Nacional

Democracia de partido o partida de democracia

Por domingo 5 de diciembre de 2010 Sin Comentarios

Por Adrián García Cortés*

DEMOCRACIA DE PARTIDO O PARTIDA DEMOCRACIA

“El primero de marzo de 1929 se inició la convención nacional que daría vida al Partido Nacional Revolucionario (PNR), del que salió ungido el candidato Pascual Ortiz Rubio, apoyado, a su vez, por la estructura del gobierno durante su campaña electoral”.

Así lo anota Azalia López González en su Historia de los Partidos Políticos en Sinaloa (1909-1946).* Y junto con ello va describiendo en 328 páginas como fue que se creó y de­sarrolló un llamado gobierno revolucionario que durante el siglo 20 dominó el paisaje político de nuestra incipiente de­mocracia. Amén de circunstancias disociantes derivadas de la revolución armada, el asesinato del presidente electo Álvaro Obregón, urgió la necesidad de poner orden en las ambicio­nes de poder, en pos de las cuales el país se precipitaba en una prolongada contienda bélica que el propio gobierno ha­bía emprendido con la persecución religiosa.

LA REBELIÓN DEL 29 CONTRA EL ‘MAXIMATO’

Los desafectos a la posible continuidad de Calles, nombrado Emilio Portes Gil presidente interino, “desde 1928 lograron reunirse y convocar a un levantamiento armado en contra del gobierno”. En el Plan de Hermosillo, Gonzalo Escobar preten­día neutralizar las ambiciones del Jefe Máximo. Desconocía el interinato y reclamaba el cese de diputados, senadores y gobernadores afines al “callismo”. Siete estados siguieron parcialmente el plan.

Sobre esta base, a principios de marzo, a la par que se ins­talaba el PNR y se nombraba candidato oficial al ingeniero Pascual Ortiz Rubio, Escobar y sus seguidores se alzaron en armas contra el sistema que se imponía. “Los renovadores”, se hicieron llamar; en Sinaloa se les conoció como “colora­dos”. Poco tiempo empeñó la rebelión, y Calles consolidó su “maximato” y la imposición del candidato oficial.

CALLES, COMO DÍAZ ANIMÓ LA DEMOCRACIA SIMULADA

El 1 de septiembre de 1928, Calles leyó su informe, último como presidente, todavía fresca la sacudida del asesinato de Obregón, en el que renunciaba a cualquier ambición por reelegirse, a la vez que anunciaba la formación de un go­bierno basado en una institución política central que reem­plazaría a los caudillos, a los “hombres necesarios” y a los militares.

Según Azalia, el discurso de Calles animó a José Vascon­celos a lanzar su candidatura para la presidencia, a partir de un sistema democrático, de libertad de sufragio, y del triunfo de la mayoría. Desde ese momento, el sistema político que se imponía daba ya cuenta de lo que sería durante 70 años, sobre todo en la práctica de una dualidad operativa: la demo­cracia en el discurso y la dictadura central en los hechos.

Sólo como una curiosidad histórica se reproducen dos notas de la página 172 del libro citado, donde se refieren a una entre­vista realizada por el doctor e historiador Rafael Valdez Aguilar, mismas que relatan el paso de Vasconcelos por Sinaloa.

EN SINALOA, VASCONCELOS SALIÓ POR PIERNAS

En la nota 97, se dice: “Entrevista realizada por Rafael Valdez Aguilar a Juan B. Ruiz, abril de 1987, Ciudad de México. Se­gún esta información, el 7 de noviembre, Vasconcelos salió discretamente hacia Sinaloa. Al llegar a Mazatlán las noticias fueron desalentadoras: habían asesinado a Andrés Quiñones en Los Mochis. Se presionó para que abandonaran sus domi­cilios dejando sin dirigencia visible; cerraron el periódico El Vasconcelos de Culiacán y encarcelaron a su director.

“Además, era imposible llevar a cabo en San Ignacio el movimiento armado que pretendían levantar, ya que hasta los regidores del municipio habían sido cesados. Se organizó una manifestación encabezada por Vasconcelos; lo espera­ban 40 jinetes armados, con tropa a los lados; se convino que se disolviera la manifestación y el candidato fue acompaña­do por unos 12 hombres y se dirigió en su automóvil hacia la ciudad. Sin embargo, la policía arremetió contra la manifes­tación, un niño murió y varios manifestantes fueron heridos; en el trayecto el automóvil fue atacado por unos forajidos. El hotel donde se hospedaría estaba sitiado y terminaron en casa de un dirigente local”. En la nota 100, se lee: “Entrevis­ta realizada por Rafael Valdez Aguilar a Jesús Aguilar Torres, abril de 1987, El Rosario, Sinaloa. Después de realizados los comicios, la represión no cesaba contra los simpatizantes de Vasconcelos, de acuerdo con la información vertida por el entrevistado, ya que en Rosario, Sinaloa, en mayo de 1930, fueron aprehendidos y fusilados sin formación de causa los militares vasconcelistas Albino Osuna, Pedro Rodríguez, Ge­naro Mallorquín y otros. Escapó de morir Antonio Espinosa de los Monteros, quien se amparó contra el general Adolfo Soto Quiñones del 12 regimiento de la guarnición de Rosario”.

UN PARTIDO CENTRAL SOBRE TRINCHERAS DE CADÁVERES

Concluida la contienda bélica y aprobada la Constitución de 1917, Obregón mostró sus ambiciones de poder montado en los cadáveres de sus enemigos y amigos, incluyendo Carran­za como titular de la primera presidencia constitucional. Ca­lles hizo lo mismo, provocando la rebelión cristera. Aún más, el propio Obregón en un afán por reelegirse, eliminó a cuanto personaje se le oponía a sus designios, entre ellos varios mi­litares sinaloenses. Unas balas benditas dieron fe de su paso por la tierra, y “la revolución”.

Para Calles fue oportunidad de restablecer un nuevo esta­do, siguiendo el mismo patrón del porfiriato. El partido de las instituciones se amacizó sobre más cadáveres, con una con­cepción muy singular de la democracia, reduciendo la capaci­dad de elegir a los gobernantes. El país entró en un mundo de ficciones que todavía no regresa a sus realidades.

El problema, para todos los mexicanos, es que en ese sis­tema de simulaciones fuimos educados en, por lo menos, cuatro generaciones, ocasionando que la sociedad se divi­diera en sectas y porciones de poder, con lo que podemos decir que México abandonó su visión de país unitario, para convertirse en muchos países, o quizás, muchos partidos. Lo único que nos queda es leer y releer el libro de Azalia para documentar nuestra costumbre partidaria.

*Cronista de Culiacán

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