Estatal

Amparo Ochoa

Por domingo 6 de febrero de 2011 Sin Comentarios

La Alondra de Costa Rica, Sinaloa

Por Nicolás Avilés González*

La compartiré que cuando el follaje de la caña es me­cido por el viento, este suena musical, es un sonido especial que sólo es posible escucharlo dado el silen­cio que reina alrededor de los cañaverales y desde luego que es delicioso disfrutarlo. La naturaleza hablándonos con uno de sus muchos lenguajes; seguramente, lo anterior la inspiró para que temprano los imitara con su voz modulada. Desde niña lo hizo. Aseguran que esta cualidad se la descubrió su pa­dre por lo que le pedía que cantara para él melodías que an­daban de moda en aquellos ya lejanos fabulosos sesenta. En esa década, estaba en boga la revolución cubana, la guerra de vietnam, el apartheid en Sudáfrica, la rebelión de los negros americanos buscando reivindicar sus derechos humanos, li­derados por Martin Luther King; el Che Guevara representaba la resistencia universal contra los opresores; los movimientos estudiantiles en Praga, Paris, para que luego irrumpieran de manera violenta el 2 de octubre de 1968, donde el gobierno del presidente Gustavo Díaz Ordaz ordenó a través de su se­cretario de gobernación el licenciado Luis Echeverría Álvarez la masacre de la plaza de Las Tres Culturas en la unidad habita­cional Tlatelolco de la ciudad de los palacios, México DF. Todo esto influiría en su vida de manera decisiva posteriormente.

A los inicios de esta década ya hacía pininos en esto del canto, fue en un concurso de aficionados en el desaparecido cine Évora de esta villa cañera, ahí nos deleitó por vez prime­ra con su voz educada, dulzona al interpretar canciones del cancionero popular tales como “El Rosal Enfermo” y “La Mu­jer Ladina”, salió ganadora, imponiéndose a su más cercano competidor Juvencio Tirado poseedor de una voz aterciopela­da. De aquí a la radio “BL” de Culiacán y a Mazatlán donde se impuso su talento.

Después abandonó su lugar de origen para probar suerte en la gran capital de la república mexicana, Pero ya no inter­pretó la canción fácil, la comercial, tomó como nuevo estilo el canto nuevo, sonidos que nacían del alma de los oprimidos, de los sin voz, de los parias, de los desposeídos y que fueron recogidos por estos juglares que luego inundaron latinoamé­rica entera; Oscar Chávez, Los Mascarones, Gabino Paloma res, Violeta Parra, Tania Libertad, entre muchos más fueron los representantes visibles en esos años.

En compañía de Gabino y Oscar, Amparo Ochoa con su figura frágil, sus cejas pobladas, sus faccio­nes finamente delineadas, cabello ensortijado y su piel color de perla recorrió una a una las plazas de México entero, me consta a finales de los setentas me tocó saludarla en el Tecnológico de Parral, Chi­huahua, y, ya iniciados los ochenta nos deleitó en el auditorio del Hospital 1° de Octubre de el ISSSTE en la gran ciudad. Y no sólo eso, sino que llevó su canto-protesta a la Cuba de Fidel Castro y a los países del cono sur, llegando incluso a varios países de Europa, entre otros, dio un concierto en Berlín, Alemania a principios de los ochenta.

Temprano de dio cuenta de que cantaría, sólo por eso abandonó físicamente las aulas rurales, úni­camente por eso abandonó a sus niños pobres del municipio de Culiacán, lo hizo para tomar otra ma­nera de enseñarle a la gente a abandonar su manse­dumbre ante el cacique, ante el poderoso, sólo por eso dejó la docencia para dedicarse a cantarle a la gente. Aunque nunca dejo de ser maestra Así, nuestra alondra fue pregonando con el Bar­zón, Jacinto Cenobio, El Cristo de Palacahuina, La maldición de la Malinche y muchas más en sus diez LP que alcanzó a grabar en su corta vida productiva. Lo hizo hasta que una dolencia en su vientre le im­pediría lanzar sus mensajes al pueblo, regresando a morir en casa de sus hermanos queridos, tiempo que por suerte me tocó de nuevo convivir y ser el médico de ese ser maravilloso, de esa persona excepcional que hacía honor a su nombre con el cual la cnocían sus familiares “VIDA”. Si, Amparo Ochoa, la Alondra de Costa Rica fue ejemplo de vida, de tenacidad, de solidaridad humana. ¡Que Dios te tenga siempre a su lado querida Amparo Ochoa!

*Docente de la Facultad de Medicina / UAS

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