Estatal

La Colonia Americana

Por domingo 29 de agosto de 2010 Sin Comentarios

Por Juan Salvador Avilés Ochoa*

La colonia americana es un sector que se construyó en torno al legendario ingenio azucarero propiedad de don Benjamín F. Johnston, constituyendo y dando vida a una comunidad dispersa que poblaba el predio Mochis a finales del siglo XIX y que con la instalación de la empresa a principios del siglo XX, definió los trazos de la centenaria ciudad de Los Mochis, poblada inicialmente por norteameri­canos y familias descendientes de los indígenas mayos, fra­guando así el mestizaje de la raza del norte de Sinaloa.

La zona comprendía casas para los funcionarios y emplea­dos de la United Sugar Co., sus rasgos arquitectónicos estu­vieron basados en las construcciones de Pennsylvania, uno de los dos estados en donde los biógrafos del norteamericano ubican su lugar de origen. Dentro del incipiente complejo ur­banístico destacaba la “casa grande” residencia de Benjamín Johnston; así como la llamada casa Chapman, nombrada así en honor al médico del mismo apellido que la habito, y actual­mente sede del Museo Regional del Valle del Fuerte. Estas dos últimas edificaciones fueron diseñadas por el Arq. Ascensión López, quien inició en 1902 la construcción de la casa grande, y la última se concluyó en 1922. También formaba parte de la colonia el hotel Varsovia construido en 1912.

Doña Lucina Sánchez Valdez viuda de Vega, al comentar acerca de sus vivencias en la colonia americana y recogidas por Enrique Corral, cuenta que en su niñez llegó con sus pa­dres, para lavar ropa y hacer tareas del servicio, ya sea en “la casa grande” de Mister Jonhston y Doña Inés, o bien en las casas de los gringos y trabajadores de la factoría azucarera.

Entre sus recuerdos ubica el edifico Varsovia, “enseguida vi­vía el doctor Casillas, y enseguida Lola Enríquez, los avileses vi­vían enfrente, y la señora Lolis y el doctor Chapman más allá”.

Doña Lucina cuenta que en las casas de la colonia se usa­ban lavadoras automáticas para la ropa y otras de las como­didades de la época en los Estados Unidos. También nos dice que el ingeniero don Emilio Castañeda, y un ingeniero Medi­na, administraban la fábrica y que vivían en la Varsovia, que era casa de trabajadores.

Alrededor de la casa grande se encontraba una extensa área que dio origen a un extraordinario jardín botánico posee­dor de una gran diversidad de árboles y plantas exóticas, qué él mismo se encargo de traerlos de sus viajes por el extranjero y el país.

Hacia 1925, en el jardín de Johnston se plantaron una in­numerable cantidad de árboles frutales y de ornato. Entre las distintas variedades que enriquecieron el jardín había gran número de palmeras, ceibas, pinos, cipreses, bambús, etc. Entre éstos, destacan el ficus benghalensis o banyán de la In­dia, árbol que es considerado como sagrado por los hindúes.

Johnston profesaba un interés especial por las palmáceas y moráceas, por lo que logró reunir poco más de cien especies distintas, desde la palma real habanera, la palma espinosa, hasta la palma europea.

Otro de los signos distintivos del Jardín Botánico es la enorme riqueza de especies de aves que habitan en el lugar. Es estación de alrededor de 90 especies de aves que en su tránsito migratorio habitan de manera permanente o en for­ma temporal. Esto ha permitido que el lugar se encuentre en el itinerario del turismo internacional aficionado a observar aves en su hábitat natural.

El 6 de mayo de 1963, veintiséis años después de la muer­te de Johnston, el jardín botánico se abrió al público como un parque municipal.

Con motivo de las fiestas del centenario de la ciudad cele­bradas en el año de 2003, se inauguró la Casa del Centenario, bella edificación de la antigua colonia americana que fue sede del comité organizador de estas celebraciones.

El sábado 30 de diciembre de 2006 los ahomenses des­pertaron con la noticia de la destrucción de la mayoría de los edificios que aún se conservaban de la histórica colonia ame­ricana, asestando un duro golpe al corazón de la ciudad de Los Mochis, sin que ninguna autoridad, como hasta la fecha sucede, pudiera impedir la destrucción del patrimonio histó­rico de los sinaloenses.

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