Estatal

Judios, no matachines

Por domingo 27 de marzo de 2011 Sin Comentarios

Por Daniel García López*

Muchas veces, en el mayor de los casos así es, el desconocimiento de nuestra misma historia hace que caigamos en sutiles, pero garrafales errores que desvirtúan muchas veces la esencia de lo que debe ser nuestro y por lo tanto que lo conozcamos así como es.

En nuestra región, que en tiempos de la conquista espa­ñola estuvo habitada por las tribus de origen mayo, persiste durante los días de la cuaresma las “corridas” de los judíos, esos personajes tan peculiares a los que la mayoría de noso­tros cuando fuimos niños temimos hasta el extremo.

Llegado el miércoles de ceniza, se escuchaba por las ca­lles de los pueblos y ciudades de nuestra región el constante sonar de los tamborileros al ritmo de los cuales danzaban las cuadrillas de judíos bajo la mirada inquisitiva del “chicote­ro”, que es el encargado de salvaguardar el orden dentro de la cuadrilla.

Propiamente los judíos no es una danza en si, es como ya lo mencione antes, cuadrillas que recorren las calles con una graciosa algarabía donde improvisan chuscos pasos que con­sisten en fuertes pisadas para golpear la tierra.


Su indumentaria, clara reminiscencia de los trajes de los centuriones romanos, que según la tradición fueron los que dieron muerte a Cristo, ellos son entonces, según el arte y espiritualidad jesuita, los que representan al mal, que en una lucha constante, durante cuarenta días encarnan bajo la apa­riencia de máscaras zoomorfas, en una lucha constante que los lleva a vencerlo el sábado de gloria simbolizado en la que­ma de estas máscaras y la purificación de sus cuerpos a través del agua del bautismo que reciben de mano de los maestros de ceremonial.

Todo este ajuar es confeccionado por ellos mismos bajo estrictas normas tradicionales, en un ritual donde el hombre se integra a la naturaleza y consigue de ella los elementos ne­cesarios para vestir el cuerpo débil, “humano” con sus debi­lidades y tentaciones, de una fortaleza que le proporcionan esas energías que habitan nuestros montes que se hacen pre­sentes en la indumentaria como una segunda piel que repre­senta ese mal tan ajeno a la naturaleza “divina” con la que el hombre fue “creado”.

De ahí tenemos que esos personajes a últimas fechas la ignorancia popular a dado en llamar “matachines” tal vez por lo romántico del término, es más pegajoso el nombre de ma­tachín que el de judío, pero debemos saber que estamos incu­rriendo en un error grave.

Los matachines es una danza también muy popularizada entre el pueblo mayo que ceremonialmente se baila el 24 de diciembre principalmente, aunque se ejecuta con toda pom­pa y ceremonia el día de los santos patrones de los pueblos; esta danza tiene su origen tal vez en la tradición mozarabe, que influenció notablemente la cultura hispana a raíz de la conquista musulmana a tierras españolas; esa influencia la podemos ver reflejada desde el mismo nombre, y ni hablar de su vestimenta: usan en la cintura una faja de tela llamada cotencia, sobre la cabeza usan un pañolón cubriendo hasta los hombros, y sobre la cabeza una corona de alambre cubier­ta de listones y espejos, clara reminiscencia de los turbantes musulmanes.

Así que no hay pretexto para confundir una cosa con la otra, por que muy a nuestro pesar la costumbre se vuelve ley y esta en nosotros no dejar que esto suceda, como habitantes de una región donde esas manifestaciones florecen, somos por tanto los encargados de mantener vivas nuestras tradi­ciones y costumbres, los herederos de 400 años de cultura mayo y no podemos permitir que de la noche a la mañana se esfumen así como si de repente no existieran, como si nunca nadie las hubiera conocido.

*Presidente del Ateneo del Petatlán/Guasave.

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