Nacional

La Marcha de Zacatecas

Por domingo 10 de octubre de 2010 4 Comentarios

Por Alberto Ángel El Cuervo

Los decibeles, si hubieran podido medirse en esas salas cinematográficas de aquel entonces, seguramente hubiesen resultado elevadísimos. Pero la gritería infantil, se terminaba abruptamente cuando comenzaba aquel “Noticiero Continental”… Así, con ese preámbulo de siete u ocho minutos, donde eran infaltables Pomponio y Kíkaro con su comedia breve y blanca, nos poníamos a la espera de la doble o triple función que generalmente era seriada… El Látigo Negro… Vuelve El Látigo Negro… El Látigo Negro Contra La Momia de Guanajuato… Con títulos de ese estilo, la fantasía volaba y armados de palomitas y muéganos con un refresco, convertíamos a Fernando Casanova en el héroe a emular soñando con el caballo blanco que El Látigo Negro hacía reparar…

–¿No está linda la Plaza…?
–¿Perdón…? Ah, perdón, estaba… Ufff, estaba…
–Estabas en otro mundo jajajajajaja… Mira, hasta rojo te pusiste… y de inmediato el “En qué estarías pensando” y la respuesta: “No, no, me fui hacia atrás en la memoria… Hasta aquellos noticiarios que pasaban en el cine cuando era niño…” “¿Y qué tienen que ver con que estemos en La Plaza del Bicentenario en Zacatecas…?” Mucho… Mucho tienen qué ver, porque justamente era La Marcha de Zacatecas con la que se musicalizaba el noticiario… De tal manera que cuando comenzaba a escucharse La Marcha de Zacatecas, la alegría era inmensa al saber que en unos cuantos minutos más, comenzaría la función. La emoción me desbordaba en el recuerdo… “Plaza Bicentenario”… Horas más tarde, el público que abarrotaba la plaza sumando casi seis mil personas, me cantaría Las Mañanitas en un coro monumental con motivo del día de mi cumpleaños al interrumpir la conducción que se me encomendara del festival “Sones de Mariachi por el Mundo”… Zacatecas… Donde resulta imposible no volar hasta aquel Francisco Villa mirando el Cerro de La Bufa y revivir en la imaginación, la toma de Zacatecas… Hacia donde uno dirija la mirada, se encuentra con algún detalle de nuestra historia, de nuestras raíces, de nuestra cultura. Sería motivo de muchas páginas para citar todo lo que Zacatecas aporta a nuestra cultura. Ahí, además de haber sido escritas interminables páginas de la revolución, se han plasmado libros de oro en el arte. En la música, por ejemplo, nos ha dado Zacatecas, además de Genaro Codina, al afamado Tomás Méndez… Ligado a la historia musical de México, el Maestro Méndez, oriundo de la ciudad de Fresnillo, ha sido llamado el compositor de las aves, ya que muchas de sus canciones, tienen como temática o motivo de inspiración alegórica, gorriones, palomas e incluso un “Cuervo alegre y dicharachero”… En muchos lugares del mundo, se eriza la piel cuando de pronto, de manera fortuita, se tiene comúnmente la oportunidad de escuchar en algún sonido ambiental o alguna estación de radio, en voces de cientos de intérpretes, los versos de “Cucurrucucú, Paloma”… O qué decir de “Huapango Torero” que en los lugares más sorprendentes y lejanos fuera del país, me han solicitado cantar alguna vez… Y en la plástica, qué zacatecano no siente gran orgullo al contemplar un cuadro de Pedro Coronel o su hermano Rafael, grandes artistas que han brindado a nuestro México un lugar en la pintura y por ello merecidamente tienen en Zacatecas, cada cual un museo que lleva su nombre… Y Goitia, uno de los pintores mexicanos más auténticos e impactantes que hayan existido. Rompió Francisco Goitia con todos los cánones sociales de su época y se rehusó a ser utilizado en cualquier sentido. Renunció a toda posibilidad de vivir en lujos absurdos e inútiles. Y siendo alumno del mismo maestro que formó a Jean Miró, regresó a su patria, donde militó en las filas de Francisco Villa convirtiéndose en el pintor oficial de Felipe Ángeles. Posteriormente, se refugiaría en su casita de palma a la orilla de un canal de Xochimilco de donde sólo salía en caso absolutamente necesario y donde terminó su existencia por demás intensa… Todo eso y más, es Zacatecas… Por todo ello, la célebre Marcha se repetía insistente en mi interior, trayéndome la infancia y sus gorritos de papel periódico y trompetitas del mercado marchando al compás de la composición del Maestro Genaro Codina como si fuésemos soldados que marcharan heroicos convocados por la revolución… Remontémonos por un momento a aquellos días de la que fuera la proveedora de plata más importante del mundo para orgullo de México. Viajemos a esa Zacatecas de la tranquilidad y la inocencia… La Zacatecas de arte y cultura en donde una noche, en esas reuniones de chocolate y pan, se produjo una discusión amistosa sobre asuntos musicales entre el Maestro Codina y el Maestro Fernando Villalpando. Eran esas reuniones bohemias en las que se giraba alrededor de la música, de la poesía, de la emoción en el arte. Ambos músicos presumían de su talento y concertaron un desafío: Cada quién escribiría una marcha guerrera y aquel cuya inspiración fuera más brillante, podría a su obra el nombre de Zacatecas. Al salir de la reunión, el Maestro Genaro Codina, envuelto en su capa y dándole el brazo a su esposa, dijo: “Pues ahora sí, Marianita, vamos a ver qué sale en l’arpa” ya que, aunque el Maestro Codina tocaba diez instrumentos, el arpa era su favorito. Después de varios intentos fallidos, brotó la obra definitiva y tuvo tal éxito que se cuenta de un norteamericano que intentó comprar la obra y el arpa donde se hizo. Por fortuna, ninguna de las dos cosas sucedió. Obviamente, Codina fue el triunfador y el cariño que le profesó el pueblo fue el mejor pago. Según contaba el propio compositor, en una ocasión, caminando por las calles de Zacatecas, concretamente en el jardín de Morelos, se topó con “un peladito que me dijo: Maestro ¡Qué linda su marcha, permítame por favor invitarle una copita!… El Maestro, hizo hasta lo imposible por negarse sin ofender al “peladito” que lo abordó… Pero cuando éste vio que el Maestro Codina no iba a aceptar la copa, se empeñó en darle los seis centavos que la copa hubiera costado, porque era imposible que se fuera así nomás sin rendirle homenaje a tan talentoso artista que había vestido de gala a Zacatecas con su música. El maestro, conmovido, guardó hasta el día de su muerte esas seis monedas como el más grande trofeo que pudo haber recibido por la obra que habría de conferirle la inmortalidad musicalmente hablando a él y a su querida tierra natal: La Marcha de Zacatecas.

*Cantante, compositor y escritor.

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4 Comentarios

  • María dice:

    ¡Qué entrañable y conmovedora historia! Y qué grato vislumbrar en esta lectura, la sencillez de un grande de la música. Aunque desconocía, y me avergüenza sobremanera decirlo, el nombre del autor de la «Marcha de Zacatecas», tengo recuerdos felices de mis domingos de adolescencia, en que con santa devoción, como si fuese misa, escuchaba a las 12 en punto, esta pieza musical, como inicio de las «charreadas» a las que tan afecto era mi padre y por consecuencia… toda la familia. Recuerdo con deleite como se erizaba mi piel de emoción al comenzar el mariachi a tocar la marcha… y de pronto, del fondo del partidero, desfilaban los charros en sus vistosos atuendos y con la gallardía característica del charro mexicano. ¡Felicidades por este artículo y por ilustrarme un poco!

  • nora Melo dice:

    Como siempre Alberto.. Fantástico… Te abrazo de corazon..

  • mmm dice:

    muchas gracias por la informacion

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