Nacional

Crónica de los primeros caminos de terracería

Por domingo 31 de julio de 2011 Sin Comentarios

Por J. León Rodríguez Zúñiga*

Don Ramiro, es recordado por varias personas en los municipios de Jaumave, Palmillas y Bustamante, un servidor lo trae a la memoria como un chofer bien sentado frente al volan­te, que llegaba a Bustamante metiéndose el sol y gen­te esperando al familiar que seguramente llegaría o simplemente para ver quien llegaba al pueblo, y fuera conocido o novedoso, después veía a Felipe Llamas ha­cer el aseo del camión (autobús) que venia muy “gua­careado”– huáca­la, estoy hablando de los años 1969-1973.

Para terminar la entrevista con don Ramiro me dice….

En tiempos del gobernador Hora­cio Terán Zozaya, pero cuando an­daba de candidato (1950) y goberna­dor (1951-1957), me mando don Nieves Alcocer con su camión de redilas hasta Va­lle Hermoso y también al Aserradero con 15 gentes, por un camino muy feo, fui el primero que llegue has­ta esos lugares. Después irían Galdino Leija con otro camión de don Nieves Alcocer y Miguel Rangel con el “rayo” propiedad de don Carlos Rangel.

En los caminos se encontraba uno con diferentes pasos difíciles, de Miquihuana a Palmillas estaban: El charco Puerco, el arroyo de Gaspar, el Porterito, el plan de flores y la entrada a Bustamante (el Colora­do), la Joya de Santos y la subida de San Francisco. De Familias a capulín: Una subida que estaba antes de llegar a los Arrieros y la subida a Capulín donde estaba una noria, ahí nos daba la mano don Ticho, velador o en carga del rancho. De Capulín a Busta­mante: Fray Juan y el arroyo Colorado antes de llegar al pueblo.

Cuando llegamos a Tula y San Luis a dejar trigo, en el arroyo del ahorcado pasábamos sobre unos rieles, pues el arroyo tenía como 3 o 4 metros de ancho y 5 o mas de profundidad, por lo tanto teníamos que ati­narle a los rieles, de no ser así no la contaríamos.

De Palmillas a Victoria el paso de Valdez, las enra­madas, el paso de la vaca, la curva de la Florida, los atascaderos de la Florida, el paso de Monterredondo, ahí nos atascábamos entre la arena, un señor nos ren­taba o prestaba una viga que metíamos debajo de los muelles y levantábamos el carro de carga con la ayu­da de la gente, otro paso difícil era la ceja, el Sotol, llegábamos a Jaumave y de ahí a Victoria: La ciénega, el callejón de don Elías, el arroyo del coyote, palo alto el río Chihue; en 1955 lo pase y me llegaba el agua hasta las orejas, llevaba 200 cajas de tunas, an­tes engrasaba el distribuidor y los cables para que no se mojaran, cuando pasaba el rió, le haré a la pasada, pero un amigo de la Lagunita se metió con todo y pan­talón y se lo llene de tunas, entonces le dije: Te doy otra caja de tunas y metete entre el agua y dime para donde le doy al volante, entonces me dijo, déle para atrás y enderece­lo, y así fue como Salí del problema, de gusto le di otra caja de tunas para que pasara un ca­ble hasta el otro extremo, Galdi­no iba conmigo, quiso pasarse por el cable pero no pudo, otros hom­bres lo ayudaron, esa ocasión se ahogo mucha gente. El maestro Tito Mata y otros dos maestros lo llevaron arriba del camión, Galdino Leija y Anastacio Lumbreras y conmigo dentro de la cabina Francisco Uresty.

Después del Chihue: Los puentes de vigas muy an­gostos pues mojada la madera y angosta era peligro­so, también La Joya verde y antes de llegar a victoria el río San Marcos, pero con menos peligro. Esa oca­sión no regresamos por donde mismo, nos fuimos a Monterrey, luego a Saltillo, Matehuala, Dr. Arroyo y llegamos a casa (Miquihuana) por la perdida.

Los transportes de gente a los diferentes lugares me traen bonitos recuerdos, pero contare una anéc­dota de Bustamante. Ahí me lleve muy bien con los Trejo, nos deciamos parientes, en ocasiones llevaba barras de hielo y nos perdíamos haya por la curva cantando y tomando, otro día me regresaba desvela­do y crudo, pero la mejor vivencia fue cuando me fui a unas peleas de gallos y perdí todo el billete, pero cuando estaba triste, llego el amigo Sotero con un gallo golón y me dijo: Juégalo para que se reponga, como cosa perdida que lo juego y que va ganando el gallo golón, con aquello y un préstamo de la enferme­ra Teodormira salve la cantidad que debería entregar a los patrones, que tiempos aquellos, saludos para mi amigo Sotero donde se encuentre. Res non verva.

*Cronista de Mineral de Bustamante, Tamaulipas

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