Nacional

¿La música pop, moda o estilo artístico?

Por domingo 10 de julio de 2011 Sin Comentarios

Por Mario Arturo Ramos*

A mediados del siglo XX surgieron en el arte otras formas de hacerlo y entenderlo. El fin de la Segunda Guerra Mundial, trajo grandes cambios en casi todas las actividades de los seres humanos, que conmocionados por la destrucción causada por el autoritarismo fascista, se comprome­tieron consciente e inconscientemente en la década siguiente a emprender con carácter de urgente, la exploración y la experimentación -lejos de las reglas usuales- para: crear, recrear, fusionar, desmitificar, comunicar, tendencias/ corrientes/ estéticas/ socia­les/ producto de los post- tiempos bélicos que ne­cesitaban expresarse y que la histeria colectiva pro­ducida por la muerte, impedía que se manifestaran. El arte fue uno de los primeros en recibir el impacto de la masificación, invitado colectivo que condicionó el quehacer humano a partir de la segunda mitad. Autores, intérpretes, espacios de difusión, empresas realizadoras y medios de comunicación, fueron la fuerza para echar a andar una nueva actitud artís­tica, planteando como objetivo lograr que la masa, creara obras para la masa, aceptando que esta posi­ción tendría que existir bajo condiciones impuestas por el consumismo, nuevo juez que con resultados de ventas otorgaba fama y reconocimientos. Bajo estas circunstancias surge el POP como estilo artístico y la música como su elemento más representativo.

“Una obra de arte no tiene un valor absoluto, sino que cambia de significado según el contexto histórico en que se realiza.” Umberto Eco.

En estos días es común escuchar el término: mú­sica pop, para identificar producciones con voces, imágenes y sonido “internacional”. Sin embargo po­cos conocen que solo es una parte de un proyecto cultural que se extiende a otras formas de expresión. Su raíz lingüística es “popular art”, título creado por los ingleses Leaslie Fiedler y Reyner Banham, en 1955, como definición a imágenes populares integra­das a la producción de publicidad, cine, televisión, comics, fotonovelas, y, música que conjuntara: rock, jazz, country, blues y rhytm and blues sin límites es­tilísticos acartonados; interpretada con instrumen­tos eléctricos, con una marcada base rítmica y una clara importancia de los procesos melódicos /vocales / instrumentales. En años recientes, las evoluciones constantes de rock and roll, dieron paso a un amplio espectro de producciones discográficas y visuales in­terrelacionadas con otros géneros que parecieran aje­nos a su objetivo. Este producto representa –hoy- casi todas las oferta que la industria musical llama POP, o sea en pesos, centavos y autógrafos, lo bailable por la juventud que aspira vender a un mercado más allá de la fronteras, cobijados por el termino como slogan mágico de mercadotecnia; del otro lado de la moneda, otra defi­nición señala que es una manifestación plural que irrumpe con elementos po­pulares. Por eso debemos aceptar que es un objeto de la sociedad de consu­mo que contiene significados concre­tos de reclamo comercial y presenta­ción funcional, que se viste de un nuevo destino, por el hecho de asumirse como música de masas y coexistir junto al “hit”y el espectáculo, una forma de la contracultura -a pesar de que sus principales per­sonajes son cooptados por el “show bisnes”.

“La civilización capitalista post-industrial basa su dinámica en el consumo y, bajo estas directrices se encuentra cualquiera de sus manifestaciones. Modas y estilos discurren en cambio constante y se hacen efímeros para dar paso a nuevas tendencias. Las inno­vaciones provocan cambios permanentes. La cultura, el arte, la ciencia, se consumen casi como se tratara de comestibles enlatados” José Ragué Arias.

Andy Warhol, Billy Halley, Mary Quant, Elvis, Ro­bert Rauschemberg, la ampliación de una lata de sopa Campbell, Richard Hamilton, Tom Wolfe y, la cúspide: John Cage, los poetas Beat, los Beatles, el Submarino Amarillo, los hippies, los niños o generación de las flores, Paul Anka, Tom Jones, Twiggy, Madona, Michel Jack­son, Peter Max, Shakira, Ricky Martin, Britney Spears, etc., son unos cuantos nombres en la multitud de estrellas y descono­cidos que forman la espina dorsal del POP. México no podía quedar­se afuera del estilo artístico que vendía y aquí surgieron cantando divas y galanes -algunos- que entre los jóvenes iberoamericanos causa­ron sensación: Angélica María, el es­critor José Agustín escribió en 1968 en “La nueva música clásica”: Por principio, aunque cantante popular -para el público- Angélica no ha sido una rocanrolera que copie las versiones de otras cantantes, como la gran ma­yoría de las intérpretes mexicanas. Por ejemplo, Armando Manzanero difícilmente habría comido si Angélica no hubiera grabado sus canciones, aun en contra de la voluntad de la Musart (empresa discográfica); lo mismo sucede ahora con Lolita de la Colina. Esto ya la separa completamente del resto. Por otra parte, no hay canción traducida que canta­da por Angélica se parezca a la versión original, sino que ella les da nueva vida con su estilo (un estilo que han tratado de copiar hasta la repugnancia pero que nadie ha podido lograr), con su sensibilidad y con las ganas que pone en cada canción.” Otros observadores señalan que la cancionista mexicana era una síntesis comercial de Connie Francis y Doris Day, iconos grin­gos de la balada rockera y la melcocha literaria.

“La música se convierte en una religión eléctrica en la que músicos e intérpretes reviven la función mágica del shaman de las antiguas tribus, trasmitien­do a la comunidad el poder de sus experiencias a tra­vés del ritual de la música.”

Entonces la música pop nacional tiene ya un cami­no que la aleja de la moda y la convierte en un estilo artístico. De los sesentas en adelante ha sentado rea­les entre nosotros y ha influido en otras formas mu­sicales no siempre con resultados óptimos, pero a su conjuro una buena cantidad de ídolos locales y estre­llitas fugaces conquistaron (an) escenarios y reflec­tores. En estos cincuenta y tantos años transcurridos desde su llegada a México su presencia se encuentra aún en géneros totalmente diferentes. Ejemplos en la canción norteña, los grupos acústicos fueron supera­dos en popularidad por los que utilizan instrumentos electrónicos; en las bandas surgió el conocido soni­do “Tecnoband”, no se diga de los populares conjun­tos tropicales que bajo el lema de renovarse o morir adaptaron a sus dotaciones aparatos electrónicos en busca de un nuevo sonido y realizaron versiones de éxitos POP para ampliar su repertorio. Las actuales figuras nacionales: Paulina Rubio, Luis Miguel, Tha­lía, el grupo Maná, Juan Gabriel, Marco Antonio Solís, Joan Sebastián, etc. Han utilizado la balada pop, el ranchero pop, el norteño pop, el colero pop y otras fusiones para encontrar un mercado de “fans” cau­tivo de los medios de comunicación. Ya pasaron más de 60 años del surgimiento del sonido pop y, continua tan campante cante y cante; los artistas gráficos in­mersos en el movimiento han evolucionado a nuevas tendencias y experimentación, ello los revitaliza, los coloca en el centro gravitacional de lo que define el escritor Humberto Eco: “Si la cultura surge del proceso de adaptación que efectúa el hombre respecto a su ambiente, el resultado será la creación de un mundo de símbolos. Un mundo cuyo signos físicos más frecuentes sean capaces de proporcionar a los indivi­duos que lo habitan un significado personal y distin­tivo. Entonces la pregunta de si es moda o estilo se podría contestar señalando: que en estos momentos sin la perspectiva de una valorización histórica, no se puede afirmar o negar si se trata de una moda de poca importancia o del estilo de una época. Lo único que se puede asegurar es que en estos sesenta años nuestra sociedad occidental se encuentra bajo sus efectos y su influencia y con la misma interrogante: ¿La música pop, moda o estilo artístico?

*Investigador y compositor

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