, es frívola, ligera, insustancial. De todos los folletos y libros que circulan a diario y van a las redacciones en busca de elogioso párrafo bibliográfico, pocos perduran sin duda alguna, porque no brilla en ellos ni el arte, ni el ingenio, ni la verdad, ni nada”.

Luego se desvive en elogios el Dr. Enrique González Martínez, “…porque hay en ellos arte, sentimiento y vida”.

Del autor escribe que es, “…uno de los más entendidos hombres de ciencia con que cuenta Sinaloa”, para después desgranar juicios cortos y certeros sobre estos ligeros apuntes que se reeditaron en noviembre de 2009, en el centenario de su alumbramiento.

Pasando a las utilidades de estos “Ligeros apuntes…”, sabía usted que la popular uña de gato, que en la lengua nativa cahita, se le denominó como Hocona, estaba clasificada como Acacia ferox, en la campiña sinaloense se encontraba en forma silvestre.

Hoy en un buscador de internet encontramos más de un millón de resultados en una sencilla búsqueda; la Hocona aparece con otra clasificación científica y la medicina moderna señala sus asombrosas cualidades curativas, contra el cáncer, sin embargo por los apuntes del Dr. Ramón Ponce de León, sabemos que tuvo un uso prehispánico, y que los naturales de esta región la utilizaron de manera cotidiana.

Estos y otros ejemplos nos demuestran que estos ligeros y austeros apuntes de un galeno que vivió 40 años de docencia en el Colegio Rosales, merecen ser recordados y sobre todo que esta obra refleja la austeridad con que se trataron los aspectos culturales y científicos sinaloenses a finales de un régimen que no avizoró su cercana finitud.

Director del Archivo Histórico General del Estado de Sinaloa.

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