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Disparos fallidos a una crónica que se mueve mucho

Por domingo 17 de julio de 2011 Sin Comentarios

Por Joel Isaías Barraza Verduzco*

Cuando un día pasa, deja de existir. ¿Que queda de él? Nada más que una historia.
Si las historias no fueran contadas o los libros no fueran escritos, el hombre viviría como los animales: sin pasado ni futuro, en un presente ciego.
Isaac Bashevis Singer

Nunca se me podrá olvidar el momento en que comprendí que el
periodista es un cazador. Su labor implica largas horas al acecho; sus jornadas
no tienen horario; pueden prolongarse hasta el amanecer o iniciar en el.

Hoy en la mañana leí en mi ordenador el diario “La Crónica”, y
volví a constatar que todo el periódico está constituido por un conjunto de
crónicas, y que todos los periodistas son cronistas que se dividen el trabajo
de las crónicas diarias: la cultural, la deportiva, la política, la judicial,
la parlamentaria, etc.

Estos textos, que publican frescos y que entregan todos los días a
la redacción, contienen la materia prima del periodismo. La información, la
noticia, la nota informativa. Pero la intención del cronista consiste en ir más
allá de los hechos, describir el ambiente en que se producen, desentrañar el
contexto y elaborar a lo largo del relato una interpretación.

Para el libro de estilo de los redactores de El País… “el estilo
de la crónica está a medio camino entre la noticia, la opinión y el reportaje.”

Un buen periodista tiene que saber cómo ver una cosa con claridad,
y describirla con sencillez.

Relatar lo sucedido y dar al lector la impresión de que él mismo
lo ha visto, constituye una buena crónica. A la hora de escribir una crónica
suele haber una emoción. En la crónica el periodista está generando información
que jamás se le hubiera ocurrido al lector. La emoción nos impulsa a tomar
partido, el método se mezcla con la ética y la pasión.

El cronista cuando escribe, mimetizado en su papel de testigo, le
da al texto producido mayor verosimilitud y cierta intimidad y calidez, sobre
todo cuando lo hace en primera persona.

En la crónica el juego literario haya ventajoso usar la primera
persona, o narrar acontecimientos como vistos y vividos desde la interioridad
ajena. Idealmente, en la crónica priva la recreación de atmósferas y
personajes, sobre la transmisión de noticias y denuncias.

Podríamos afirmar aquí: que el género periodístico más cercano a
la literatura es para nosotros la crónica, o tal vez la crónica sea el más
literario de los géneros periodísticos, porque el cronista se explaya en su
propio estilo.

La crónica podría ser el equivalente al llamado nuevo periodismo
norteamericano, iniciado por T. Capote, N. Mailer, T. Wolf, T. Southern y
otros. Aquí el periodista es una especie de cronista en la que el narrador
asume un papel protagónico. El cronista crónico tendrá que aprehender a ser un
buen… sociólogo… antropólogo… comunicólogo… observador participante… voyeurista…
zorro… metiche, mitotero y preguntón… ratero, porque trabaja a ratos…testigo
presencial… salvavidas social… defensor de oficio… etc.

Existe una formula conocida y desgastada pero también temida y no
siempre cumplida o rebasada: RELATIO vs. NARRATIO.

Desde esta clara formula el cronista es un relator y un narrador.
Relación de hechos —Narración de los hechos.

El que escribe, tiene que resolver la difícil ecuación borgiana:
primero inventar una historia maravillosa, y habiendo cumplido ese cometido
iniciar el otro igual de difícil, contarla maravillosamente.

Y es que al cronista que relata se le exige tanto la función como
la pasión. Se espera de él que acuda a la escritura como una de las formas más
eficaces de organizar el pensamiento y la crítica.

Algunos hablan de sus escritores favoritos, de aquellos a los que
más admiran, algunos otros hablamos de nuestras fuentes y para mí, las
siguientes nunca se secan y siempre tienen jugo: Carlos Monsivais, Alma Guillermo
Prieto, Gabriel García Márquez, Elena Poniatowska, Julio Scherer, Manuel
Vázquez Montalbán, Ryszard Kapuscinski, Truman Capote, Norman Mailer, Terry
Southern, Tom Wolfe y Federico Campbell.

Las otras fuentes son los otros y sus vidas, sus diferencias y
similitudes con la mía, mi ciudad, los barrios que frecuento, el Océano Pacífico,
el trópico violento, la bebida, la comida, la música, las otras artes y todos
los libros y todas las lecturas incluyendo el cine y la televisión.

El mercado, las islas a media noche, la isla de Orabá al medio
día, el malecón -el del mar y el del río-, las plazuelas, Los Portales, La
Machado, la Plazuela Revolución, el Parque Constitución, El Zoológico, las macedonias,
los raspados, los esquites, las empanadas, los churros, los coricos, el atole
de maíz, etc.

Algunas recurrencias inevitables serían los diversos géneros
periodísticos: la nota informativa o noticia, la entrevista, la crónica, el
reportaje, el ensayo, el artículo (reseña, editorial, columna, artículo de
fondo). Y tantos otras recursos que permiten al cronista escribir cosas
inverosímiles o más que creíbles, que algunas veces quedan como crónicas de la
realidad vivida por uno y por los otros, y muchas otras terminan en el cesto de
los papeles reciclables porque alguien consideró que todavía no habían nacido,
o nacieron defectuosas.

*Antropólogo/ENAH.

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