Estatal

El Colegio de Cinaloa*

Por domingo 12 de junio de 2011 Sin Comentarios

Por Gilberto J. López Alanis**

Ruinas del Colegio de la Compañía de Jesús. Sinaloa de Leyva

En 1591, arribaron a la villa de San Felipe y Santiago de Sinaloa, hoy Sinaloa de Leyva, en el municipio de Sinaloa, al norte de esta entidad, los sacerdotes jesuitas Gonzalo de Tapia y Martín Pérez, estableciendo la organización misional pionera del Noroes­te Mexicano, a la cual lla­maron Provincia de Nuestra Señora de Cinaloa; abarcó desde el río Mocorito hasta el río Yaqui. Martín Pérez nos dejó un fundamental rela­to de carácter etnográfico y antropológico que llamó del mismo nombre con el agregado de la fecha en 1601.

El sistema misional es­tablecido, en su desarrollo, necesitó de una institu­ción organizadora de amplio alcance, que se avocara a los diversos aspectos de la formación espacial que se estaba prefigurando, por ello en 1610, aparecen los primeros registros de un Colegio con el rectorado del padre Martín Pérez, del cual hice un relato biográfico en 2005, publicado en la Serie Biográficos de DIFOCUR, con el nombre “S.J. Martín Pérez, el Apóstol de la Ca­ridad en la Provincia de Nuestra Señora de Cinaloa”.

El mejor estudio histórico y académico, sobre el Colegio de Cinaloa, esta institución misional de carácter evangélico y educativo se lo debemos a Laura E. Álvarez Tostado; ella hurgó en fuentes primarias y secundarias de archivos nacionales e internacionales, para presentarnos lo orígenes de un colegio jesuita di­ferente a los establecidos en otras latitudes de México y otros países de América Latina. Su tesis avalada por la Universidad Nacional Autónoma de México y aseso­rada por la Dra. Rosa Camelo Arredondo, mantiene su diferenciada jerarquía por sobre los estudios de pros­pección arqueológica iniciados recientemente por el arqueólogo Joel Santos del INAH Sinaloa.

Sin embargo desde 1657, en el informe del SJ Fran­cisco Xavier de Faria, denominado “Apologético de­fensorio y Puntual Manifiesto…” hizo una defensa de la obra misional en el noroeste mexicano y en ella incluye al Colegio de Cinaloa. En tal documento de Faria, se­ñala una serie de características que hacen del Colegio la institución formadora de un tejido social que le dio al Noroeste Mexicano sus posibilidades culturales.

Se ha cuestionado en diversos foros académicos la posibilidad de la existencia ortodoxa del Colegio de Ci­naloa; en efecto, este, no se parece a ningún otro de los establecidos en otros lugares del virreinato de la Nueva España. El nuestro, se organizó adaptado a las condicio­nes climática, poblacionales, productivas y culturales de una región que necesitó una promoción evangélica novedosa.Las misiones jesuitas de Sonora y Sinaloa fueron un experimento original que marcó a la Compañía de Je­sús como organización tran­soceánica.

El Colegio retratado en el Apologético, como “obras de misericordia corporal” completó la labor evangélica espiritual y se inscribió más como una agencia de desarrollo o una centralidad de promoción económica y para sustentar lo afirmado se­ñalamos algunas de sus funciones: Proporcionó asisten­cia médica y medicinas; Asistencia y dotación alimen­taria: dotación de indumentaria; socorro espiritual; dotación de herramientas y utensilios de trabajo; apo­yo para los festejos y las fiestas; dotación de ganado; auxilio en el nacimiento, casorio y defunciones; viáti­co para viajes de negocios; apoyo para abrir minas o armar una pequeña hacienda; prestamos para el pago de deudas para librarse de sus justicias y acreedores; administración de caudales españoles; formación de haciendas de ganado y de otros frutos de la tierra y venta de excedentes fuera de Sonora y Sinaloa.

Como vemos la obra del Colegio fue trascendente y seguir ignorando su existencia constitutiva de la cul­tura del noroeste mexicano es una aberración. Para más información sobre esto ver la ponencia “Volver al Apologético defensorio y Puntal Manifiesto de 1657” en la memoria del seminario “La religión y los jesuitas en el noroeste novohispano” editada por el Colegio de Sinaloa Vol. III. 2009.

Muchas y variadas son las posibilidades interpreta­tivas que merece la existencia cultural de El Colegio de Cinaloa, al hacer el rescate de sus restos arqueoló­gicos, se tiene que privilegiar su trascendencia simbó­lica ya que la evidencia de su existencia ha quedado demostrada y en este punto, su interpretación inter­disciplinaria supera la acotada visión arquelógica.

*Así se escribía Sinaloa en las fuentesdocumentales de la Conquista
** Director del Archivo Histórico General del Estado de Sinaloa

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