Nacional

Constantino Escalante

Por domingo 14 de agosto de 2011 Sin Comentarios

El inolvidable olvidado

Por Juan Cervera Sanchís*

Constantino Escalante está justamente considerado como uno de los más notables caricaturistas que ha dado México.

Nació en la capital de República el 25 de mayo de 1836 y murió a consecuencia de un accidente ferroviario, que sufrió en Tlalpan, la madrugada del 29 de octubre de 1868 a los treinta y dos años de edad.

Su fama como caricaturista surgió al unísono de la publicación, el primero de marzo de 1861, del periódico “La Orquesta”, cuando Constantino era un joven de veinticinco años de edad. Le bastaron siete de vida artística para morir convertido en una celebridad en el México de su tiempo. Frías Soto, exigente crítico contemporáneo de Escalante, al morir éste testificó: “Escalante creó un género nuevo, enteramente suyo, que hizo de la caricatura mexicana una sátira viva, animada, personal y punzante, como jamás lo había sido la caricatura europea.”

Harto punzante resultó para algunos el sorpresivo arte de Escalante. Don Francisco Sosa dejó escrito lo siguiente de su lápiz hiriente: “Fue un verdadero adalid de la causa de México en la guerra de la intervención y del imperio, y no sería arriesgado afirmar que hizo con su lápiz más que muchos generales con su espada, que muchos escritores con su pluma y muchos oradores con su palabra.”

Caro le costó a Escalante una caricatura que publicó en “La Orquesta”, donde el plenipotenciario de Francia en México en aquel tiempo, Saligny, aparecía dentro de una botella de cognac de cincuenta años, tras la peregrinación de un lugar a otro de la República del gobierno nacional.

Escalante, que se había refugiado en Pachuca, fue a caer, para su desgracia, en manos de las tropas francesas, que lo identificaron y, en venganza por lo de su caricatura de Saligny, entre otras que había hecho sobre las tropas invasoras, fue encerrado, como si fuese una fiera salvaje, en una estrecha jaula en la que fue traído de Pachuca a México y paseado por las calles de la ciudad.

Tras recobrar la libertad y volver a publicarse “La Orquesta”, luego del triunfo de la República en 1867, Escalante volvió a su puesto de caricaturista, aunque no por mucho tiempo, pues un año después, como ya dijimos, un accidente ferroviario le arrebató la vida.

Sosa nos describe sus funerales: “Una comitiva inmensa, en la cual se reflejaba el dolor más profundo y más sincero, acompañó el cadáver del artista al panteón de San Fernando. La sociedad entera estaba representada en aquel cortejo fúnebre: artistas, diputados, hombres de Estado, generales, abogados, médicos. Todos quisieron tributar el último homenaje al amigo, al genio que se hundía en la tumba después de haber conquistado una popularidad de la que no hay muchos ejemplos en nuestros anales.”

A lo que añadía el acucioso y muy admirable don Francisco Sosa: “Constantino Escalante fue el primero de los caricaturistas mexicanos y, sin pretender herir a los que después de él han empuñado el lápiz para satirizar a los hombres en los puestos de la administración o en otras esferas sociales en donde han llegado a ocupar la atención pública, debemos decir que ninguno lo ha aventajado ni han siquiera puéstose a la altura a que él llegó.”

No exageraba don Francisco. En verdad Constantino Escalante fue el máximo caricaturista mexicano del siglo XIX, no obstante haber ejercido su arte apenas durante siete años de su corta vida. Hoy pocos, poquísimos lo recuerdan y tienen memoria de su paso por este mundo nuestro donde la memoria es tan escasa y tan inmenso el olvido.

Máxime entre nosotros que nunca nos hemos distinguido por la buena y justa memoria histórica y menos por la gratitud hacia aquellos que mientras vivieron brillaron más que el común de la gente. Tal pareciera que la envidia busca a toda prisa destruir cuanto antes a los genuinos valores y reducirlos a la mudez del olvido.

La noticia de su paso por este olvidadizo e injusto mundo nuestro apenas si ocupa hoy seis o siete líneas en los diccionarios enciclopédicos. No resta esto méritos al genio de Constantino Escalante, que hoy aquí queremos recordar someramente contra el tremendo peso del olvido que, con imperdonable frecuencia, empequeñece y limita nuestras vidas, ya que la verdadera vida es memoria dinámica.

Sí, memoria, donde tienen rotunda presencia el ayer como el hoy, ya que unidos diseñan y reafirman nuestro mañana, pues el olvido nos confunde nos pierde en un hoy carente de pasado y futuro, es decir, muerto en vida, como el enfermo de alzheimer.

*Poeta y periodista andaluz.

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