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Jorge Semprún: preguntas sobre lo inexplicable

Por domingo 26 de junio de 2011 Sin Comentarios

Por Iván Escoto Mora*

Cómo suspender la “descreencia” y empezar a creer en esa parte humana, oculta hasta lo imperceptible en el hombre, frente a la maldad que se desborda sin sentido.

Con la muerte de Jorge Semprún, como con la muerte de cada sobreviviente del holocausto nazi, se extingue una parte de la historia anidada en lo más oscuro del ser.

Semprún se cuestionó alguna vez sobre la naturaleza del mal radical. Sus preguntas se leen hoy con una vigencia desgarrada, con un dolor inscrito en palabras que no dejan de herir porque en una imagen, son el retrato de todas las formas de violencia, de sangre, de eso que constituye la maldad banal. El diario El País de 8 de junio de 2011 reprodujo las palabras del escritor español:

“¿Sabe usted qué es lo más importante de haber pasado por un campo?, ¿Sabe usted qué es exactamente?, ¿Sabe usted que eso, que es lo más importante y lo más terrible, es lo único que no se puede explicar? El olor a carne quemada…yo tengo dentro de mi cabeza, vivo, el olor más importante de un campo de concentración. Y no puedo explicarlo. Y ese olor se va ir conmigo como ya se ha ido con otros”.

Cuestionar el origen del mal parece una pregunta inconducente, sin embargo, cuando se experimenta en cuerpo propio, cuando los latigazos más duros se hincan en nuestra espalda, parece imposible dejar de pensar en eso que nutre su esencia; eso que, pese todo esfuerzo, simplemente no logra ser explicado.

En 1943 Semprúm fue detenido y confinado a “Buchenwald”. Este centro no fue destinado originalmente al exterminio sino a la concentración de prisioneros que podían ser intercambiados, vendidos o explotados, en aplicación de las leyes del Tercer Reich.

Aún cuando no había cámaras de gas en “Buchenwald”, los internos eran obligados a realizar trabajos que derivaban en su muerte. En 1937 entró en funciones como un campo de concentración para presos de conciencia. A sus siniestras ergástulas llegaron disidentes perseguidos del régimen franquista –a la sazón aliado del nacionalsocialismo-, comunistas, artistas, intelectuales y críticos del sistema. Para 1938, el centro comenzó a recibir gitanos, homosexuales y judíos.

El régimen del Führer se valía de un lenguaje engañoso, quizás buscando ocultar la maldad abismal que, en el fondo, siempre avergüenza a quien la acepta y ejecuta. A la entrada de “Buchenwald” se leía: “Jedem das seine” (A cada quien lo suyo). Con tal introducción se pretendió justificar el horror, los Jorge Semprún: preguntas sobre lo inexplicable Por Iván Escoto Mora* experimentos médicos, la promoción deliberada de contagios a los prisioneros, quienes eran inoculados con bacterias o mutilados, obligados a recibir tratamientos de hormonas y trasplantes absurdos, todo ello para encontrar curas ingenuas que preservaran la “perfección de los arios”.

En 1943 Semprún fue detenido y confinado a “Buchenwald”. Ahí portó en el pecho el ominoso triángulo rojo, impreso con la “S” de “Spanier” (español). Semprún fue confinado junto a prominentes personajes y otros que llegarían a serlo. Un ejemplo fue el húngaro Imre Kertész, quien se convertiría más tarde en escritor, periodista, novelista relevante para las letras mundiales, ganador del premio Nobel de Literatura en el año 2002.

Luego de la guerra civil española el padre de Semprún abandonó La Haya, ciudad en que fungía como diplomático. Jorge Semprún se refugió con su familia en París y desde la disidencia de izquierda se volvió un fiero crítico del gobierno de Adolfo Hitler.

El campo de “Buchenwald” grabo en la memoria de Semprún lo más terrible de la condición humana, esa que deja restos indelebles que el olvido no logra trabajar jamás.

El olor a muerte se cuela por la historia una y otra vez, en un lugar y en otro. El dolor se vuelve un puño de clavos oxidados, punzantes, supurando con mayor o menor intensidad, pero siempre de manera insoportable. No obstante, frente a la maldad inabarcable, sobreviene la esperanza, la necesidad de conservar la memoria, de sobrevivir y hablar para tratar de entender, para deshilvanar la enredada madeja de la existencia.

El caso de Semprún es el del hombre que reconstruye el mundo desde la experiencia de lo inhumano para recuperar lo humano. Jorge Semprún: escritor, guionista, luchador social de origen español, ministro de cultura, miembro de la Academia Goncourt de letras francesas, falleció el pasado 7 de junio de 2011. La suya no fue una disyunción entre “La escritura o la vida” sino una conjunción que hizo de su vida la mayor de las experiencias literarias. Semprún deja una obra basta y una inmensa incógnita que nos exige tratar de explicar el origen del mal y las razones que llevan al hombre a internarse en sus honduras.

*Abogado y filósofo/UNAM

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