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La imagen minera en pueblo mágico

Por domingo 3 de octubre de 2010 Sin Comentarios

Por Adrián García Cortés

Decir Cosalá es hablar de minas y mineros, de plata y de cobre, de Bernal y secuaces, de leyendas pueblerinas y montañas holladas; en suma, Cosalá ha ganado a pulso su condición de protegida y ojos femeninos que se funden en la verdura del paisaje.

Decir Cosalá, también es hablar de limpia y bella pobreza, donde el municipio es de los de más bajos ingresos, no obstante los numerosos hijos pródigos, enriquecidos por la inteligencia y capacidad económica, que no le brindan lo que la naturaleza les pide para seguirles dando más.

Dos polos, dos caminos de plata la funden en una sola arteria de glorias pasadas. Guadalupe de los Reyes, la principal productora del mineral plateado, y las Grutas México, que aún no reciben el tratamiento debido para la complacencia de los mexicanos. Un camino las une; difícil su acceso en tiempo de lluvias; en secas se puede recorrer en una hora. Empero, la promoción para integrarlos a la recreación turística aún está en ciernes.

La estampa interna no supera al paisaje externo

Allá por los años setenta del Siglo 19, don Eustaquio Buelna en su Compendio Histórico, Geográfico y Estadístico, nos obsequió estos reveladores párrafos:

“Una cadena de montañas de agradable aspecto que circunda el valle accidentado en que se asienta la villa; la posición de ésta dominando sus alrededores; los dos arroyos que la ciñen casi por todos lados; los platanares, los sauces, los plantíos de varias clases que ostentan su verdura sobre las márgenes de aquellos, todo produce una perspectiva risueña y simpática que autoriza llamar a Cosalá la Jalapa de Sinaloa.

“Por desgracia”, añade, “el interior de la población no corresponde a la belleza que por fuera la engalana. Sus calles son tortuosas y estrechas con pocas excepciones, y aunque es cierto que está edificada sobre unas lomas, pero el piso, no es tan sinuoso para haber hecho incorregible la irregularidad de las calles”.

Prosigue don Eustaquio relatando las bellezas cosaltecas, pero no deja de lamentar que los pródigos mineros, por ejemplo los de Guadalupe de los Reyes, no dejaron huella de “monumento alguno de su grandeza, como se ve en otros minerales”.

Muchas cosas buenas y nuevas pero no tantos promotores

¿Cuánto de esto ha cambiado? Hoy, por lo menos Cosalá tiene el título de Pueblo Mágico, y desde mediados del Siglo 20, capitales extranjeros han explotado sus ricos minerales. También el año 2002 tuvo en su entorno una zona protegida para preservarle su patrimonio forestal.

El tema de Cosalá ha sido objeto constante de arropamiento en los comentarios públicos, aunque siempre entre el reproche y la esperanza de una nueva visión para convertir la región, con todas sus connotaciones, en un emporio turístico, deportivo, intelectual, industrial y de cultura histórica.

Una muestra de ello es la reciente publicación de un álbum fotográfico con imágenes de mediados del siglo pasado, cuando se inauguró la planta minera de la ASARCO e hicieron en el poblado sus campañas políticas Pérez Arce y Valdez Montoya.

Aparecen también la construcción en proceso de las habitaciones de los trabajadores y directivos de la empresa, el hospital bien equipado, amplias vistas del poblado y numerosos personajes populares. Las fotos fueron tomadas por Antonio García Meza durante varios años: afición que adoptó, curiosamente, después de haber perdido el brazo derecho, lo que le suma méritos a la colección que un sobrino nieto logró convencer a la autoridad para su edición.

Decisión de un cosalteco que refresca su niñez

Según lo expresado por don Jesús Aguilar Padilla en la presentación del libro, a él Jesús García le mostró la colección fotográfica; él también, dedicado a la fotografía y ambos cosaltecos, concertaron la edición. Para ese momento de los negativos hechos de manera artesanal y con una cámara de cajón, el segundo había trabajado la restauración y la digitalización

“Desde aquella primera charla”, apunta el presentador, “convine con Jesús que el mejor destino de ese archivo sería un catálogo, un libro que rescatara al menos una parte de aquella memoria fotográfica, que le hiciera justicia no sólo a su autor, sino a sus anónimos protagonistas, a un pueblo como el de Cosalá que sigue siendo un motivo de orgullo por su capacidad para conservar y apreciar no nada más la riqueza de su arquitectura, sino el sabor y colorido de un pueblo que, bien plantado en el presente, afronta el futuro sin olvidar su pasado”.

Realizado el trabajo de limpieza digital, se procedió a la búsqueda de un editor que garantizara calidad en el diseño y la impresión. Para fortuna del álbum, se contrató a Maritza López, empresaria de prestigio, quien tuvo el acierto de sugerir una impresora de Guadalajara, con la que pudo aplicar, diríase, una técnica nueva en el manejo de las tintas, cuyo efecto es darle profundidad a las fotos, sobre todo las de blanco y negro que suelen ser más difíciles de lograr. El producto final fue espléndido, al lograr ejemplares de colección y guarda precaucional.

A la imagen le faltó su propia historia

Lo único por extrañar es que, ante un producto de tal calidad, no se añadiera una investigación histórica, costumbrista, documental o simplemente coloquial, para reconocer el momento en que se captaron las escenas, y los personajes en ella incluidos, amén de las instalaciones que dan motivo a la toma fotográfica.

Hubiera sido estupendo que se invitara, por ejemplo, a la Facultad de Historia de la UAS o a investigadores e historiadores conocidos regionalmente, para hacer ese trabajo, que aunque dícese que una foto vale por mil palabras, las palabras ahora la hubiesen convertido en obra cumbre para fundamentar el desarrollo ecoturístico-minero-deportivo y legendario que tanto se le atribuye a la sede de Santa Úrsula de las Once Mil Vírgenes

*Cronista Secretario del Instituto La Crónica de Culiacán.


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