DestacadosNacional

La secundaria, un hito en la historia de Mocorito

Por domingo 10 de octubre de 2010 2 Comentarios

Por Rubén Rubio Valdez*

Hace poco más de treinta días, se cumplieron cincuenta años de la fundación de la escuela secundaria de Mocorito, que en su momento fue un acontecimiento de la mayor relevancia de ese pueblo como tantos de aquellos tiempos, entrampado en lo cotidiano y movido por la inercia de su gente hundida en la desesperanza, rumiando la impotencia de no poder cambiar el destino de sus hijos. Para tomar las manceras de un arado, para empuñar la cacha de un machete o el mango de un hacha, arrear ganado o pizcar algodón, no se requería saber leer de corrido o conocer las reglas de la aritmética, o recitar de memoria los nombres de las capitales del mundo. Cuantos niños desertaron de segundo, de cuarto o simplemente ya no se inscribieron a sexto año al que habían pasado. ¿Terminar para qué? Para ser practicante de maestro y esperar la suerte de hacer méritos en una escuela rural. Cuántas niñas quedaron a media primaria. Las alcanzaba la edad y decidían esperar la oportunidad de casarse, mientras barriendo sus casas, lavando ropa, ayudando en la cocina pasaban su adolescencia y su juventud. Para qué estudiar, dirían con desconsuelo y resignación. <Que estudien los ricos. Ellos pueden seguir para adelante>. Eran los tiempos de mayor pobreza.

Por muchos años anteriores a 1959, lo descrito anteriormente fue el escenario de la sociedad de Mocorito. Fueron muy pocos a los que les sirvió el certificado de la Escuela Benito Juárez y Agustina Ramírez. Quienes siguieron para adelante fueron los Riveros, Peña, Morales, Verdugo, Ley, Vidales, Velázquez, Lau, Amarillas y Angulo. Los Valdez, Paredes, Inzunza y Arias del Jalón, y Alapizco de Mautillos estudiaron fuera y lejos, lográndolo con sacrificio de hermanos y un gran esfuerzo de sus padres. Ejemplo de tesón y esfuerzo lo fue sin duda el de Rafael “El Churrero”, apoyado por maestros de la escuela Benito Juárez, desfasado en la edad, cursó la primaria y siguió para adelante; a la postre, sin pérdida de tiempo se graduó de ingeniero. No fueron pocos los que se quedaron a medias en el estudio de la primaria y que si llegaron a terminarla, sin poder seguir, engrosaron las filas de subempleados en su economía familiar, viendo pasar el tiempo sin esperanza. No era posible dejaran de comer al resto para que estudiara uno de la familia, sin embargo hubo casos ejemplares.

¿Por qué, 1959 es el año referencial? Porque fue precisamente en ese año, cuando un grupo de padres de familia que deseaban romper el esquema del futuro de sus hijos en el ámbito del ocio, vagancia y con un pie en el estribo del tren o el autobús para emigrar sin sentido y rumbo definido, se dieron a la tarea de promover la fundación de una escuela secundaria en Mocorito, para que en ella desfogaran la inteligencia, el talento y las aspiraciones de superación los jóvenes que salían de las escuelas de hombres y mujeres no solo de la villa de Mocorito, sino también de las rancherías circunvecinas. Los diálogos y encuentros sucesivos de padres de familia dieron forma al primer Patronato Pro-escuela Secundaria de Mocorito, haciendo posible que en el mes de septiembre del año siguiente, es decir 1960, diera inicio el primer ciclo escolar de la Escuela Secundaria Particular Incorporada a la Secretaría de Educación Pública, así de largo fue su nombre como lo fue la espera y esfuerzo para lograrlo. Es que esa generación de padres de familia, asesorados por profesionales de buena fe y don de servicio, pensaron tal vez si sus hijos no trabajaban, al menos que estudiaran secundaria, librándolos de que fueran etiquetados como cincuenta años después, lo hiciera el Dr. José Narro, Rector de la UNAM al acuñar el concepto, jóvenes ninis, que ni trabajan ni estudian. La connotación y contexto de aquellos tiempos no guarda comparación con los actuales.

Podrán preguntarse algunos, quién hizo posible el rompimiento del esquema y de la inercia, con la que desde los años treinta la sociedad de Mocorito se movía en su letargo en que cayó, desde el fin de la dictadura porfirista y la etapa belicosa protagonizada por los grupos de interés revolucionarios, quedando atrás la gloria de la Atenas de Sinaloa, como también el enfrentamiento ideológico entre los Buelna y los Inzunza. Quien hizo posible este despertar, fue la sociedad civil, la que ha provocado los cambios más trascendentales de la historia de los pueblos. La que afronta con determinación las necesidades más sentidas y que unen a la gente. La sociedad civil de Mocorito la conformaron los padres de familia, los profesionistas y maestros, y los estudiantes de ese Mocorito con muy baja calidad de vida, oscuro y sin energía eléctrica, bebiendo agua de las norias de los bajíos y con caminos sólo transitables en tiempos de secas. La sociedad civil tomó el toro por los cuernos, los patronatos hicieron posible la electrificación y el agua potable. El Patronato Pro-Secundaria, unió a todos y significa un hito en la historia moderna de Mocorito.

Con motivo de los festejos del cincuenta aniversario de la fundación de la secundaria de Mocorito, denominada Lic. Eustaquio Buelna Pérez, resulta oportuno hablar de quienes con su disposición y entereza supieron convocar y conducir las aspiraciones de padres y madres de familias, a las que definitivamente era prohibido pensar que sólo uno de sus hijos se aventurara estudiar fuera, habiendo recibido el cartoncillo de sexto que decía “aprobado”, algunos de muchas generaciones con excelencia a juzgar por tantos dieces en la boleta. Hasta ahí llegaba el esfuerzo del maestro y de el alumno, <qué lástima que no sigas estudiando>, pensarían tantos maestros de sexto año.

El primer patronato, el del arranque y que logró la hazaña, lo presidió un hombre sencillo, amigable, noble, justo y honrado. No se promovió, no lo movió ninguna aspiración política. Don Benigno López Núñez fue elegido por muchos padres de familia y no se equivocaron. Se erigió presidente a un señor que pudo convocar a todo un pueblo a esa gran cruzada. Don Benigno, como siempre se le llamó, no era más que un señor de 45 años de buen vestir y bien hablar, que clavó ancla en Mocorito venido de El Potrero de los Gastélum, ganándose pronto el aprecio y respeto de todos. No estuvo solo en esa odisea, fue respaldado muy de cerca por ciudadanos limpios y comprometidos como don Porfirio López, Enriquito López Peña, Miguel Pérez Sebastián Valenzuela entre otros, que junto con sus señoras aportaron puños de arena, participando con donativos en efectivo y en especie para realizar vendimias en kermeses, bailes y rifas, para obtener fondos y levantar paredes y techar las aulas. Jamás se había visto en Mocorito entusiasmo similar. El motivo había tocado las vibras más sensibles.

Ahí estuvieron desde el principio como asesores e impulsores, coadyuvando en las tareas de logística académica el Dr. Enrique Peña Gutiérrez y Dr. Leopoldo Rodríguez Macías, los profesores Epifanio Sainz Aguilar, Jesús Manuel Ibarra Peiro, María del Refugio Velázquez Esparragoza, José Juan Valdez Inzunza, Lupita y Belem Payán. Estuvieron también María Laura Morales y Yolanda Acosta. Don Ricardo Riveros, Ezequiel Avilés y Rigoberto Rodríguez Rocha, participaron con labores de gestoría y  de relaciones. Es muy importante decir que el señor José María “Chémale” Sosa, siempre se distinguió por sus aportaciones en efectivo y de manera discreta, así mismo don Joaquín Amarillas, Reyes Inzunza y Ramón “Món” Velázquez. Cándido Bustamante aunque ocupado con el Patronato para el Agua Potable y el Dr. José Ley Domínguez con el Patronato de Electrificación, que les exigía tiempo y no menos esfuerzo, estuvieron siempre atentos y partícipes del proyecto de la secundaria. Cándido Bustamante sería presidente del segundo patronato.

Esa primera generación de estudiantes, que sería impropio mencionar a unos y omitir otros, tuvimos el privilegio de recibir clases de desinteresados y bien calificados profesionistas. Como no valorar la sesiones de gramática de Cuquita Velázquez, de biología de Dr. Güerito, las clases de química del estudiante Israel Amarillas,las primeras clases de inglés de Enrique Peña, Morocho Velázquez y Carlos Rodríguez, las de matemáticas del profe Peiro y de Luis Verdugo, las de literatura y civismo de Carlos Acosta Hernández, de pintura y dibujo de Mike Velázquez y las de corte y confección de doña Olaya Tracy, al profe Roberto Rivera en deportes, de carpintería de Toño Corona, el aseo de aulas y patios de Rogelio P. Rubio y la mecanógrafa Ramona Parra. Gracias por dar tanto y en el momento más oportuno.

Sin duda, el año de 1959 para Mocorito, fue de un nuevo amanecer y desencadenó fuerzas que lo cambiaron todo. Sus calles se alumbraron, se clausuraron las norias y en septiembre de 1960 nace una nueva clase de ciudadanos: los estudiantes de la secundaria, inaugurando una nueva época de ilusiones y esperanzas.

*Promotor Cultural e Ing. Agrónomo/UAS

Otras entradas

2 Comentarios

  • Simon Jabet Valdez Camacho dice:

    Gracias primo por este detalle tan grande reconociendo a mi tio Juan Valdez Inzunza y demas profesores de esta Bella escuela que tuve el privilegio de atender.

  • JOSE MARIA SOSA GONZALEZ dice:

    Maestro Rubén: Yo no tuve el privilegio y la gran distinción de haber podido estudiar en la secundaria de Mocorito, lo hice fuera. Estudié en la escuela de telegrafia del señor Ezequiel Avilés Castro y como complemento a nuestra preparación en la academia de Juanita Lòpez de Gonzàlez, siendo mi primer trabajo en la localidad del ejido màs grande de México Juan José Rios, Sinaloa, bajo la guia de nuestro amigo Oscar Orrantia, también lo fué de su padre el señor Cruz Rubio. Aprecio y admiro profundamente la crónica que hace sobre fundación de la Escuela Secundaria “Eustaquio Buelna” y a los grandes hombres que la hicieron posible y que viéndolo de esta manera, multiplican la apreciación de los “Tres Grandes de Mocorito”.
    Reciba un saludo cordial.
    Atentamente.
    Lic. José Maria Sosa Gonzàlez.

Deja un comentario