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Los versos que no leí en Mocorito

Por domingo 26 de junio de 2011 Sin Comentarios

Por Mario Arturo Ramos*

La noche del sábado 11 de junio, en el atrio de la iglesia de la Purísima Concepción, presenté un breve recorrido sobre la poesía. El tiempo dictador implacable, impidió que leyera un poema de mi autoría con el que pensé en cerrar mi intervención en: “Expresiones Culturales de La Voz del Norte”, En el 1er año del semanario cultural, originario de Mocorito, Sinaloa, traté de no publicar poemas en mis colaboraciones, por estar consciente de que hay más poetas que lectores; sin embargo mi raíz literaria se encuentra en esta manifestación artística que acompaña mi camino. Entonces rompo mi compromiso y como excepción, van estos versos que no leí en Mocorito. Se los debía a la Atenas de Sinaloa.

Las calles de Mocorito

Las calles de Mocorito
tienen la vida afilada;
por las tardes para huir del calor,
abren sus puertas
como alas misteriosas
extienden las manos
sonríen a la muerte
y susurran leyendas.

Las calles abrigan amorosamente
historias de poetas enamorados
de los globos de papel de china
que llenan el cielo de colores
arrancados a las melodías
que interpretadas por una banda
cortejan al crepúsculo.

Viejos testigos que conocen
el trote de los caballos
que vencieron al olvido.

Las casas que forman su órbita terrestre
ignoran el futuro
que crece cerca del café internet:
a pocos pasos de los 4 elementos
atenienses, que sembrados en una jardinera,
se secan el sudor del verano.

Al despertar la noche
la luna baja de las montañas
inicia el ancestral rito
de la danza de las sombras
en el atrio que guarda a la Purísima.

El aire nocturno huele a paloma asada
a mujer con el perfume
que le gustaba al abuelo.

Las calles de Mocorito
son el testimonio
de amores prohibidos
de fantasmaniñas que juegan
entre música y angelitos con uniformes
de escuela primaria.

Por sus banquetas siguen pasando
las de arriba y las de abajo
mujeres que guardan bajo las faldas
las recetas mágicas del chilorio
de la machaca y los jamoncillos de leche;
rumores de la sierra,
encantadoras hembras de la ternura y del deseo.

Las calles de Mocorito
construidas con chismes
tragedias y oraciones de difunto,
sonrisas y cuadros tradicionales,
son la muestra del ingenio mocoritense
que sin prisa continua transitando por ellas
como si recorriera el mundo.

*Investigador y compositor

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