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Ángel Flores: Desde Navolato vengo

Por domingo 3 de octubre de 2010 Un comentario

Por Jorge Briones Franco*

La precampaña electoral de 1924 a la presidencia de la República

El levantamiento de Agua Prieta (Plan lanzado el 23 de abril de 1920) que canceló las pretensiones de Venustiano Carranza por imponer un sucesor civil (Ignacio Bonilla) contra las intenciones del militar Álvaro Obregón, creó un nuevo escenario en el país donde la égida de los sonorenses se impondría y mantendría los 20 años siguientes, bajo la mancuerna Obregón-Calles. Aliados en el alzamiento, los generales sinaloenses (excepto Manuel Metza, Juan Carrasco y Ramón F. Iturbe que siguieron fieles a Carranza), serán parte de la nueva estructura del poder hasta que optaron por disputarles a aquellos la silla presidencial o colaborar para ello. Fue el caso de Benjamín Hill, Ángel Flores, Francisco Rufino Serrano Barbeitia, Óscar Aguilar y Salvador Alvarado Rubio.
Muy tempranamente, Benjamín Hill se mostró presidenciable pero murió, en forma sospechosa, el 14 de diciembre de 1920. Se especuló que había sido envenenado. Salvador Alvarado, participó en la rebelión delahuertista contra Calles y una vez derrotado el alzamiento se refugió en el extranjero. A su regreso fue traicionado y asesinado el 10 de junio de 1924, en el rancho El Hormiguero, en Chiapas. Francisco Rufino Serrano Barbeitia, se lanzó como candidato a la presidencia en 1927, contra la reelección de Obregón y fue asesinado en Huitzilac en octubre de ese mismo año. Óscar Aguilar, apoyó a Serrano y fue fusilado en noviembre de 1927 en Monterrey, Nuevo León.

El general Ángel Flores fue el único sinaloense de los presidenciables que logró en 1923-1924, lanzar su candidatura, llevar a cabo la campaña, conocer su derrota y defenderse contra las múltiples acusaciones de preparar una sublevación, supuestamente inconforme por los resultados de las elecciones que no lo favorecían. Posteriormente, alejado de las decisiones del poder, muere, el 31 de marzo de 1926, aparentemente envenenado. Si fue así o no, la certeza en uno u otro sentido se perdió en una cortina de humo; lo cierto es que su deceso estuvo rodeado de mucha especulación y manipulación, aspectos que fueron divulgados a través de la prensa de la época.

No vamos a ocuparnos de ese tema, sino de los asuntos relativos a la precampaña electoral a la presidencia de la república de 1924, en la que Ángel Flores fue candidato contra Plutarco Elías Calles, favorito de Álvaro Obregón. De acuerdo a las circunstancias y a los actores del momento, se antojaba difícil ganar esas elecciones, pero no por las causas que se aducen, sino como resultado de los controles que Obregón mantenía, el no acuerdo y la atomización de las posiciones que adoptaron los candidatos del campo contrario a Obregón (que por cierto llovieron como agua de agosto), la debilidad de las organizaciones políticas que entonces militaban -muchas mediatizadas directamente, lo mismo que la prensa ya no por el poder político vigente, sino por Obregón- y sobre todo la ausencia de una cultura política donde las elecciones seguían siendo ensayos fallidos de una democracia declarativa pero secuestrada en los hechos.

Se ha especulado mucho acerca de que el General Ángel Flores no tenía previsto participar o que lo había hecho explícito muy tarde, que lo aceptó sin mucha convicción cuando lo decidió y hay hasta quienes aseguran que lo hizo como comparsa de los sonorenses. Pensamos que ninguno de estos argumentos se sostiene, todo se ajustó a las diversas circunstancias que rodearon la precampaña y la manera en que se fueron estructurando las diversas fuerzas y configurando los diversos actores. Es cierto que no aparecía entre los primeros pretensos, pero la fecha en que hace pública su decisión de participar, se da al mismo tiempo en que lo hace Elías Calles (sin ignorar que éste ya venía amarrando acuerdos).

Según Georgette José Valenzuela, en la precampaña (enero-septiembre 1923) se hicieron visibles tres grupos: uno liderado por el Partido Nacional Cooperativista que agrupaba a los exrebeldes delahuertistas, al propio Adolfo de la Huerta y a un sector del ejército. En el segundo, militaban el Partido Laborista Mexicano y Partido Nacional Agrarista con Obregón y Calles. El tercer grupo incluía al Partido Liberal Constitucionalista, al Partido Fascista Mexicano, y agrupaba a personajes como Roque y Enrique Estrada, Salvador Alvarado, Emeterio de la Garza Jr. y otros. La pelea de los dos primeros grupos fue dentro del obregonismo, no así el tercero. Pero los partidos que sustentaban a éste y al primer grupo estaban en franca bancarrota política, co-mo resultado de que el caudillo (Obregón) no los apoyaba más.

En abril de 1923, el Partido Liberal Constitucionalista decidió dar su apoyo a Pascual Ortiz Rubio, en ese momento con un cargo diplomático en Europa. Junto con éste se perfilaron otros candidatos: el general Salvador Alvarado, general Manuel García Vigil, licenciado Rafael Martínez Escobar, licenciado Emilio Vázquez Gómez y Adolfo de la Huerta. Posteriormente, Raúl Madero, Roque y Enrique Estrada y Manuel Peláez (grupo formado por aquellos dejados de lado por la revolución); Emeterio de la Garza, Jr., Nicolás Zuñiga y Miranda, Francisco León de la Barra, Thomas Braniff y Manuel Calero (grupo conformado por aquellos que habían participado directamente con el régimen porfirista).

El Partido Liberal Constitucionalista buscó alianzas primero con el Partido Nacional Agrarista y el Partido Laborista, para abanderar juntos a uno de ellos. Luego optaría por aliarse también con la Unión Nacional Revolucionaria, integrada por militares, para impulsar la candidatura de Raúl Madero, con el beneplácito de los otros contendientes. Pero el plan no fructificó por la oposición del resto de los integrantes del partido. Además el ingreso de militares al partido, llevó a dividirlo entre callistas y delahuertistas. Su crisis vino con la rebelión delahuertista a fines de ese año. En estampida, gran parte de sus miembros se fueron a engrosar las filas callistas; otros como Raúl Madero se volcó hacia Ángel Flores, siendo nombrado coordinador de los trabajos políticos en los estados de Coahuila, Chihuahua, Nuevo León y Durango. Por ello quizás ninguna de las organizaciones mencionadas va a aparecer en el apoyo a la campaña de Ángel Flores, estaban en franca bancarrota. La mayoría se van a crear exprofeso para la campaña, pero una, ya establecida para otros fines, tomará la dirección: el Sindicato Nacional de Agricultores, que de organización de agricultores se erige en organismo político.

En marzo de 1923 Flores dejó por cuatro meses la jefatura de operaciones militares de Sinaloa, para ir a Nueva York a atenderse una dolencia de sus piernas y oídos. Hasta agosto nada se supo de él. Pero a fines de éste último mes, por conducto del secretario de guerra y marina, general Francisco R. Serrano, solicita al presidente, licencia absoluta para separarse del ejército y dedicarse a la campaña, cosa que efectivamente sucedió y no como se afirma que su presencia se hace visible hasta fines de 1923 al ser derrotada la rebelión delahuerista. Desde fines de agosto se empiezan a manifestar en la prensa de Sinaloa expresiones de algunos sectores en su apoyo. El 4 de septiembre, a 6 columnas, El Demócrata Sinaloense daba a conocer la mega concentración que en su apoyo se había organizado un día antes en la ciudad de Mazatlán. Casi inmediatamente se daba a conocer la formación de agrupaciones políticas en el Distrito Federal y en los estados de San Luís Potosí y Veracruz. El día el 6 de ese mismo mes se daba a conocer por el mismo periódico, la postulación de Elías Calles.

Las opiniones de la prensa nacional se dividieron. Unos empezaron a atacarlo, otros a ponderar sus cualidades. Durante la campaña sufrirá muchas agresiones y atentados, factores que sin duda calaron el ánimo del candidato, poniendo tenso el ambiente entre sus correligionarios, afectando su campaña. Ángel Flores poseía muchas cualidades personales, pero la sociedad carecía de aquellas que podían haberle permitido el triunfo. No obstante, movilizó a una parte importante de esa sociedad mexicana que buscaba, con la fragilidad de una democracia en ciernes, llegar al poder por medios legales sin la bendición del dictador como ocurría en el porfiriato y sin las armas que caracterizó a los primeros gobiernos de la Revolución. En otros contextos, otros sinaloenses buscaron, sin lograrlo, llegar a la presidencia. Pero esa es otra historia.

* Doctor en Ciencias Sociales con especialidad en Historia por el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) Occidente.

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