Nacional

29 años celebrando a la Danza

Por domingo 1 de mayo de 2011 Sin Comentarios

Por Mario Arturo Ramos*

El 29 de abril de 1982, se celebró el 1º Día Internacional de la Danza, la fiesta se llevó a cabo como lo ha hecho durante 29 años, con la participación colectiva, llena de vitalidad y disciplina artística. Aquel año, el Comité de Danza del Instituto Internacional de Teatro de la UNESCO, atendiendo la propuesta de maestro de Leningrado, Piepor Gusev (URSS), quien les planteó que para conmemorar un aniversario del nacimiento del coreógrafo francés; Jean Georges Noverre, figura de la danza y reformador de esta expresión artística se realizara un serie de eventos en todos los países afiliados al Consejo Internacional de la Danza. El Comité acepto y así comenzó el festejo dancístico de mayor importancia en el año.

El CID dio forma a la celebración que honra a Noverre quien entre sus postulados estéticos sostenía: “Que los bailarines no se limitaran a ejecutar pasos, sino que estudiaran las pasiones, y por estos les aconsejaba que no es con las piernas como se puede pintar, sino con la cabeza y el corazón.” No desestimó el oficio, pero detestó el mecanismo deshumanizado.- Los veintinueve años del Día Internacional de la Danza han servido para que en cada país que se celebran se rinda homenaje a bailarines, bailarinas, coreógrafos e investigadores que con el desarrollo de su labor la han enriquecido. Serge Lifar, bailarín, coreógrafo, autor, creador del estilo neoclásico quien logró con su arte que el poeta Paul Valery señalara: “El alma de la danza lo posee”, escribió: “En el principio era la danza, y la danza era el ritmo. Y la danza estaba en el ritmo. En el principio era el ritmo, todo ha sido hecho por él y sin él nada ha sido hecho”. Esta tesis en México es una realidad incuestionable, las danzas prehispánicas son una manifestación imprescindible en las culturas amerindias, su utilidad religiosa, bélica, medicinal, mágica, social, logró conservarse a pesar de las condiciones de opresión que implantaron los conquistadores contra la cultura de los vencidos. Sin embargo a pesar de los pesares, la danza mexicana continuó su camino y creó nuevos horizontes. Su historia contemporánea tiene un universo de artistas que han dejado huella en el país y del otro lado de las fronteras. José Limón, Ana Mérida, Jorge Tyler, Amalia Hernández, Guillermo Arriaga, Felipe Segura, Nelly y Gloria Campobello, Josefina Lavalle, Raúl Flores Canelo, Gloria Contreras, Guillermina Bravo, Martha Bracho, Valentina Castro y nuestra admirada: Roseyra Marenco son algunos de los nombres que enriquecen su es­tructura.

Roseyra Marenco, bailarina, coreógrafa, maestra de danza, nació en Coatzacoalcos, Veracruz, el 29 de abril de 1930. Margarita Tortajada Quiroz escribió: “Roseyra Marenco tiene una presencia apabullante, una sonrisa fácil y una danza cargada de fuerza física y emocional. Con una terquedad admirable inició sus estudios en la Academia Mexicana de la Danza en 1949 tomando clases con: Ana Mérida, Guillermo Keys, Xavier Francis, Waldeen, David Good, Ana Sokolov, Antonio de la Torre, Beatriz Flores y Amalia Hernández. En 1953 creó “Movimiento sinfónico”; a propósito de esta faceta el crítico Raúl Flores Guerrero relató en “México en la cultura” (legendario suplemento cultural): “Las excelencias son muchas en esta danza, plasticidad y dinámica armonizadas en los movi­mientos con un verdadero sentido estético, espontaneidad y claridad en la expresión artística. Indudablemente que el talento y la gran calidad técnica que como bailarina tiene Roseyra Marenco, la conducirá en poco tiempo, a lograr la perfecta coordinación en la creación integral de sus ballets. Este, su primer paso la ha comprometido con el arte de México”. Flores Guerrero no se equivocó. Su historia dedicada al arte es intensa: en 1954 participó en la Compañía de Danza Moderna de Bellas Artes; en 1957 con el Ballet Mexicano realizó un exitoso recorrido por Venezuela; en 1964-66 fue integrante del Ballet Nacional; en 1966 trabajó con el Ballet México Contemporáneo. Ingresó al Ballet Folklórico de México en 1963, en esta compañía fue Prima Ballerina, coreógrafa, maestra; siete años después junto con John Frealy /Nelly Harpe, compuso la coreografía de “Letanía erótica para la paz”, obra basada en un poema de Griselda Álvarez. Su labor pedagógica encontró espacio en el Instituto Nacional de Bellas Artes, los Centros Culturales del IMSS, en MIZOC, Academia de Danza.

En el año de 2008 con motivo de la presentación de la “Cantata Querétaro” (Monarrez/ Mario Arturo), en el Teatro de la República de mi ciudad natal (soy queretano), entre el público asistente se encontraba la maestra. Al termino de la función, decidimos hacer un recorrido por el centro histórico, en aquella caminata nocturna, tuve la oportunidad de dialogar con una historia dedicada a la danza; alguna de las par­tes medulares de aquella plática revolotean en mi memoria. Bajo la luna de la ciudad colonial, Roseyra dijo: “Por el asma y mis lesiones todos los años que bailé fueron con muchos problemas, sobre todo respiratorios. Pero soy muy positiva y no descanso nunca y gracias a Dios puedo seguir haciendo lo que más me gusta en la vida, y eso no tiene precio. Para consagrarse al cultivo de la danza se requiere una devoción casi religiosa, mística. Hay que entregarse a ella de por vida, de tiempo completo. Los profesionales de la danza tienen que someterse a un ritual cotidiano que exige resistencia, perseverancia y amor”. Los integrantes del Ballet Arcoíris la escucharon con respeto agregar: “No creo haber aportado mucho a la danza, pero lo que sí creo y sé a conciencia, estoy totalmente segura es lo que a mí me ha aportado la danza, una plena realización”. La madrugada del 11 de mayo de 2009, la danza mexicana perdió a una de sus privilegiadas; una artista que nació el mismo 29 de abril, Día Internacional de la Danza.

*Investigador y autor.

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